El secreto detrás de la escena que lanzó a Brad Pitt al estrellato en la película 'Thelma & Louise'

Sus pectorales y tableta de chocolate como abdomen le catapultaron a la fama gracias a la sensual escena que protagonizó en la película de Ridley Scott, Thelma & Louise. Un jovencísimo Brad Pitt apenas aparecía unos minutos, los suficientes para no olvidarle jamás. Casi tres décadas después su torso sigue gozando de muy buena salud tal y como hemos podido comprobar en Érase una vez en… Hollywood, por la que acaba de ganar un Oscar como Mejor Actor de Reparto. Lo que pocos saben es que detrás de ese minuto de gloria de Brad junto a Geena Davis que le lanzó al estrellato se esconde un secreto que ha visto la luz años después. 

Brad Pitt y Geena Davis en Thelma & Louise (MGM).

El chico desde luego apuntaba maneras. Tenía todos los ingredientes para brillar en Hollywood, un físico rebelde a lo James Dean, una sonrisa de las que quitan el sentío y mucha materia prima para convertirse en un actor de raza. Sin embargo, en la famosa escena de cama junto a Thelma, esa mujer casada y aburrida de su matrimonio, Brad necesitó un poquito de ayuda para hacerse ver más. Era guapo sí, pero todavía un poquito delgaducho, es lo que tiene la juventud, divino tesoro. Como el jovencito no era muy de pelo en pecho ni todavía se había currado el cuerpo en el gimnasio, hubo que pulverizarle la delantera con agua para que sus pectorales se vieran más brillantes, sudorosos y, por qué no decirlo, también más jugosos.

El resultado fue de matrícula de honor. La imagen de Brad descamisado, con el secador en la mano y sombrero blanco de cowboy se quedó por siempre grabada en nuestras retinas. Y así, sin comerlo ni beberlo, en apenas unos minutos, el principiante encontró su lugar en la meca del cine. Aunque es cierto que el chavalito se lo curró, el destino y la suerte, seamos sinceros, tuvieron mucho que ver. Conseguir esa parte no fue un camino de rosas, incluso nos atrevemos a decir que estuvo a puntito de quedarse compuesto y sin Thelma.

Resulta que a pesar de su rubia melena y ojazos claros, la futura promesa del cine no era el candidato favorito para Thelma & Louise, para nada. Es cierto que la prueba la hizo divinamente pero no se encontraba entre los primeros de la lista. “En su primera lectura, Brad Pitt lo hizo muy bien: tenía un punto James Dean, un acento muy auténtico y un encanto macarra”, escribió Becky Aikman en su libro Off the cliff: how the making of Thelma & Louise drove Hollywood to the edge. “A Ridley Scott le pareció que era muy joven y pasaron a otros candidatos”, recogió en sus páginas. 

El cineasta británico quería a William Baldwin, sí o sí. Pero el actor terminó rechazando el papel tras recibir otra oferta que le pareció más apetitosa en la película Llamaradas. Según recoge el libro, al casting acudieron actores como Mark Ruffalo, Robert Downey Jr y hasta el mismísimo George Clooney, amigo y compañero del alma de Pitt en Ocean’s eleven y sus posteriores entregas. Pero lo que es para uno, nadie te lo quita. Así que Pitt se hizo con la parte y la bordó, vaya que si lo hizo. Aunque su papel era el de un canalla sin principios que se acuesta con la protagonista y le roba hasta el último céntimo, el público no se lo tuvo muy en cuenta y se quedó con la imagen de chico sexy y fantasía erótica.

A partir de ahí la carrera de este actor de Oklahoma se disparó como la espuma pero siempre con la etiqueta de ‘guapo de turno’ a sus espaldas. Sus primeras propuestas cinematográficas incluían, casi como norma, al menos un momento homenaje al cuerpo serrano de este hombre, denominado como el más sexy según la prestigiosa revista PEOPLE. Fue así que hizo las delicias de los espectadores en cintas como Leyendas de pasión, Entrevista con el vampiro, Seven o ¿Conoces a Joe Black?, entre otras, en su mayoría una oda a esta especie de Dios del Olimpo de físico casi perfecto.

Su poderosa apariencia ha sido una especie de carga que le ha acompañado todos estos años. Como suele ocurrir en estos casos cuando uno tiene una cara bonita, el esfuerzo para demostrar la valía también tiene que ser doble. El cartelito de sexy está bien por un rato pero cuando basan la carrera de uno más en eso que en el talento, la cosa puede llegar a cansar. Pitt lo ha vivido en sus propias carnes hasta hace relativamente poco. A pesar de estar nominado en varias ocasiones a la estatuilla dorada por películas de renombre como El curioso caso de Benjamin Button y Moneyball que demuestran la madurez y evolución del artista, el galardón se le resistía. Era una especie de maldición a la que ya se había acostumbrado.

Ha tenido que cumplir 56 años y hacer una película de Quentin Tarantino, quizás no la mejor de su carrera, para finalmente escuchar su nombre en la tarima de los premios más importantes del cine. Dicen que lo bueno se hace esperar, así que Brad se mostró feliz, agradecido y con ganas de seguir haciendo el mejor cine de su vida. Sus ojos, su sonrisa y cuerpo de diez, para qué nos vamos a engañar, son siempre gratos de ver, pero nada de eso cobraría sentido sin su calidad actoral y su buen hacer frente a las cámaras. Así que nos alegramos de que Don Oscar por fin duerma en su casa y esperamos más material de Pitt en la pantalla grande. Siempre es un lujo para los sentidos.

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