Meter patatas fritas en un bocadillo, ¿genialidad o guarrada?

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La gastronomía ha avanzado tanto, en términos creativos, que ya parece imposible que pueda haber recetas o propuestas que hagan que más de uno enarque las cejas. Pero sigue habiendo algún que otro tabú: por ejemplo, cuando Jamie Oliver añadió chorizo a la paella hubo un movimiento tuitero que no dudó en señalar con el dedo como falta grave el atrevimiento del chef inglés. Hoy vamos con otra de esas ideas que puede que no gusten a todos: en la nueva carta de Bibo, el concepto más informal de Dani García con restaurantes en Marbella, Madrid, Tarifa y Doha, nos encontramos con una fish and chips burger, que es una adaptación del clásico plato británico. La versión del chef andaluz está hecha a partir de corvina marinada, salsa tártara, ensalada de col morada y... patatas fritas. Lo curioso del caso es que las patatas fritas no van al lado de la hamburguesa como una guarnición clásica, sino que van DENTRO del bocadillo.

La hamburguesa de fish and chips de Dani García. Foto: Bibo
La hamburguesa de fish and chips de Dani García. Foto: Bibo

Hablamos con Dani García sobre esta idea y nos explica que lo que se logra al meter las patatas fritas dentro de la hamburguesa es "un juego de texturas". El mordisco, al estar las patatas fritas dentro, es "crujiente" y "brutal", según la propia descripción del chef. No es la primera vez que lo hace: "Ya metí en otra ocasión unos totopos mexicanos en una burger", nos explica.

Lo cierto es que hay más casos de bocadillos patateros. Un ejemplo es la mitraillette (metralleta), que es un bocadillo típico de Bruselas. En este clásico de la comida rápida belga, se utiliza media baguette que se rellena con carne, ensalada, diferentes salsas y una generosa ración de patatas fritas.

Pero no hay que irse tan lejos para encontrar ejemplos así. Más allá de los experimentos que todos hemos hecho en nuestra tierna infancia (y que pasan por meter de todo en un bocadillo, incluidas las patatas fritas), hay una región de España en la que esto se hace sin ningún tipo de complejo: Valencia. En la capital del Turia hay auténticos referentes del bocadillo en los que lo de meter las patatas fritas dentro se hace desde siempre. Un ejemplo son el kiosko La Pérgola o Bodega La Pascuala. Pero, ¿por qué allí se ve con absoluta normalidad lo que en el resto de España resulta tan raro?

La mitraillete belga, un bocadillo patatero clásico. Foto: Wikipedia
La mitraillete belga, un bocadillo patatero clásico. Foto: Wikipedia

Rafael Poveda, presidente de la Real Academia de la Gastronomía Valenciana, explica que el asunto de meter las patatas dentro del bocadillo está relacionado con "el esmorzaret, que es casi una religión en esta tierra" y que consiste en ir al bar "sobre las 10 de la mañana a desayunar un bocadillo potente, hecho con media barra de pan". Poveda lo lleva tan a rajatabla que su desayuno previo a esta costumbre es "un café solo y ya, porque luego viene el esmorzaret".

"Ahora se toma sentado, pero el esmorzaret original se tomaba en la barra, de pie, y es posible que lo de meter las patatas fritas dentro del bocadillo puede deberse a razones prácticas. Haciendo esto, el dueño del bar se ahorraba poner más de un plato y facilitaba que el cliente se tomara un todo en uno", comenta Poveda, que señala que el bocadillo se acompaña de un rebentat, un café 'alegrado' con gotas de un poco de licor y un puñado de cacahuetes. Por si alguien se lo pregunta, en el caso de los frutos secos estos no, no se meten dentro del bocadillo.

El bocadillo del esmorzaret, además, admite cuantas fórmulas quiera inventar el hostelero "por lo que las patatas fritas caben perfectamente". Un clásico es el blanc i negre, que incluye longaniza y morcilla y en el que también se meten las patatas o incluso habas fritas.

Lo curioso de esta costumbre de desayunar un señor bocadillo es que, pese a que proviene de una época en la que los trabajos eran más físicos, se sigue manteniendo. "En mi caso, puedo estar perfectamente una hora en el bar, porque es un espacio en el que aprovechas para estar con los amigos de tertulia", cuenta Poveda. De hecho, además de en los bares populares valencianos, esta costumbre arrasa en los que están situados en los polígonos industriales. En esos casos, sí que es más que probable que el aporte de calorías extra esté más que justificado...

Para Poveda, que Dani García haya metido las patatas fritas dentro de su nueva hamburguesa, es un ejemplo de que la idea valenciana funciona y cree que puede suponer un impulso para que otros hagan lo mismo. "Fíjate si yo soy tan entusiasta de lo de meter las patatas fritas dentro del bocata, que hasta lo he pedido en hamburgueserías de Nueva York o Los Ángeles. Y allí les ha parecido una idea bastante sensata, la verdad", explica entre risas.

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