'Mercury 13', las valientes que soñaron con alcanzar las estrellas pero nunca pudieron solo por ser mujeres

Valeria Martínez

La lucha por la igualdad de la mujer tiene cientos de historias, pasadas, presentes y futuras. Y una de ellas la encontré en un magnifico documental titulado Mercury 13, sobre trece mujeres que no pudieron cumplir su sueño de ser astronautas cuando la mismísima NASA, un héroe nacional y hasta el vicepresidente norteamericano las discriminó solo por ser mujeres.

Imagen de Mercury 13 (Cortesía de Netflix)
Imagen de Mercury 13 (Cortesía de Netflix)

Este documental del año 2018 está disponible en Netflix, y a pesar de haber pasado desapercibido en un año de mucho cine y series como fue el pasado, merece la pena tenerlo en cuenta. Para que se hagan una idea, de los 365 largometrajes que poseen una aprobación del 100% en el sitio de recopilación de críticas RottenTomatoes, Mercury 13 es uno de ellos. Ahí es nada.

Este documental dirigido por David Sington y Heather Walsh sirve como ejemplo de cómo el sexismo social, cultural, político e institucional detuvo los sueños de un grupo de mujeres inteligentes, valientes y capaces que vivieron con el anhelo de algún día alcanzar las estrellas. Pero nunca lo consiguieron. Básicamente porque, durante décadas, las normas de la NASA para ser astronauta exigían requisitos que ninguna mujer podía cumplir al tener las puertas cerradas en muchas áreas militares y espaciales.

El título de la película hace referencia a un programa privado que sometió a trece mujeres pilotos a las mismas pruebas médicas que pasaron los hombres seleccionados por la NASA en 1959. Cuando la institución espacial comenzó a buscar y preparar a los primeros hombres que alcanzarían nuestra orbita durante la competencia por la conquista del espacio entre EEUU y Rusia, le pidieron al Dr. William Randolph Lovelace II, especialista en medicina aeroespacial, que desarrollara y ejecutara los exámenes físicos y técnicos. Pero Lovelace creía que las mujeres tenían un rol definitivo en la conquista del espacio, y que nuestra capacidad emocional y mental nos hacían más fuertes que los hombres como astronautas. Se le ocurrió la idea de comparar los resultados de sus exámenes entre hombres y mujeres, pero no le dijo nada a la NASA sino que consiguió financiación de una piloto que soñaba con ser astronauta llamada Jacqueline Cochran, amiga de Lovelace, y el millonario industrial Floyd Odlum.

Imagen oficial del programa (Cortesía de Netflix)
Imagen oficial del programa (Cortesía de Netflix)

En febrero de 1960 comenzó el “Women in space study” invitando a 25 mujeres piloto a participar en las pruebas que contaba de tres fases. Trece de ellas fueron seleccionadas para pasar a la segunda, y la mitad de ellas forman parte de este documental revelando su testimonio con lucidez y una pasión intacta.

Lovelace descubrió que las mujeres soportaban algunas de las pruebas mucho mejor que los hombres, y cuando estaban a punto de comenzar la tercera fase y sacar las conclusiones que podían abrir las puertas de este terreno dominado por los hombres, la NASA se enteró del programa secreto.

El mismísimo Lovelace llevó los resultados que tenía hasta entonces a Washington, en donde le dijeron que “no hacían falta astronautas mujeres”. Pero en julio de 1962 fueron las “mercury 13” las que llevaron el caso al Comité del Congreso pidiendo que les permitieran las mismas oportunidades que los hombres de ser astronautas. Uno de los momentos más bochornosos del documental -y por qué no, el que más rabia provoca- lo protagoniza “el gran héroe” John Glenn, el primer americano en orbitar la Tierra en 1962, cuando dijo que “los hombres son los que luchan en batallas y vuelan por el aire porque así lo determina el orden social”. El vicepresidente Lyndon B. Johnson dio carpetazo al caso y canceló el programa citando la segunda frase que provoca furia, al excusa su decisión diciendo que “las mujeres tienen períodos”. El documental comparte el sentimiento de pasión y frustración de estas mujeres, y en ese momento, sientes con ellas.

Cuando las Mercury 13 llevaron el caso al Congreso (Cortesía de Netflix)
Cuando las Mercury 13 llevaron el caso al Congreso (Cortesía de Netflix)

Lo mejor de todo es que en junio de 1963, Rusia volvió a ganar la batalla espacial al enviar a la primera mujer al espacio de la historia mundial, Valentina Tereshkova. Un momento que las “Mercury 13” recuerdan como la venganza perfecta. EEUU tardaría otros 20 años en enviar a una mujer al espacio, Sally Ride. Entre medias, solo envió a hombres en todas sus misiones. Eileen Collins fue la primera mujer comandante de un transbordador espacial de la NASA recién en 1995. Más de treinta años después de la lucha iniciada por las “Mercury”.

Resulta increíble imaginar la frustración que habrán sentido estas mujeres motivadas por su pasión y por el simple derecho de tener la misma oportunidad que el sexo opuesto, y encontrarse con que la institución en donde quieres trabajar y que el mismísimo gobierno te cierra la puerta.

Las sobrevivientes de Mercury 13 el día que vieron despegar la primera misión espacial con una piloto mujer (Cortesía de Netflix)
Las sobrevivientes de Mercury 13 el día que vieron despegar la primera misión espacial con una piloto mujer (Cortesía de Netflix)

Mercury 13 comienza como un largometraje que aporta una historia curiosa, pero la humanidad en como está contado logra transmitir la pasión y la rabia de ver el sueño frustrado de unas heroínas solo por ser mujeres.

Aunque no hayan conseguido su sueño, Mercury 13 nos presenta a heroínas modernas que continuan inspirando a generaciones y mujeres por igual. A casi sesenta años de aquel sueño roto, todas hablan con un entusiasmo y una pasión que contagia. Mercury 13 nos recuerda que la lucha de los sexos tiene muchas historias. Y esta merecía ser contada.

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