Mercurio en el cuerpo: lo que deberías hacer para no acumular demasiado

Mónica De Haro
·9 min de lectura

La intoxicación por metales pesados puede provocar problemas graves de salud, como daño a órganos, cambios de comportamiento y dificultades con el pensamiento y la memoria. Para contrarrestarlo, puedes recurrir, entre otras cosas, al perejil, el cilantro o la menta. ¡Toma nota!

El mercurio ingresa al océano a partir del humo de los combustibles fósiles y de fuentes naturales como las erupciones volcánicas. (Foto: Jay Directo/AFP/Getty Images)
El mercurio ingresa al océano a partir del humo de los combustibles fósiles y de fuentes naturales como las erupciones volcánicas. (Foto: Jay Directo/AFP/Getty Images)

Si bien el consumo de pescado es beneficioso para la salud ya que es una fuente importante de nutrientes (ácidos grasos omega -3 de cadena larga, proteínas de alta calidad, selenio y vitamina D, algunos peces -fundamentalmente los grandes depredadores- contienen metilmercurio (MeHg).

Se trata de un tipo de mercurio cuya ingesta, principalmente a través del pescado y marisco contaminado, puede producir efectos perjudiciales especialmente sobre el desarrollo del sistema nervioso en el feto y el recién nacido, y, según algunos estudios, riesgo cardiovascular en los adultos.

Qué es el metilmercurio y dónde se encuentra

La contaminación ambiental del mercurio proviene de fuentes naturales como erupciones volcánicas o emisiones antropogénicas (por ejemplo, la combustión de fósiles). En el ciclo acuático, una vez que el mercurio se ha depositado, se transforma en metilmercurio por la acción de determinadas bacterias y se bioacumula en los organismos acuáticos, incorporándose a la cadena trófica de alimentos.

“Por ello, la fuente de exposición principal al metilmercurio es el consumo de pescado salvaje y marisco contaminado. La Unión Europea estableció un Reglamento con el máximo de mercurio permitido para los productos de la pesca. Concretamente, los peces con mayor contenido de mercurio son los peces grandes depredadores como el emperador, el pez espada, el tiburón, el atún o el marlín”, puntualiza la Dra. Montserrat González Estecha, miembro de la Comisión de Elementos traza de la Sociedad Española de Bioquímica Clínica y Patología Molecular (SEQC).

El problema es que el metilmercurio no se puede eliminar mediante la limpieza ni el cocinado del mismo. Y por otro lado, la forma en que se encuentra el pescado (fresco, congelado o enlatado) no influye en el contenido de mercurio.

Por ejemplo, “El contenido de mercurio de las latas de atún no depende del líquido de cobertura (aceite, natural, escabeche) sino que difiere según varios factores como la especie del pescado, tamaño u origen”, señala la experta.

Come más chucrut y otros alimentos ricos en probióticos. Estas bacterias promotoras de la salud ayudan a atrapar y metabolizar metales pesados ​​de una manera que les impide dañar el cuerpo. Un estudio de 2014 concluyó que el yogur protegía a los niños y las mujeres embarazadas contra la exposición a metales pesados, específicamente, mercurio y arsénico.
Come más chucrut y otros alimentos ricos en probióticos. Estas bacterias promotoras de la salud ayudan a atrapar y metabolizar metales pesados ​​de una manera que les impide dañar el cuerpo. Un estudio de 2014 concluyó que el yogur protegía a los niños y las mujeres embarazadas contra la exposición a metales pesados, específicamente, mercurio y arsénico.

De hecho, el Grupo de Estudio para la Prevención de la Exposición al Me-Hg (GEPREM-Hg), señala que la cantidad de mercurio que se ingiere al consumir pescado depende principalmente de:

  1. La especie de pescado, el tamaño y la zona geográfica de captura

  2. La frecuencia de consumo de pescado

  3. El tamaño de la ración

Por ejemplo, “la cantidad consumida de un pescado puede influir más en la carga corporal de un individuo, que el hecho de que un pescado supere o no un límite legal. En este sentido también hay que señalar que una dosis elevada puntual de MeHg puede ser más perjudicial para el sistema nervioso en desarrollo que una dosis baja crónica”.

Otros detonantes además de la comida

Por otro lado, el mercurio también se absorbe por la piel. De hecho, la exposición prolongada a los vapores tóxicos puede dañar pulmones, riñones y cerebro. Aunque hoy en día ya se han ‘eliminado’ muchos de los elementos transmisores como la popular mercromina roja para desinfectar heridas o los antiguos termómetros.

Qué efectos causa

Algunos estudios han encontrado una relación entre la concentración de mercurio en sangre de cordón y el bajo peso al nacer y la prematuridad. También se han descrito algunos efectos cardiovasculares como la afectación de la variabilidad de la frecuencia cardiaca o el aumento de la presión arterial, y una asociación con la inflamación sistémica.

La evidencia muestra que el aumento de los niveles de mercurio está asociado con efectos negativos en el sistema digestivo, inmunológico y nervioso, así como con casos más altos de trastornos hormonales y autoinmunidad. El aumento de los niveles de mercurio puede incluso provocar cambios en las expresiones de nuestros genes que están relacionados con problemas como la diabetes y las enfermedades cardíacas. Al causar una señalización hormonal disruptiva e inflamación, estos desequilibrios son factores estresantes en el funcionamiento interno de nuestros cuerpos.

La prueba más fiable

Un análisis del cabello basta para determinar el nivel de toxicidad por metales pesados y la cuantificación, tanto por exceso como por defecto, de las reservas minerales del organismo. Y es que si bien todos los órganos del cuerpo pueden verse afectados por la exposición al mercurio, el cabello se resiente especialmente. un análisis de cabello para determinar el nivel de toxicidad por metales pesados y la cuantificación, tanto por exceso como por defecto, de las reservas minerales del organismo.

Esto sucede porque al tener unos niveles elevados de mercurio se reduce nuestra capacidad para digerir los nutrientes necesarios para el crecimiento del cabello. Y aunque el estrés interno que provoca la acumulación de este metal tóxico puede presentarse de muchas formas, una de las más reconocibles es la caída del cabello.

Un proceso largo y lento

No vamos a engañarte, si has acumulado mercurio durante años, te va a costar lo tuyo limpiar tu organismo. Y lo primero que debes hacer es acudir a un especialista para que valore los daños y la estrategia a seguir. Además de un tratamiento médico específico que puede incluir métodos como el carbón activado, tendrás que estar dispuesto a renunciar a algunas cosas y hacer un cambio general de hábitos:

  • En caso de ser fumador, deberías dejarlo cuanto antes. Los cigarrillos son una fuente de metales pesados, por lo que evitar fumar y mantenerse alejado de las áreas de fumadores puede reducir la exposición

  • Bebe más agua, tus riñones lo necesitan para mover los desechos a través de su sistema. Pero, ¡ojo! que sea agua filtrada. El agua potable contiene compuestos químicos; estudia la opción de instalar filtros que los capturen en los grifos de casa.

  • Si aún no lo has hecho, debes eliminar los procesados de la dieta y apostar por los alimentos integrales y los fermentados.

  • Elige carnes orgánicas alimentadas con pasto. Los metales pesados ​​a menudo se encuentran en la alimentación animal, por lo que buscar opciones saludables alimentadas con pasto puede ayudar a garantizar que no esté expuesto.

  • Asimismo te conviene priorizar lo local y los productos de temporada, y dejar atrás otros hábitos nocivos para salud como cenar tarde.

  • Los zumos verdes o las tisanas ayurvédicas de cilantro y bardana pueden ayudarte a depurar y expulsar los restos de mercurio acumulados.

  • Si tienes empastes dentales, acude al dentista para comprobar la composición de las amalgamas y haz que te las extraigan cuanto antes si contienen mercurio.

  • Cuidado con las sartenes antiadherentes y otros utensilios de cocina que pueden filtrar metales tóxicos en tus comidas. Apuesta por la cerámica o el hierro fundido.

  • Exfolia tu cuerpo con arcilla, un componente natural capaz de eliminar los residuos químicos que quedan en nuestra piel.

Qué comer para rebajar el daño

Para ayudar al hígado, el intestino y los riñones a eliminar metales pesados debes incluir en tu dieta estos alimentos: algas, apio, cebolla, brócoli, manzana, nueces de brasil y perejil.

En concreto, el alga Chlorella es un excelente aglutinante para los metales pesados y contribuye a desintoxicar el hígado, la sangre y los intestinos. Puedes consumirla en comprimidos o ensaladas diariamente.

Además, según indica el grupo GEPREM-Hg existen componentes que modulan la toxicidad del MeHg, como las frutas, verduras y la fibra, que parecen disminuir la concentración de MeHg en el organismo.

También es el caso de los ácidos grasos poliinsaturados. “Se ha sugerido que la ingesta de ácidos grasos de cadena larga poliinstaurados previenen o mitigan la toxicidad del MeHg en general, y los efectos neurológicos y cardiovasculares en particular”, asegura la experta.

Por su parte, el selenio es un potencial protector de la toxicidad del metilmercurio en poblaciones consumidoras de pescado,, y “se ha observado in vitro que alimentos ricos en fitoquímicos como el té verde, el té negro y la proteína de soja, reducen la bioaccesibilidad del mercurio cuando se ingieren simultáneamente con pescado”, señala la Dra. González Estecha. En otro alimentos como el ajo se ha hallado compuestos que también actúan como antagonistas de metales pesados.

Recomendaciones generales

  • Consumir pescado al menos 2 raciones a la semana. En este gráfico puedes consultar más al detalle la ingesta semanal aconsejable.

  • Elegir pescados con bajo contenido en mercurio como estos: salmón, caballa atlántica, trucha arcoiris bacalao del Atlántico, anchoas, sardinas o tilapia. Si está buscando otras opciones de mariscos, considera las ostras, los mejillones, las vieiras, las almejas del Pacífico, los cangrejos de río, los camarones, el cangrejo real y los calamares

  • Consumir especies variadas.

  • Consumir ejemplares más pequeños de la misma especie, dentro de los límites legales. Ten en cuenta que los peces más grandes suelen estar más arriba en la cadena alimentaria, lo que significa que es más probable que hayan comido cantidades mayores de peces más pequeños y ‘heredado’ su carga de mercurio individual.

  • Consumir raciones pequeñas.

  • Limitar el consumo de pescados con elevado contenido en mercurio.

  • En las mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y niños hasta 14 años consumir preferentemente los pescados y mariscos cuya concentración de mercurio sea inferior a 0,15 mg/kg.

  • Se considera que una ración debería ser aproximadamente 125 g en adultos y 70 g en niños. Aunque, hay diversas interpretaciones, según recoge un documento del GEPREM-Hg. Mientras que para la EFSA un niño de 25 kilos de peso que comiera una ración (75 g) de pescado con 0,5 mg/ kg de mercurio no debería volver a comer pescado en 8 días, las recomendaciones de la EPA (más restrictivas), advierten de que ese niño no debería volver a comer pescado en 15 días. Sin embargo, si el contenido de mercurio del pescado fuese menor (0,05 mg/kg ) ese niño podría comer pescado todos los días e incluso en mayor cantidad (115 g al día).

Más historias que podrían interesarte:

¿Sabes contrarrestar los efectos del mercurio (atún) para la salud?

Pescado y legumbres: así compramos (y comemos) tras dos meses confinados

Así debes colocar la compra para prevenir enfermedades transmitidas por alimentos