Cómo mejoran tu salud las conversaciones, según la ciencia

un grupo de amigos mantiene una conversación
Mejorar la salud con conversaciones, según cienciaDrazen_ - Getty Images

"Parece que va a llover". "Cada día anochece más temprano". Las llamadas conversaciones de ascensor son el recurso habitual en los encuentros de personas que tienen mayor o menor familiaridad. También son una rutina que hay que cambiar en algunos momentos entre aquellos que quieren mejorar su salud mental. De hecho, aprender a conversar bien es un paso fundamental para una mejor calidad de vida, especialmente en el plano mental, según explica el neurocientífico Mariano Sigman.

"En la vida no nos damos cuenta, pero está repleta de hábitos desde que te levantas por la mañana. Hablas con la misma gente, comes con en el mismo sitio, vuelves a la misma casa. La forma en que hablamos con la gente es también un hábito", plantea. Es la base del investigador que trata de explicar cómo las conversaciones son clave para cambiar el cerebro y la salud mental. De las charlas surgen buenas ideas, se aclaran los pensamientos o se mejora la toma de decisiones. En definitiva, tienen el poder de cambiar la trayectoria vital. Sin embargo no es sencillo ni habitual conversar bien.

Las recomendaciones para mejorar una conversación

Para el experto, la comunicación es un camino que hay que reaprender como conversar. ¿Cómo hacerlo? El primer problema emerge cuando las charlas se vuelven monótonas y son un obstáculo para avanzar sin que las personas se percaten. "Hay personas que están acostumbradas a hablar del tiempo y del fútbol, que son cosas que son fáciles de hablar. Otra gente habla del trabajo pero siempre dando consejos porque es donde está instalado y hay gente que habla pidiendo consejo", ilustra Mariano Sigman, uno de los directores de Human Brain Project.

La actitud es fundamental para variar ese rumbo que no lleva a ninguna parte. Parece una obviedad, pero ayudaría pensar qué se quiere decir antes de hablar. "El problema en muchísimas conversaciones uno no piensa para qué conversa. Uno se lo toma que es para para ganar, para mostrar al otro que tengo razón o para que me pague el seguro si otro coche te ha rozado. Pero podemos plantearnos como una manera de solucionar un problema, de aprender y la disposición va a ser mejor para los dos partes. A veces no pensamos por qué estamos haciendo las cosas", insiste con su experiencia.

Otro obstáculo habitual es el de anticiparse al futuro con profecías que se autocumplen. "En cualquier situación tenemos predisposiciones fuertes sobre cómo va a ir la conversación", argumenta el doctor en Neurociencia por la Universidad de Nueva York. El mejor ejemplo, según Mariano Sigman, es el de los conductores que tienen un percance y antes de bajar ya 'saben' que van a discutir. Si fueran más perceptivos al punto de vista o afrontaran el encuentro con una actitud amistosa el resultado sería muy diferente al habitual.

¿El mejor consejo para una mejor conversación? "Claramente cambiar esa disposición y ponernos a hablar de una manera completamente distinta a la que hemos hablado siempre. Por ejemplo, no voy a hablar de las cosas que más sé sino de las que menos conozco ni de las cosas de las que estoy más orgulloso. Voy a tratar de aprender o descubrir algo. Eso se puede hacer en cualquier conversación, familiar, en el trabajo o en la calle", recuerda.

¿Estás bien? Mide tus palabras para comprobarlo

El investigador de la comunicación y neurociencia sostiene que cada persona dice más de sí misma de lo que cree. Y las emociones también son clave tanto para transmitir mensajes como averiguar si uno mismo se encuentra bien. Es cuestión de fijarse en uno mismo, según la experiencia del doctor por la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos) ha plasmado en el libro 'El poder de las palabras' (Debate) junto a multitud de recomendaciones y consejos.

Para el chequeo emplea un paralelismo con la actividad física: "El deporte es una de las cosas que como sociedad actual hemos descubierto que es mucho más fácil de cambiar de lo que habíamos pensado. Y es más tangible porque uno ve los cambios cuando corres que en tu vida emocional porque tienes una medida muy simple. Un día corres 1, 2 o 3 y un día corres más rápido o más lejos con más pasos. En la vida emocional es una cosa parecida. Si puedes contar si eres más sedentario, también puedes medir tu salud emocional por ejemplo contando las palabras que dices o si son de tristeza o felicidad, o de actitud", aclara. "Puedes hacerte un mapa de por dónde ha andado, corrido o viajado tu mente. Es más etéreo que el cambio físico pero en realidad son iguales", defiende Mariano Sigman.

La receta del investigador argentino es muy clara: cambiar las costumbres. "Si puedes cambiar el hábito de ir al trabajo en autobús para ir caminando, también puedes decir 'Todos los días puedo levantarme y pensar todo lo que no he hecho, todo lo que me falta, todo lo que haré o no haré, las cosas que me han salido bien'. Puedes optar por ese cambio o contemplar el mundo y disfrutar de la luz, de la naturaleza. Igual que cambias de transporte ese cambio al poco te va a dar una distinta vida mental a la que uno se acostumbra como cualquier cosa. No es inmediato, pero como cualquier hábito nuevo", aconseja el experto.

un hombre piensa sobre un asunto
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Cambiar de opinión sí es un buen paso

Uno de los factores que ha sacado a la luz Mariano Sigman es que cambiar de opinión también es bueno para la cabeza. Y no siempre es fácil entenderlo. "A fin de cuentas hemos formado un montón de creencias sobre todo, ya sean deportivas y de política como de nosotros mismos: lo que funciona, lo que es bueno o malo, lo que podemos hacer o no hacer", reconoce el experto en comunicación.

"Esas cosas van junto con nosotros y en este momento hay poco elogio a la duda y al cambio de opinión. Al revés, se valora la persistencia o el no cambiar la idea como si eso funcionaria bien. Tenemos eso como algo negativo, aunque precisamente repensar la cosas, poder cambiar de idea, poder entender que las cosas que uno piensa no tienen que ser evidentemente ciertas es una virtud", argumenta.

Mariano Sigman ha tratado con artistas y deportistas, personas que trabajan en la creación artística y deberían ser más proclives a observar desde un diferente punto de vista. Sin embargo, ellos también han debido cambiar sus hábitos. "He trabajado con gente del deporte y un ejercicio que tengo es hacer es que distintos integrantes que hablen como no se suele conversar. En el partido se hacen muchos reproches como que 'no me has pasado', etc. Pero el juego que hacemos con los equipos deportivos es que se encuentren y el delantero le pregunte al mejor defensor del partido cómo ha visto las cosas, cómo lo ha visto desde su lugar, qué hubiera dicho distinto", explica.

El secreto del cambio de actitud es que no existe una predisposición de protección ante la crítica o una amenaza de recibir quejas. El resultado es más amable y enriquecedor porque no hay reacciones defensivas y surgen nuevas conversaciones. "No estás cuidando tu valor dentro del equipo, sino que es un aprendizaje", aclara el neurocientífico.

La soledad, obstáculo para la salud mental

No obstante, hay un obstáculo difícil de solventar. Cada vez más personas viven de manera individual y las redes sociales de la comunidad se han debilitado. Varios estudios científicos ya han señalado que las personas que viven solas tienen una esperanza de vida más corta y una peor calidad derivada de su falta de relaciones sociales.De hecho, la ciencia ha revelado que aislarse es uno de los peores hábitos para el cerebro.

Para Mariano Sigman, hay una relación cercana con la salud mental porque se necesita a alguien más para poder afrontar un diferente punto de vista. "Si no tienes la posibilidad de conversar las ideas se estancan. Las ideas cambian y se renuevan cuando tienes que intercambiarlas", señala el investigador.

Es decir, que a veces se toman como principios inamovibles pensamientos poco desarrollados que al exponerse muestran sus debilidades y contradicciones que nunca se cuestionarían fuera de una conversación. Se pierde una buena herramienta para identificar errores y adoptar mejores decisiones.

"El problema es que tenemos un montón de hábitos muy formados sobre como vivimos y experimentamos la vida y es difícil de salir de ese lugar por voluntad propia porque se han convertido en hábitos. A veces, tener un interlocutor te sirve para que puedas poner en duda alguna de esas cosas y entender que hay pasos en algunas ideas que hemos conjeturado y que, digamos, que atolondradas y quizás las cosas no sean como hemos pensado durante tanto tiempo", expone.

Finalmente, Mariano Sigman se aproxima a los tópicos sobre las relaciones latinas. Se ha criado en Argentina, ha vivido varios años en España, Estados Unidos y Francia, así que su experiencia se une a su faceta de investigador para averiguar quién se comunica peor. La respuesta empieza por una cuestión psicológica. "Hay idiosincrasia pero también provincialismo porque cada uno piensa que las cosas le ocurren solo a uno y en su tiempo. Los argentinos piensan que solo pasan en Argentina y los españoles en España. En España, el taxista se queja del tráfico y yo pienso en el de Buenos Aires y Sao paulo y me parece de los más ordenados del universo. Cada uno vive la realidad como si uno fuese particularmente distinto dentro del universo", puntualiza.

Después, llega la mala noticia. "La crisis de la conversación no es algo de los latinos. En Estados Unidos están en una crisis abismal, como en Francia o en Italia. Hay países africanos en que por diferencias de opiniones hay matanzas. Es un problema más general que el de una idiosincrasia y va más allá de las épocas", avisa. En contraste, da un último consejo sobre la buena elección que sería mejorar la manera de hablar en comunidad. "En los tiempos y lugares en que se conversa de mejor manera se forman mejores sociedades y es un combustible muy vital para el funcionamiento social", sentencia.