¿Qué se dijo sobre Medio Oriente en la Asamblea General de la ONU?

© Brendan McDermid / Reuters

Con los líderes de Egipto, Yemen o Líbano en Nueva York, este 'Fragmentos de Oriente' hace balance de los asuntos que concernieron a la región durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Aunque António Guterres apeló en su discurso "al sufrimiento" en Siria, "las tensiones" en Irak o al hambre en un Afganistán cuya economía y derechos humanos están "en ruinas", el acuerdo nuclear iraní y el conflicto desigual entre Israel y Palestina se robaron el protagonismo.

Del árabe Ahlan wa sahlan (أهلا وسهلا) sean bienvenidos a 'Fragmentos de Oriente'. Un resumen que todos los sábados les acercará a los hechos más destacados de la región de Medio Oriente y sus países aledaños. La síntesis de esta semana es un tanto especial, ya que se enmarca en la 77º Asamblea General de la ONU.

1) Irán, a dos frentes: entre el acuerdo nuclear y la muerte de Mahsa Amini

A la guerra entre Rusia y Ucrania, era indiscutible que le seguiría el pacto nuclear con Irán, uno de los temas más urgentes de la Asamblea. Sin embargo, aunque no perdió importancia, el estallido social tras la muerte bajo custodia policial de Mahsa Amini abrió otro frente de críticas a la República Islámica.

Diez expertos del organismo multilateral, así como ONU Mujeres, repudiaron el fallecimiento de la joven (que había sido detenida por la 'policía de la moral' –la Gasht-e Ershad– debido a que no llevaba correctamente el velo) y consideraron que Amini "es otra víctima más de la continua represión y la sistemática discriminación contra las mujeres en Irán".

Si bien evitó referirse al caso, el presidente iraní Ebrahim Raisi rechazó lo que calificó de "doble rasero" cuando se cuestiona a su país por violar los derechos humanos, pero, según él, no se ataca con la misma firmeza otras vulneraciones. En eso, hizo referencias al descubrimiento de cadáveres de mujeres indígenas en Canadá, la opresión del pueblo palestino o las detenciones de inmigrantes en Estados Unidos.

Acerca del acuerdo nuclear de 2015, cuyas negociaciones para revivirlo están en punto muerto, Raisi cargó contra Estados Unidos por haberlo "pisoteado" en 2018 (lo abandonó Donald Trump) y demandó "garantías" de que, en caso de retomarlo, se cumplirá lo negociado. En una rueda de prensa posterior, el líder iraní supeditó la reanudación del pacto a que la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) cierre las investigaciones en marcha y a que Washington se comprometa a no volver a 'pisotearlo'.

Mientras el presidente estadounidense Joe Biden reiteró su disposición a volver al acuerdo pero aclaró que "nunca permitiremos a Irán hacerse con un arma nuclear", Israel sí dedicó la mayor parte de su alocución a denunciar a su enemigo histórico.

El primer ministro Yair Lapid consideró que Irán "es una dictadura asesina que está haciendo todo lo posible para conseguir un arma nuclear" y que, en caso de lograrlo, la usará contra Israel. De ahí que, para el jefe de gobierno israelí, la única alternativa es presentarle a Teherán "una amenaza militar creíble". "Entonces, y solo entonces, se negociará un acuerdo más sólido y duradero con ellos", sentenció.

2) Mientras Israel puso la paz como "condición", Palestina aún "espera" por ella

Ni la intervención israelí ni la intervención palestina viraron de su postura habitual sobre el conflicto. A saber, Israel suele alegar defenderse del antisemitismo y del "terrorismo" en Jerusalén Este, Cisjordania y Gaza; y Palestina denuncia la ocupación israelí y su sistemática violación de los derechos palestinos.

Lo diferente a otros años fue que, mientras el líder palestino Mahmoud Abbas usó a "Israel" como sujeto por más de treinta minutos de discurso, el Estado hebreo dejó para el final a su vecino, que lo redujo a los actos "destructivos" del grupo Hamás. Si seguimos las palabras del primer ministro israelí en funciones Yair Lapid, Palestina no está hoy entre "las dos grandes amenazas" que azotan a Israel, pues son las armas nucleares y "la pérdida de verdad, las mentiras".

"No hay estado que sufra más esta campaña de desinformación", apuntó Lapid, que añadió que "la pregunta no es por qué lo hacen (políticos, otros países, medios de comunicación), sino por qué ustedes lo escuchan".

Pese a ello, y con un tono electoralista, el premier habló por primera vez desde su ascensión de "un acuerdo de dos estados", con la "condición de que Palestina sea un estado pacífico": "Dejen de lanzar misiles contra nuestros niños (...) abandonen las armas y habrá paz".

El último dirigente israelí en invocar una solución biestatal fue Benjamin Netanyahu en 2017. Mas la fórmula, gastada entre la comunidad internacional, no sirvió entonces ni sirve ahora a Abbas, quien al día siguiente le respondió a Israel que "(los palestinos) intentaron todo para convencerle de volver a la mesa, pero se negó": "No tenemos un socio con el que hablar", sino que "la relación es de potencia ocupante y nación ocupada; Israel no nos ha dejado territorio para un Estado independiente donde construir y convivir en paz".

"Claro que (revivir el acuerdo) es algo positivo. Pero la verdadera prueba es que el Gobierno israelí vuelva a la mesa de diálogo de inmediato. No puede negociar conmigo –dijo Abbas– y al mismo tiempo asesinar y seguir con los asentamientos".

Ante la Asamblea, el presidente de la Autoridad Palestina inició su exposición manifestando que "Israel no ha dudado en violar nuestro territorio" y la zanjó "suplicando y reiterando", una membresía plena para Palestina en los organismos internacionales, ya que ninguna medida de la ONU sobre Palestina ha entrado en vigor.

En medio, nombró a las seis ONG que Israel tachó de terroristas y allanó y clausuró en agosto, además de a la periodista Shireen Abu Akleh, asesinada en mayo; citó las "masacres" cometidas por Israel, con imágenes del bombardeo en Gaza en mayo de 2021; y denunció el ataque a lugares sacros, "la libertad de colonos que asesinan a palestinos a plena luz del día" y "el doble rasero" con el que se juzga a Israel, pese a aplicar "un sistema apartheid". Sobre el descontento popular hacia la Autoridad Palestina, no obstante, no se pronunció.

3) Como la guerra en Ucrania, el conflicto israelí-palestino estuvo en boca de todos

A su turno en el estrado, varios mandatarios abordaron Israel y Palestina desde ópticas diferentes. Solo que, más allá del apoyo a la 'causa palestina' de tradicionales como Qatar, Omán o Líbano, hubo dos líderes de América Latina que la incluyeron en sus alocuciones: Gabriel Boric, de Chile, y Pedro Castillo, de Perú.

Para Chile –que ostenta la mayor comunidad palestina fuera del mundo árabe– no es un asunto ajeno. Pero Boric llegaba a la Asamblea tras haberse negado a aceptar las credenciales del nuevo embajador israelí, en rechazo al asesinato de un joven de 17 años en Cisjordania. En ese escenario, el presidente chileno ensayó un gesto para ambos lados.

Boric pidió "no naturalizar las permanentes violaciones a los derechos humanos contra el pueblo palestino" y a permitir que establezcan "su propio estado libre y soberano", aunque a la par dijo que se debe "garantizar el legítimo derecho de Israel a vivir dentro de fronteras seguras".

A casi lo mismo apeló Castillo: criticó la ocupación israelí y reclamó "una Palestina independiente y viable, y un Israel con fronteras seguras". Pero además, le añadió el anuncio de la apertura de una representación diplomática de Perú en Ramallah.

El vínculo latino-palestino se completó con las charlas del canciller mexicano Marcelo Ebrard con el primer ministro palestino Muhammad Shtayyeh, y de los ministros de Exteriores nicaragüense y palestino, Denis Moncada y Riyad Al-Malki.

Otros dos encuentros, aunque entre bambalinas, tuvieron el conflicto como centro: por un lado, una reunión ministerial de Arabia Saudita, la Unión Europea y la Liga Árabe para festejar los 20 años de la Iniciativa de Paz Árabe; y por otro, el mitin de los jefes diplomáticos de Egipto, Francia, Alemania, Jordania y la Unión Europea, en el que reiteraron el pedido de una negociación para una "paz duradera", con base en "la solución de dos estados".

Por último, Jerusalén protagonizó dos eventos. En el diálogo entre Yair Lapid y su par británica, Liz Truss, quien admitió que evalúa mudar la embajada de Reino Unido a Jerusalén –emulando a Donald Trump–, que de facto implicaría romper con el consenso internacional y reconocer la Ciudad Santa como capital israelí.

También se refirió a ella el rey jordano Abdullah II, el cual volvió a advertir del deterioro del statu quo que rige la ciudad y alertó sobre la "amenaza" que sufren las iglesias cristianas en Jerusalén.

4) Egipto alerta sobre el daño que la crisis climática ocasiona a los estados insulares

En los márgenes de la Asamblea General, el canciller egipcio y presidente de la próxima COP27, Sameh Shoukry, lideró un diálogo con representantes de la Alianza de Pequeños Estados Insulares (AOSIS), en la que destacó la importancia de abordar cómo la crisis climática afecta a estas naciones durante la inminente Conferencia sobre el Cambio Climático, a realizarse en Sharm el-Sheikh del 6 al 18 de noviembre.

"El cambio climático está causando pérdidas y daños cada vez mayores en los pequeños países insulares en desarrollo a través de oleadas repetidas de condiciones climáticas severas en forma de tormentas, huracanes, inundaciones y sequías que resultan en graves pérdidas humanas y económicas", indicó Shoukry, en el encuentro con los representantes de la coalición, integrada por 39 estados globales.

Ante este panorama, el jefe de la diplomacia egipcia expresó la necesidad de mejorar la coordinación que permita mitigar las pérdidas que estas islas sufren por los efectos de la emergencia climática.

El rol de Egipto como organizador de la COP27 está bajo escrutinio debido a las violaciones de derechos humanos en el país y la represión a las voces críticas. Frente a una cumbre en la que aún no está claro si se permitirán las protestas, Amnistía Internacional acusó el 21 de septiembre al Gobierno egipcio de "seguir sofocando libertades" y valoró que otorgarle la cumbre climática fue una "recompensa a un poder represivo".

De ahí que la titular de la ONG, Agnès Callamard, instara a la comunidad internacional a presionar para que El Cairo ponga "fin a los abusos y a la impunidad, empezando por la liberación de miles de críticos y opositores detenidos arbitrariamente en las cárceles egipcias".

Y la imagen de la semana en la ONU sobre la región fue la del encuentro Israel-Turquía, que no acontecía desde el año 2008. En el marco del pleno restablecimiento de las relaciones diplomáticas (interrumpidas en 2018), el primer ministro israelí Yair Lapid y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan estrecharon manos y discutieron sobre terrorismo, cooperación económica y energética, y los desarrollos regionales.

La reanudación de los lazos, que permitió la reanudación de vuelos entre ambos países, se completará con el nombramiento de embajadores: Israel ya designó a Irit Lillian, mientras que se espera que Turquía haga lo mismo en las próximas semanas.