Medinaceli cumple, sin incidentes, con su tradición del toro jubilo

Soria, 13 nov (EFE).- Medinaceli, en la cabecera alta de la cuenca del Jalón, en el sur de la provincia de Soria, ha vuelto a ver como se ilumina su noche con el único toro de fuego que se celebra en Castilla y León, una tradición milenaria protegida con la declaración de festejo tradicional y que se ha desarrollado este año de nuevo sin incidentes, aunque con el dispositivo de seguridad, para evitar nuevos boicot por parte de colectivos animalistas.

Durante más de veinte minutos, la cornamenta extraordinaria montada en el astado, con sus bolas de fuego realizada con brea, ha estado iluminando la noche medinense, mientras los mozos han salido a la improvisada plaza de toros, para realizarle quites.

Como en los últimos años, las fuerzas y cuerpos de Seguridad han montado un dispositivo de seguridad para garantizar el normal desarrollo de este festejo tradicional, aunque no se han manifestado en esta ocasión miembros de las asociaciones animalistas.

A esta tradición milenaria han asistido entre 2.000 y 2.500 personas, en una noche con buena temperatura.

En 2020 esta tradición milenaria no se celebró y los aficionados al toro jubilo tuvieron que conformarse con una exposición fotográfica sobre el mismo montada en el Palacio Ducal, pero regresó con fuerza el año pasado, con cerca de dos mil aficionados que se dieron cita en una gélida noche de noviembre en la plaza Mayor medinense.

La legislación autonómica exige el sacrificio de todas las reses utilizadas en los espectáculos taurinos (artículo 23 del Decreto 14/1999, de 8 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares de la Comunidad de Castilla y León), pero sin embargo, y como excepción, el artículo 5 de la Ordenanza Municipal establece que el Toro Jubilo, “siguiendo la costumbre secular, será indultado al finalizar el festejo”.

En los documentos más antiguos que se conservan se deja siempre constancia de esta especial protección del animal.

Así, por ejemplo, en 1510, Juan de la Cerda, Duque de Medinaceli, autorizaba que se corriese el toro “como tienen por costumbre el día de la procesión y, como me es pedido, mando que ninguna ni alguna persona sea osada de matar el dicho toro y que, acabado de correr, los dichos vecinos lo dejen vivo y sin lesión alguna”.

La tradición ininterrumpida hizo posible su declaración como espectáculo Taurino Tradicional, por parte de la Junta en 2002 permitiendo una ordenanza que exige el indulto del toro.

La Consejería de la Presidencia de la Junta de Castilla y León declaró, por orden fechada el 18 de septiembre de 2002, al toro de jubilo como espectáculo taurino tradicional, por existir constancia documental de su celebración desde el siglo XVI (1568 y 1598).

Si se modificase la tradición, se perdería su catalogación especial y, por tanto, la posibilidad de indultar al toro, que debería ser sacrificado.

En el siglo pasado, cuando la normativa no lo impedía, según ha recordado el alcalde Felipe Utrilla, fue habitual que un mismo toro (propiedad de algún vecino de Medinaceli o de los pueblos de la comarca) se utilizase en años sucesivos.

Utrilla ha manifestado a EFE que el toro jubilo se mantendrá siempre que asi lo quieran los vecinos y ha defendido que la protección de la que goza en la actualidad es suficiente.

El toro jubilo ha sido un año más puntual a su cita, saliendo ensogado de los improvisados toriles a las 11:30 horas de la noche, para que los mozos de Medinaceli le amarrasen a un palo y le embadurnasen de una capa de barro, antes de encender sus cornamenta extraordinaria de bolas de fuego y le soltasen a la plaza.

Los colectivos animalistas estuvieron a punto de boicotear la celebración del toro jubilo en 2014, cuando varios de sus miembros saltaron a la improvisada plaza de toros, en Medinaceli, y se encadenaron al poste donde el toro tenía que ser ensogado para colocarle la gamella.

El rito del toro y el fuego es tradicional del levante español, desde Cataluña baja a Castellón y como un reguero sube a Teruel y se extiende en Aragón por la cuenca del Jiloca hasta la del Jalón, desde donde asciende hasta su nacimiento junto a Medinaceli.

La opinión más extendida considera que la celebración tiene orígenes celtíberos, una de cuyas tribus, los Tittos, poblaron esta comarca y la antigua ciudad de Ocilis (situada en la Villa Vieja, cerro contiguo a Medinaceli).

Con el rito se estaría conmemorando la victoria de los celtíberos sobre los cartagineses en la batalla de Hélice (Elche, Alicante), en el año 229 a.C., en la que el caudillo celtíbero Orisón lanzó contra el campamento cartaginés de Amílcar Barca carretas de tea, sebo y azufre tiradas por bueyes que portaban en sus astas haces de paja ardiendo, y provocando la desbandada de los sitiadores cartagineses.

Pero también es probable que provenga de primitivos ritos solares de carácter mitraico, vinculados a cultos telúricos, en los que se representaba la cualidad regeneradora y fecundante del sol, del toro y del fuego, frente a la cualidad pasiva e inerte de la luna.

Toro y fuego simbolizan fuerza y purificación, unidos en comunión pagana que se consuma con el sacrificio del animal (acto que ya no se realiza) y la ingesta de su carne por la comunidad.

(c) Agencia EFE