Hemos visto 'Matrix Resurrections' y la película es justo lo contrario a lo que nos habían vendido

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Por Alberto Cano.- Vivimos en la era de la nostalgia. Continuamente no paramos de ver cómo míticas películas o sagas regresan a nuestras pantallas con reboots, secuelas o remakes que se apoyan en nuestros buenos recuerdos del pasado para traernos una y otra vez a las salas con ideas que se repiten a la saciedad. Y esa es justo la impresión que nos dejó Matrix Resurrections cuando vimos su primer tráiler, la de una producción que replicaba la estructura de la cinta original de 1999 para despertar nuestro sentimiento nostálgico y volvernos a atraer en masa a las salas.

En sus avances, esta cuarta entrega de la saga creada por Lilly y Lana Wachowski nos dejaba ver a un Neo nuevamente inmerso en Matrix teniendo que elegir entre la pastilla roja y azul antes de poder despertar. Había elementos nuevos, como la incorporación de personajes como el terapeuta interpretado por Neil Patrick Harris, cambios en el estilo visual o la introducción de nuevas propuestas de acción, pero parecía que estábamos ante una película que replicaba la fórmula de Star Wars: El despertar de la fuerza de funcionar como continuación a la vez que copiaba a la original para conseguir ese tono nostálgico. Aunque la película tiene poco o nada que ver con esto que nos habían vendido.

Keanu Reeves como Neo en Matrix Resurrections (Foto: Murray Close / Warner Bros. Entertainment / Village Roadshow Films)
Keanu Reeves como Neo en Matrix Resurrections (Foto: Murray Close / Warner Bros. Entertainment / Village Roadshow Films)

Matrix Resurrections no es ese remake encubierto en forma de secuela que creímos ver en el tráiler, sino una cinta que rompe con estas expectativas que había creado para cargar contra la deriva de actual de Hollywood, es decir, contra el empeño de anclarse en el pasado, explotar sagas hasta la saciedad con remakes, reboots o secuelas y hacerlas perder su espíritu original. Para ello, adquiere un tono meta-cinematográfico y nos presenta a un Neo confuso en una nueva versión de Matrix que, aún con los recuerdos en mente del pasado, ha creado un videojuego en donde ha plasmado todas las vivencias de las anteriores películas de la franquicia. A partir de aquí, Lana Wachowski, que esta vez dirige en solitario sin su hermana Lilly, empieza a tejer una reflexión acerca de cómo Matrix, que fue un proyecto tan personal para ellas y planteado como una metáfora trans, ha acabado convertida en un producto capitalista al servicio de los intereses de una gran empresa como Warner Bros. Es decir, una franquicia exprimida al máximo, desprovista de su significado original y con los espectadores identificándola por sus elementos más triviales como su iconografía o su acción.

De esta forma, la replica a la Matrix original que vimos en los tráileres se plantea desde un punto de vista deconstructivo, criticando directamente a este sistema por el que se rigen los grandes estudios de Hollywood, haciendo mención explícita a Warner Bros e incluso ridiculizando a la propia Matrix

Resulta muy interesante ver cómo se atreve a reformular conceptos como su famoso tiempo bala, a lanzar pullas hacia la forma de funcionar del universo de la franquicia, hacia su estética, acción o a las reinterpretaciones indebidas que ha tenido su discurso a lo largo de los años, que llegó incluso a ser apropiado por movimientos de extrema derecha. Todo ello sin perder el espíritu que caracterizó a la cinta original, porque al igual que aquella se atrevía a señalar a ese capitalismo extremo que controlaba la sociedad, esta cuarta película no se olvida de hablar de la evolución que este ha sufrido hasta nuestros días.

Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss como Neo y Trinity en Matrix Resurrections (Foto: Murray Close / Warner Bros. Entertainment / Village Roadshow Films)
Keanu Reeves y Carrie-Anne Moss como Neo y Trinity en Matrix Resurrections (Foto: Murray Close / Warner Bros. Entertainment / Village Roadshow Films)

Pero creo que lo más interesante de Matrix Resurrections es la forma en la que reflexiona sobre la nostalgia que se ha apoderado del cine y de nosotros mismos. Y es que pese a su crítica a la deriva de Hollywood, Lana Wachowski tampoco puede evitar caer en sus garras. La directora estuvo años rechazando la posibilidad de volver a dirigir una cuarta entrega, sin embargo, fue precisamente un anhelo de nostalgia por el pasado lo que la llevó a querer reencontrarse con Neo y Trinity, un sentimiento que necesitó recuperar para paliar la muerte de sus padres. Así lo contó este 2021 en una intervención durante el Festival Internacional de Literatura de Berlín.

"Mi padre murió, entonces murió un amigo, y después murió mi madre. No sabía cómo procesar ese tipo de pena. No la había experimentado tan de cerca... Sabes que sus vidas van a acabar y aun así fue muy duro”, contaba Lana Wachowski. “Mi mente siempre ha recurrido a la imaginación y una noche estaba llorando y no podía dormir y de mi cerebro surgió como una explosión esta historia entera. No podía tener a mi padre y mi madre, sin embargo, de repente tenía a Neo y a Trinity, con toda probabilidad los dos personajes más importantes de mi vida", relataba la directora sobre su decisión de resucitar a Neo y Trinity y volver a ponerse a los mandos de su franquicia estrella.

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De esta forma, esta nueva Matrix deja de lado su empeño en crear escenas de acción icónicas y de recrearse en lo estético para ofrecer una historia centrada en la emoción. Y es que Resurrections es, mayormente, un relato enfocado en la relación de Neo y Trinity, en la necesidad estar con nuestros seres queridos y en cómo refugiarnos en el pasado puede ayudarnos a sobrellevar los retos y dificultades del presente. Una historia más en la línea de Sense8 o El atlas de las nubes que de la trilogía Matrix en donde Lana Wachowski da con la clave de esta necesidad continua que tenemos de recurrir a la nostalgia. Y creo que por esta razón va a ser una cinta divisiva -así como Los últimos Jedi lo fue para Star Wars-, porque tira por la borda muchas de las claves del éxito de la saga para ser un proyecto mucho más personal y ambicioso de lo que fueron las tres anteriores películas.

Al final, Matrix Resurrections no deja de ser la reapropiación de Lana Wachowski de Matrix, el que fue su proyecto más personal que acabó convertido en una franquicia. Y no solo eso, porque aparte de deconstruir con este enfoque más emocional y propio, también funciona como pulla al rechazo que tanto ella como su hermana Lilly han venido sufriendo por la industria a lo largo de los años. Esas críticas al anclaje en secuelas, reboots y remakes van en la línea de la negativa de las grandes productoras a financiarles proyectos originales, como bien ocurrió, por ejemplo, con El atlas de las nubes.

Si recordamos, Warner rechazó financiar el proyecto ante el riesgo que traía una película de tales dimensiones, lo que llevó a las Wachowski a adelantar 100 millones de dólares de su propio bolsillo para que la major acabara cediendo. Sin embargo, aunque El atlas de las nubes salió adelante, la película fue finalmente un descalabro en taquilla recaudando apenas 130 millones en todo el mundo. De ahí que sitúe esta cuestión dentro del universo Matrix, invitando a reflexionar sobre cómo los propios espectadores podemos estar absorbidos por las estrategias de Hollywood, sin salir de las redes de ver lo mismo una y otra vez. Y no creo que Lana Wachowski lo haga desde un ejercicio de autocomplacencia o egocentrismo, porque como bien da a entender, ella misma también ha caído en la tentación de la nostalgia de volver de nuevo a Matrix. En resumen, Matrix Resurrections es toda una genialidad repleta de capas y matices que, desde luego, es justo lo contrario a ese remake encubierto que parecieron vendernos.

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