‘MasterChef’ cae en una estrategia que le puede reventar en la cara

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Un año más las cocinas de MasterChefse abrieron a nuevos aprendices anónimos. Pepe Rodríguez, Samantha Vallejo-Nágera y Jordi Cruz recibieron este 18 de abril a una buena colección de aspirantes a cocineros, y siguiendo la tónica de otros años, realizaron una primera cata en la que se decidía quién entraba en el concurso y quién se quedaba fuera. Siempre se nos cuenta que MasterChef es un formato muy deseado, en el que hay miles y miles de personas deseando entrar, y por ello chirría aún más algunas de las cosas que vemos en esa primera toma de contacto entre aprendices y jueces. Hay platos mal ejecutados (y eso que se elabora una receta, en teoría, libre), y a menudo, perfiles con más ganas de chupar cámara que de hacer buenos guisos. Y eso es una estrategia que les puede reventar al programa en la cara.

MADRID, ESPAÑA - 7 DE ABRIL: Samantha Vallejo-Nagera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz asisten a la presentación de
MADRID, ESPAÑA - 7 DE ABRIL: Samantha Vallejo-Nagera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz asisten a la presentación de "MasterChef 10" el 7 de abril de 2022 en Madrid, España. (Foto de Aldara Zarraoa/Getty Images)

Para empezar, los criterios para decidir quién entra y quién no parecen un tanto aleatorios. A veces los jueces se aferran exclusivamente a la elaboración del plato: si está bien terminado o no. En otras ponen sobre la mesa factores emocionales: parece que si has tocado fondo en la vida y ahora resurges de tus cenizas te mereces más el delantal que alguien que ha tenido una existencia más o menos estable. Tal es el caso del concursante David, quien había vivido una fuerte adicción a las drogas durante casi 20 años, y quería que su familia se sintiese orgulloso.

No podemos dudar de que su plato no fuese sabroso, pero Pepe Rodríguez, al hacerle entrega del delantal blanco que le convertía en concursante de pleno derecho, le dijo unas palabras que reman a favor de obra del espectáculo por encima del cocinado. “Tienes una deuda con esa gente que ha estado detrás, pero eres muy joven y tienes también un futuro esplendoroso. Yo te voy a dar esa oportunidad, ¡aprovéchala! Te lo mereces. Te vas a comer el mundo y yo quiero que te lo comas con nosotros”.

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En otras ocasiones, los jueces han parecido premiar a aquellos que persiguen su sueño, aunque sus elaboraciones no sean del todo perfectas. Y es que los espectadores se reencontraron ayer con Verónica y con Berto, quienes se quedaron a las puertas de la edición de 2021; ambos lograron el pase, pero con matices. A Verónica, el chef Jordi le dijo que no sabía si se merecía concursar porque había montado una empresa de reparto de comida a domicilio, como si el propio formato no potenciase eso; un año más, la gente desde sus casas puede pedir un menú basado en los platos que se ven en el programa. ¿Qué malo tenía, pues, que Verónica tenga ese negocio? ¿No deberían juzgar únicamente su propuesta culinaria, esa que había emplatado delante de ellos?

Con Berto la cosa fue más cruda. Como el año pasado fue un poco áspero en sus modales, los jueces le tenían la cruz ligeramente echada. En primer lugar, le dijeron que no entraría en la temporada, y tras hacerle sufrir un poco, le dijeron que sí se convertiría en aspirante oficial. Su sueño duró poco, y tras la prueba de exteriores y de eliminación fue el primero en abandonar las cocinas. El dicho de que quien la sigue, la consigue, no fue una realidad para Berto.

Luego nos encontramos con un buen ramillete de posibles cocineros que se dedican a crear contenidos en las redes sociales: había tiktokers de humor, de vida y estilo, de experimentos. Hasta la mujer que le regaló a su hija un ‘Luisvi’ (un bolso de Louis Vuitton) y se hizo viral parecía tener ahora inquietudes culinarias.

Se ve que los redactores siguen pescando en las redes sociales, olvidando que esto a veces se convierte en una bomba de relojería que les revienta en la cara. Recordemos, por ejemplo, que la polémica Saray de MasterChef 2020, la que entregó un ave cruda y sin desplumar en un plato, reconocióque ella nunca había mandado una solicitud para entrar al concurso como tal, pero que “una redactora que se dedica a buscar perfiles contactó conmigo. Yo les dije que sabía cocinar lo típico de una casa, pero nada más y, como insistieron, decidí presentarme”.

En definitiva, la sensación de transparencia en el proceso de selección queda bastante difusa, pues parece que se premia más el espectáculo que se pueda dar delante de la cámara o la repercusión que pueda tener determinado concursante en redes sociales (o prensa especializada) que el amor a la gastronomía.

En cualquier caso, es de justicia destacar que MasterChef ha vuelto en buena forma, con un 14,9% de cuota de pantalla y 1.639.000 espectadores, según los datos de Kantar que han ofrecido consultoras de audiencias como Barlovento Comunicación. Mejora en miles el estreno de la temporada anterior, y además consigue mejores datos que un emblema de nuestra televisión como es la serie La que se avecina. El mérito de MasterChef es más loable aún si tenemos en cuenta que, en lo que llevamos de curso televisivo, ya hemos visto una edición Celebrity, una Junior y una de Abuelos, y a pesar de todo el público sigue sintonizando con las famosas cocinas de Televisión Española.

Ahora solo falta estar pendiente de cómo evoluciona esta temporada, y si los participantes elegidos dan suficientes buenos momentos como para enamorar al público en sus casas, invitándoles a volver semana a semana.

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