'MasterChef' me ha recordado a un programa de Netflix y no para bien

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Una semana más, MasterChef arrancó su programa con una prueba completamente fallida. Los jueces encargaron a los aspirantes replicar diferentes tartas nupciales con características concretas: sin azúcar, sin gluten, vegana… Y los aspirantes fallaron en todo lo que estaba a su alcance para entregar un plato desastroso. Sin embargo, esta vez los jueces derrochaban humor ante las catástrofes culinarias, y se reían al probar tartas crudas o realmente espantosas. Vaya, que parecía que estaba viendo Niquelao! de Netflix, solo que yo lo que esperaba encontrarme en este programa era algo con más categoría y enjundia.

Yannick,uno de los concursantes más carismáticos de la edición, fue el mejor en el programa anterior, y por ello tuvo el poder de asignar qué tarta elaboraría cada contrincante. Así, él se quedó una tarta sin azúcar, y la cocinaría con Amelicious, aspirante del año anterior y que volvía como invitada. Adrián y Patricia elaborarían una tarta de fondant negro, David y María Lo una vegana inspirada en viajes, Claudia y Verónica una con temática de superhéroes; y, por último, Luismi y Jokin una tarta sin gluten.

MADRID, ESPAÑA - 07 ABRIL: Samantha Vallejo-Nágera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz durante la presentación de
MADRID, ESPAÑA - 07 ABRIL: Samantha Vallejo-Nágera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz durante la presentación de "MasterChef 10" el 07 de abril de 2022 en Madrid, España. (Foto Aldara Zarraoa/Getty Images)

Aunque empezaron trabajando bien, todos contentos con sus parejas de cocinado, la cosa se fue torciendo por momentos. Los bizcochos se sacaban del horno antes de estar hechos, se rompían, se decoraban antes de tiempo y se derretían las cremas. El fondant no terminaba de dominarse y ofrecía resultados irregulares, sobre todo, al recortar los escudos de superhéroes, o un mapa mundo que hizo a David sudar la gota gorda… y que acabó en el suelo, una vez enfriado, por un paso en falso.

La cuestión es que, habitualmente, los jueces son muy serios, bordes incluso. Pero anoche, quizá porque había varias parejas de futuros contrayentes como comensales, decidieron tomarse la prueba a broma. Todo era risa y jolgorio, cada elaboración fallida era un chiste y una risa, a pesar de que el desastre rozaba límites que en otro capítulo habría desencadenado el reparto de delantales negros. Como si el formato se hubiese fusionado con Niquelao! de Netflix, en el que los concursantes replican elaborados pasteles y terminan siendo auténticas birrias.

Y Samantha Vallejo-Nágera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz, los jueces y presentadores, bebían del espíritu de La Terremoto de Alcorcón, maestra de ceremonias de Niquelao!, para reírse de todo y celebrar los fallos. Qué tarta más fea, mira cómo se cae, jajaja.

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Por hacer las cosas mal, hasta las decoraciones se hacían de forma fullera. Claudia, una de las aspirantes, cortaba el fondant directamente sobre la encimera de acero, rayando su superficie,y Jordi, en lugar de regañarla con ahínco, bromeó sobre que le pasaría la factura. Y ella, lejos de disculparse, dijo que le pase el recibo a su padre, que le paga todo lo que quiere, ya sea un coche o unas operaciones de estéticas. Es difícil empatizar con esta aspirante, la verdad, cuando hace comentarios de ese tipo.

Se tomaron todas las licencias posibles al montar las tartas. Algunas estaban vaciadas en su interior porque la masa no había cuajado, otras se caían a medida que pasaban los minutos. A mi cabeza vino una escena de la película de Disney La Bella Durmiente, en la que el hada Fauna elabora una tarta de varios pisos que se cae a pedazos, y para mantenerla de pie la tiene que sujetar con el palo de una escoba.

La cata de las parejas (que eran todas heterosexuales, y no habría estado mal un poquito de diversidad en el mes del Orgullo, la verdad sea dicha) fue igualmente cómica. La cámara recogía sus impresiones, si de verdad consideraban que estaba bueno el producto o si estaban mintiendo como bellacos para no ofender a los aspirantes.

De todas las parejas reposteras, solo la formada por Jokin y Luismi tuvo un resultado decente. El resto fue para olvidar, y dejó una de las pruebas más desastrosas de la historia del programa. Sin embargo, no pasaba nada, los jueces estaban de buenas, parecía que allí, como en el programa de Netflix, lo interesante del asunto es hacer reír al que está en casa y nada más. Pero no. Si quiero reírme con un programa de cocina me busco Niquelao!, Sabotaje en la cocina o cualquier otro formato del estilo.En una gala 8 de MasterChef espero ver un buen nivel de trabajo, cosa que ayer no había por ningún lado. Y eso, la verdad, es que gracia tiene muy poca.

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