Navratilova y McEnroe, forzados a disculparse por "romper el protocolo" tras criticar a la homófoba Margaret Court

Los tenistas retirados John McEnroe y Martina Navratilova luciendo una pancarta en el Open de Australia. Foto: Twitter @AgedRegis

Más allá de lo que va ocurriendo durante los partidos, que no es poco, el Open de Australia de tenis nos está dejando alguna que otra noticia llamativa. Pocas veces ocurre que dos deportistas legendarios pero retirados desde hace tiempo se conviertan en protagonistas, y que además lo sean por desplegar una pancarta de protesta que la censura impidió que se viera en la televisión. Sin embargo, a Martina Navratilova y a John McEnroe les cortaron a mitad de su reivindicación, cuando estaban enseñando el lienzo que aparece en la fotografía aquí encima, y además les dieron un toque de atención y les obligaron a disculparse por “romper el protocolo”.

Para entender qué hicieron y por qué vamos a ponernos un poco creativos. Imaginemos que España acogiera uno de los torneos del Grand Slam, uno de los cuatro campeonatos más importantes en todo el mundo. Imaginemos que los partidos se disputaran, por ejemplo, en Madrid, en una pista nombrada en homenaje a Rafa Nadal, la mayor gloria de la historia de nuestra raqueta. Imaginemos que el mallorquín, en vez de ser el tipo sensato y prudente que conocemos, se hubiera convertido en un bocazas y lanzara frecuentemente opiniones degradantes e injuriosas para determinados colectivos. Imaginemos que, por este motivo, hubiera una campaña para rebautizar la instalación y que pasara a llamarse, mismamente, pista Sergi Bruguera. Que vale, sí, también era muy bueno, sus dos Roland Garros le avalan, pero no es lo mismo.

No hace falta imaginar tanto para encontrar una situación parecida completamente real. Pero sí hay que viajar a, literalmente, el otro lado del mundo. Concretamente a Melbourne, donde, como cada año por estas fechas, se está disputando el Open de Australia en varias pistas de la ciudad. Entre ellas, el Margaret Court Arena, pabellón con capacidad para 7.500 espectadores, el tercero más grande del complejo polideportivo que acoge la competición.

Todo aficionado al tenis con un mínimo de interés por la historia de su deporte está familiarizado con este nombre. La señora Court, australiana de Perth que ahora tiene 77 años y estuvo en activo en los ‘60 y ‘70 del siglo pasado, mantiene aún hoy el récord de campeonatos de Grand Slam ganados: 24 en categoría individual, 19 en dobles y 21 en dobles mixtos, para un total inigualable de 64 victorias. Su palmarés es especialmente legendario en el Open de su país, que conquistó en solitario 11 veces, siete de ellas de manera consecutiva entre 1960 y 1966. Se mire como se mire, Court es un mito viviente del tenis. Por ese motivo, en 2003 las autoridades decidieron darle su nombre a la pista, algo a lo que nadie se opuso.

Sin embargo, a partir de 2012 han ido apareciendo peticiones para que se le retire este honor, que en los últimos años se han hecho cada vez más intensas. La razón es que, sin exageración alguna, Court se ha convertido en una integrista cristiana. Aunque se crio como católica, a partir de los ‘70 se pasó al pentecostalismo, una rama protestante que aporta las mismas pruebas sobre la existencia de Dios (es decir, ninguna) pero es mucho más vehemente a la hora de defender conceptos como la salvación, la curación mediante la fe y la futura vuelta de Cristo (para la cual, astutamente, no ha puesto fecha, lo que fuerza a los creyentes a vivir en un estado de fervor religioso continuo).

Court no solo es devota, sino que se ha implicado activamente: hizo estudios teológicos en los ‘80, en 1993 se ordenó sacerdotisa (aprovechando que, a diferencia del catolicismo, otras confesiones cristianas no vetan a las mujeres para este cargo) y desde entonces se ha dedicado a la prédica tanto en su propia iglesia como en la televisión, con cierto renombre mediático dada su condición de antigua estrella del deporte.

El conflicto viene porque los puntos de vista de Court son extremadamente radicales para según qué temas. El colectivo LGTBI le genera una repulsa visceral, hasta el punto de haberse convertido en una de las principales activistas en Australia contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, que allí es legal desde finales de 2017 aunque venía debatiéndose desde años antes. La que fuera gran campeona habla de los gays como personas que realizan “prácticas sexuales abominables” e incluso ha llamado al boicot a compañías que se mostraron a favor de la legalización, como la aerolínea Qantas, la más importante del país.

El tenis, sin embargo, siempre ha sido un deporte bastante tolerante con la homosexualidad. De hecho, hay casos de competidoras de élite abiertamente lesbianas, como la propia Navratilova o la estadounidense Billie Jean King, que fue una de las grandes rivales de Court en la época. Por eso mismo hay voces desde dentro que piden que la pista cambie su nombre, y sugieren para reemplazarlo el de otra vieja gloria de la raqueta australiana: Evonne Goolagong, mujer de familia aborigen quien también compitió en aquella época y ganó hasta 11 Grand Slams. Históricamente está un escalón por debajo de Margaret, pero también fue una tenista grandísima, número 1 del mundo, y su figura plantea menos inconvenientes éticos (de hecho, al contrario, sirve para reivindicar a los pueblos originarios del continente, históricamente sujetos a discriminación).

Esta es la razón de que Navratilova y McEnroe, tras disputar un partido de exhibición de veteranos, se acercaran a la silla del juez con intención de usar su micrófono para dar un discurso reivindicativo. Pero justo cuando Martina llevaba apenas 10 segundos hablando, se desconoce si por accidente o de forma deliberada, se cortó la señal. Así que decidieron sacar la pancarta que traían preparada, pintada intencionadamente por la propia Martina con un estilo y diseño que evoca la cultura aborigen. McEnroe ya se había pronunciado al respecto anteriormente a través de un vídeo en el que decía que “lo único más largo que la lista de victorias de Court es su lista de declaraciones ofensivas y homófobas”. Y Navratilova había publicado un artículo en el que argumentaba el cambio de nombre de la pista alegando que el discurso homófobo de Margaret “no es libertad de expresión, sino que es injurioso y dañino contra una cantidad incalculable de personas vulnerables”.

La protesta no ha sentado nada bien a los organizadores del campeonato, quienes emitieron un comunicado con el que, aunque reconocían que están a favor de “la diversidad, la inclusión y el derecho de la gente a tener una opinión y a darla a conocer”, también recordaban que hay “protocolos de uso de las instalaciones para todos los fans, jugadores e invitados, para asegurar la integridad del torneo”. De ahí que, según dijeron, “gestionarían el asunto” con los dos implicados. Por su parte, Navratilova y McEnroe afirmaron desconocer la existencia de tales protocolos y pidieron disculpas por su comportamiento... pero insistieron en que la pista debería cambiar su nombre.

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