Martina Cariddi, de 'Élite' a la fama

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Photo credit: Foto: Dario Aranyo.
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«Mi abuela siempre me dice: “Cuanto más te conozco más te admiro. Ojalá estuviese aquí tu abuelo”», cuenta Martina Cariddi (Madrid, 2001). De él ha heredado la vena filosófica. Y es que, para la actriz, cada respuesta equivale a montones de preguntas. A punto de cumplir 21 años, es imagen de Givenchy y su papel en Élite la ha convertido en un referente para la Generación Z –aunque antes de conquistar al mundo como Mencía Blanco, su personaje en la serie de Netflix, ya pasó fugazmente por El guardián invisible, Cuéntame y Mientras dure la guerra, de la mano de Alejandro Amenábar–. Su primer contacto con la interpretación fue a los ocho años. Entonces lo supo: quería seguir esta carrera y ser ella misma sobre el escenario. La libertad fue un caramelo al que esa niña no se resistió... Hoy puede decir que eligió bien.

En Élite interpretas a la alumna más rebelde de Las Encinas. Además, junto a Rebe, formas la primera pareja de dos mujeres que aparece en la serie...

Desde que leí el guion me encantó la idea de dar visualización a una historia así: la de dos adolescentes que en ningún momento se plantean lo que el resto opina.

¿Qué compartes con ese personaje?

Antes muchas más cosas, ahora menos, pero en mi adolescencia era como ella. Siempre se comparte la energía con los personajes, y este tiene mucha luz; me gusta pensar que se la he puesto yo. Las dos somos muy impulsivas, seductoras, rebeldes y nos gusta evadirnos.

Ella es muy valiente y lanzada. Sin embargo, le cuesta abrirse. ¿A ti te es difícil exteriorizar los sentimientos?

Sí, pero también es que ahora se habla de cosas que la generación de mis padres o de mis abuelos no trataba. Está mucho más normalizado ir al psicólogo, y se tratan más temas desde un lugar más adulto y científico. Pero, por otra parte, las redes sociales están afectando a nuestra manera de relacionarnos. La gente se coarta a la hora de decir muchas cosas. Hemos desarrollado una serie de filtros a través del teléfono, y los trasladamos a la vida real: todo el rato estamos pensando en qué dirán los otros. Con las redes sociales se magnifica, hay mucha más inseguridad a la hora de abrirse emocionalmente.

Hay un momento en el que Mencía cambia radicalmente por la culpa. ¿Nos impide ese sentimiento avanzar?

Sí, por supuesto. El miedo está en el pasado siempre, y viene a raíz de experiencias que hemos tenido. No se puede ver, no se puede tocar. Es un mecanismo de defensa. A Mencía la hemos trabajado desde la culpa. Incluso esa manera que tiene de relacionarse tan seductora también viene de ahí. Todos nos ponemos una coraza a la hora de relacionarnos, y la suya es la de la seducción.

Si su coraza es la seducción, ¿cuál es la tuya?

Me he relacionado mucho desde la seducción, sobre todo con los hombres heterosexuales. Pero por primera vez en mi vida no lo hago, porque me he parado a pensar quién soy, quién quiero ser y de qué manera quiero interactuar con el mundo. Parece que todo me da igual, que nada me afecta, aunque en realidad todo me afecta, todo me duele, todo me hace daño... Y lucho contra eso cada día.

Photo credit: Foto: Dario Aranyo.
Photo credit: Foto: Dario Aranyo.

Imagino que la fama te expone a todo mucho más. ¿Cómo te manejas con el hecho de haberte convertido en uno de los rostros del momento?

Sí, eso me afecta cada vez más. Me hace mucha gracia la frase «se le ha subido la fama a la cabeza». No creo que a nadie se le pueda subir la fama a la cabeza, lo que sucede es que estar en el punto de mira hace que todas tus inseguridades crezcan, y nos vamos poniendo corazas distintas. Estar en el foco implica que todo el mundo hable de ti, bien o mal, y es muy difícil que eso no te afecte.

¿Y cómo haces para gestionar los vaivenes emocionales?

Lo que más me ayuda es estar conmigo misma. Ahora vivo sola, y me gusta estar en mi casa, cuidarme y preguntarme cómo estoy cada día y cómo me siento. También estoy haciendo mucho pilates, yoga y meditación para estar en contacto con mi cuerpo y con mi respiración.

Utilizas el apellido de tu madre y de tu abuelo en un homenaje a tus raíces italianas. ¿Qué te han enseñado?

A las madres deberíamos ponerles un templo. De la mía lo he aprendido todo. Mi abuelo falleció cuando yo tenía un año, pero le siento muy cerca. Siempre he pensado que me protege. Antes de morir, le dijo a mi madre que quería enseñarme filosofía. Nació en el sur de Italia y su padre, que era zapatero, le obligaba a trabajar, así que él se escapaba para colarse en el colegio. Consiguió estudiar Filosofía y Pedagogía, escribía poesía e intentó dedicarse a la política.

¿Crees en el destino? ¿Cuál es el tuyo?

No sé cuál será, pero sí sé que todo pasa por algo y todas las vivencias nos ayudan a avanzar y a vencer.

¿Y en el horóscopo? Eres géminis...

Ascendente sagitario y signo lunar virgo. Es heavy, porque conocer mi carta astral me ha ayudado a descubrirme.

Has vivido mucho en muy poco tiempo. Si pudieras volver atrás y darte un consejo, ¿qué te dirías?

Que hiciese caso a mi intuición y a mi cuerpo, y que tuviese cuidado con las personas que se acercan a mí.

¿Cuáles son tus prioridades?

Ahora mismo, mi salud mental y física, porque eso es lo que va a condicionar mi manera de relacionarme con los demás, de trabajar y de prácticamente de todo.

Además, te has ido a vivir a Ibiza para alejarte del ruido y la contaminación. ¿De qué manera cuidas el planeta?

Hago todo lo que puedo: reciclo, estoy reduciendo el consumo de carne, trato de no utilizar plástico... También voy a manifestaciones por el cambio climático y colaboro con Greenpeace. Pero la transición tiene que venir de las grandes esferas, porque nosotros individualmente no podemos cambiar las cosas a menos que nos juntemos todos.

¿Qué nos diría la Tierra si pudiera hablar?

Lo que cantaba Bebe: «Que tiene fiebre, necesita medicina y un poquito de amor que le cure la penita que tiene».

También te implicas con el activismo feminista. ¿Cuáles son tus armas para intentar cambiar el mundo?

No sé si seré actriz toda mi vida, pero quiero involucrarme en causas sociales y medioambientales. Por ahora, lo hago en mi día a día. Al final todo tiene que ver con la desinformación. Todos tenemos comportamientos machistas porque nos hemos criado en una sociedad patriarcal. Se trata de informarse para saber identificarlos. Yo empecé a darme cuenta a los 15, gracias al Liceo Italiano, donde había un grupo de debate en el que hablábamos de diferentes temas en torno al patriarcado.

Photo credit: Foto: Dario Aranyo.
Photo credit: Foto: Dario Aranyo.

¿Todo esto te condiciona a la hora de buscar personajes?

Claro, me gusta los que tienen una realidad detrás. Ahora quiero encontrar historias reales, bonitas, delicadas...

¿Hay algo por lo que te mueras por hacer?

¡De mala! Me encantaría interpretar un personaje muy malo o quizá con algún problema psicológico. Quiero explotar la actriz que llevo dentro y hacer algo muy loco. Quiero conseguir superarme a mí misma.

¿Y cómo lo vas a conseguir?

Estoy escribiendo un libro, pero voy muy despacio. Es algo muy personal, reflexiones del día a día sobre temas concretos. Quiero ser creativa, no vivir condenada a mi propia exigencia. Después, como actriz, estoy buscando cosas que me gusten, y me apetece hacer teatro.

También colaboras con grandes marcas con tu imagen. Si digo Givenchy, ¿qué te viene a la cabeza?

El rojo, porque, además de ser el color con el que más se identifica a la marca, es mi favorito. Cuando quiero verme un poco más guapa, me pinto los labios de rouge.



Photo credit: Foto: Dario Aranyo.
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¿Qué significa para ti ser embajadora de la firma?

Jamás me habría imaginado que me lo pidieran. Cuando decides que quieres ser actriz no piensas en esta parte. Está siendo un viaje muy divertido y muy gratificante.

¿Cuáles son tus imprescindibles?

Siempre uso el labial Le Rose Perfecto, que me encanta, y la crema hidratante Ressource. ¡Son adictivos!

Cuéntame alguna anécdota made in Givenchy.

Hay algo que me encanta: todo el mundo me dice que huelo superbien... Utilizo L’Interdit. Mi olor corporal, de alguna manera, es parte de Givenchy. ¡Como Audrey Hepburn! n

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