"Dejad que me explique": por qué las películas de Marvel no son cine para Martin Scorsese

El pasado mes de octubre, Martin Scorsese fue arrojado al ruedo mediático por motivos muy ajenos al estreno de su última película, El irlandés –que podremos ver desde el 15 de noviembre en cines selectos y a partir del día 27 en Netflix. Y es que, durante una entrevista con la revista Empire, el cineasta de 76 años aseguró que no había sido capaz de ver ninguna película de Marvel y que consideraba que no eran cine.

Martin Scorsese ha publicado un extenso artículo explicando en detalle por qué en octubre realizó aquellas polémicas declaraciones contra Marvel y en cine de franquicias en general. (Imagen: © 2019 Tribeca Film Festival - Image.net / Walt Disney Studios)

Aquella opinión personal fue tomada como un ataque directo contra la factoría de Disney y Marvel Studios, y pronto recibió una oleada de críticas –aunque también la defensa de personalidades de la industria como Francis Ford Coppola, e incluso la de alguien tan próximo a Disney/Marvel como Jon Favreau. Pero lejos de retractarse, Scorsese contraatacó añadiendo que “los cines están siendo convertidos en parques temáticos” –un desprecio por las cintas de superhéroes que no es tan excepcional dentro de la industria como podría pensarse.

Pero ahora, en un artículo firmado por el propio neoyorkino y publicado por The New York Times, Scorsese ha pedido que le dejen explicarse con respecto a sus controvertidas declaraciones –que, si bien no niega haber realizado, sí insiste en que no tenían intención de insultar ni mover al odio a Marvel.

Muchas películas de franquicia están hechas por personas de considerable talento y destreza. Eso se puede ver en la pantalla. El hecho de que esas películas en sí no me interesen es una cuestión de gusto y temperamento personal. Sé que si yo fuese más joven, si hubiese alcanzado la mayoría de edad más tarde, estas películas podrían haberme entusiasmado e incluso podría haber querido hacer una yo mismo. Pero crecí cuando crecí y desarrollé una idea de las películas –de lo que eran y lo que podían llegar a ser– tan alejada del universo Marvel como lo estamos en la Tierra de Alpha Centauri”.

EL CINE DE ANTES

Pero tras aclarar que sus palabras solo expresaban una opinión libre y subjetiva, Scorsese no renuncia a explicar por qué su visión del cine difiere tanto de la que tienen los creadores –y particularmente los ejecutivos– del Universo Cinematográfico Marvel y otras franquicias similares.

El cine era una revelación estética, emocional y espiritual. Trataba de personajes –la complejidad de las personas y de sus naturalezas contradictorias y a veces paradójicas, de la forma en que pueden hacerse daño y amarse y súbitamente verse enfrentadas a sí mismas”.

Se trataba de confrontar lo inesperado en la pantalla, en la vida que ésta dramatizaba e interpretaba, y en agrandar el sentido de lo que es posible en esta forma de arte”.

HITCHCOCK: LA UNIÓN DEL ARTE Y EL ENTRETENIMIENTO

Y he aquí el concepto clave en el que Scorsese quiere incidir: el cine como “forma de arte” y no solo como mero entretenimiento –aunque ambas intenciones no deberían estar reñidas, como demostraría el cine de Alfred Hitchcock.

Nosotros defendimos el cine como algo igual a la literatura, la música o la danza. Y llegamos a la conclusión de que el arte podía encontrarse en diferentes sitios y en diferentes formas”.

Por ejemplo, en las películas de Alfred Hitchcock –supongo que podría decirse que Hitchcock era en sí mismo una franquicia. O que era nuestra franquicia. Cada nueva película de Hitchcock era un evento. Estar en un cine lleno, en una sala antigua, viendo La ventana indiscreta, era una experiencia extraordinaria: un evento creado por la química entre el público y la propia película, algo electrizante”.

Y en cierto sentido, las películas de Hitchcock también eran como parques temáticos. Pienso en Extraños en un tren, donde el clímax tiene lugar en un carrusel dentro de un parque de atracciones real, o en Psicosis, que vi a medianoche el día de su estreno, una experiencia que nunca olvidaré. La gente iba a sorprenderse y emocionarse, y no salían decepcionados”.

Scorsese menciona estas y otras películas de Hitchcock –como Con la muerte en los talones / North by Northwest– como ejemplos de un matrimonio feliz entre arte y entretenimiento. “No serían más que una sucesión de composiciones y cortes dinámicos y elegantes sin las dolorosas emociones que constituyen el centro de la historia, o sin el absoluto desamparo del personaje de Cary Grant”.

De igual forma, “el clímax de Extraños en un tren es un gran espectáculo, pero únicamente la relación entre los dos personajes principales, y la interpretación profundamente inquietante de Robert Walker, hacen que la escena siga resonando hoy”.

EL RIESGO DE NO TENER RIESGO

Scorsese reconoce que muchas películas de Hitchcock parecen ser “más de lo mismo”, pero que esa uniformidad está muy lejos de la que vemos en el actual cine de franquicias. “Lo que les falta es revelación, misterio o verdadero peligro emocional. No hay nada en juego. Esas películas se hacen para satisfacer una serie de demandas específicas y se diseñan como variaciones de un número limitado de temas”.

Se las llama secuelas, pero son realmente remakes, y todo en ellas está aprobado oficialmente porque no pueden ser de otra forma. Esa es la naturaleza de las modernas franquicias de cine: hechas con estudios de mercados, con pruebas de audiencias, vetadas, modificadas, re-vetadas y re-modificadas hasta que están listas para su consumo”.

Por supuesto, Scorsese no piensa que la estrategia principal de los grandes estudios defina todo el cine del siglo XXI, y menciona como contra-ejemplos a cineastas como Paul Thomas Anderson, Claire Denis, Spike Lee, Ari Aster, Kathryn Bigelow o Wes Anderson. “Cuando veo una película de alguno de esos cineastas, sé que voy a ver algo absolutamente nuevo y que me transportarán a zonas inesperadas e incluso innombrables de la experiencia. Van a expandir mi idea de lo que es posible al contar historias con imágenes en movimiento y con sonidos”.

LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CARTELERAS

¿Cuál sería, pues, el problema que vería Scorsese en una hipotética coexistencia de las películas de Marvel con otro cine más adulto y/o autoral? “Hoy las películas de franquicia son nuestra elección primaria cuando queremos ver algo en la gran pantalla. Corren tiempos peligrosos para la exhibición cinematográfica y hoy hay menos cines independientes que nunca. La ecuación se ha invertido y el streaming se ha convertido en el principal sistema de distribución. Y con todo, aún no he conocido a ningún cineasta que no quiera diseñar sus películas para la gran pantalla, para que sean proyectadas ante un público en una sala de cine”.

Por supuesto, Scorsese es consciente de que podrían tildarle de contradictorio o hipócrita por haber rodado para Netflix El irlandés –una cinta que tendrá un breve y simbólico recorrido en salas, para inmediatamente después llegar al servicio online del gigante del streaming. “Solo Netflix nos permitió hacer la película como teníamos que hacerla, y por ellos les estaré eternamente agradecido. Tenemos una ventana de distribución en salas, lo cual es genial”.

Pero, ¿me gustaría que la película se exhibiera en más salas de cine durante periodos de tiempo más largos? Por supuesto que sí. Sin embargo, no importa con quién hagas la película, el hecho es que las pantallas de la mayoría de multicines estarán repletas de películas de franquicia”.

Además, Scorsese niega que se trate de una simple cuestión de oferta y demanda, de “dar a la gente lo que quieren ver”.

Es el problema del huevo y la gallina. Si a la gente solo le dan un tipo de casa e incesantemente solo le venden ese tipo de cosas, por supuesto que acabarán queriendo más de esa cosa”.

CINE VS. ENTRETENIMIENTO AUDIOVISUAL

En definitiva, para Scorsese lo triste no es que hoy no se puedan ver nuevas películas dirigidas a un público adulto, sino que cada vez sea más difícil hacerlo en una sala de cine –el lugar de exhibición para el que fueron concebidas. No obstante, el cineasta considera que el dominio absoluto de las franquicias ha traído un cambio aún más nocivo y que afecta a la propia naturaleza de las historias que se cuentan: “la gradual pero firme eliminación del riesgo”.

Muchas películas de hoy son productos perfectos, manufacturados para su consumo inmediato. Muchas de ellas son obra de equipos de personas talentosas. Y a la vez, les falta algo esencial en el cine: la visión unificadora de un artista individual. Porque, por supuesto, el artista individual es el factor de mayor riesgo”.

Tras rechazar que la solución pueda venir desde la subvención pública al cine –cosa que nunca ha tenido cabida en EEUU–, Scorsese lamenta la pérdida de esa “tensión entre los artistas y las personas que llevan el negocio” que, según él, ha producido algunas de las mejores películas de la historia.

Hoy esa tensión ha desaparecido, y en la industria hay algunos que sienten una absoluta indiferencia hacia la cuestión del arte y la historia del cine, con una actitud que es a la vez despectiva y corporativa –una combinación letal”.

La situación, tristemente, es que hoy tenemos dos campos separados: el entretenimiento audiovisual global, y el cine. Aún a veces se solapan, pero esto es cada vez más raro. Y temo que el dominio financiero de uno se está empleando para marginar y empequeñecer la existencia del otro”.

¿EL FIN DE UNA ERA?

Scorsese cierra su artículo con un tono apocalíptico que puede interpretarse como pura y simple elegía o como una llamada de socorro ante una situación límite: “Para cualquiera que sueñe con hacer películas y que esté empezando, la situación actual es brutal e inhóspita para el arte. Y el mero acto de escribir estas palabras me llena de una tristeza terrible”.

La última (en sentido de más reciente, esperemos) película de Scorsese, El irlandés, llegará a algunas salas de cine el próximo 15 de noviembre y aterrizará en Netflix el día 27.

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