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El arte de la cosecha del azafrán en Marruecos

En la imagen, una familia separa los pistilos de los pétalos de rosas de azafrán tras cosecharlas en Askaoun, una pequeña aldea cerca de la ciudad de Taliouine, en las montañas del Medio Atlas de Marruecos. (Foto: Mosa'ab Elshamy / AP).

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Con 6,8 toneladas al año, Marruecos es uno de los cinco principales productores mundiales de azafrán y en algunas aldeas aisladas de la cordillera del Atlas, en las que el suelo es árido, se trata de su único medio de subsistencia. De su cosecha, que tiene lugar durante unas fechas muy precisas del otoño, entre finales de octubre y principios de noviembre, se encargan principalmente las mujeres mayores.Lo viven como un auténtico acontecimiento pese a que se trata de un trabajo duro. Cantan y conversan entre ellas mientras se agachan para recoger una a una las flores de un intenso color lila antes de llevarlas rápidamente a casa, donde las familias separan los pistilos de los pétalos.

La recogida debe realizarse poco después del alba, soportando el frío de la mañana, ya que más tarde el azafrán florece y sus pistilos quedan inservibles. Estos, tras ser separados, se dejan secar al sol hasta alcanzar un nivel de humedad muy preciso para que no se rompan las hebras ni se pierda su aroma.

La laboriosidad de su recogida hace del azafrán un producto tan preciado y caro. Sin embargo, los recolectores solo reciben una pequeña cantidad de dinero y el clima puede causar estragos. Este año la cosecha ha descendido un 50% en Marruecos debido a la falta de precipitaciones y al descenso de las temperaturas.

Pese al alto precio del azafrán, estas remotas aldeas del Atlas marroquí en las que se cultiva no han salido de la pobreza. No cuentan ni siquiera con carreteras asfaltadas y los centros de salud más cercanos se encuentran a horas de trayecto.

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