Mario Casas y Leonardo DiCaprio, dos estrellas con algo especial en común

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Lo tenía más que merecido. Mario Casas ganó por fin el Goya a mejor actor después de haber sido injustamente “olvidado” en el pasado, y gracias a su magnífico trabajo en No matarás. Ese joven actor que lleva años entregándose de lleno a sus personajes ha conseguido su primer cabezón (y a partir de la primera nominación de su carrera), rompiendo una mala racha que lo encumbra definitivamente como el Leonardo DiCaprio del cine español.

Una comparativa que no solo de debe a que ambos ganaron un premio que se resistió durante años. Porque, en realidad, tienen mucho más en común de lo que uno pensaría a primera vista.

(RTVE / Jordan Strauss; Gtres)
(RTVE / Jordan Strauss; Gtres)

No cabe duda que hay comparaciones evidentes. Los dos empezaron en televisión, son guapísimos y se labraron un lugar en la industria como ídolos adolescentes (las de carpetas que han forrado sus rostros sería incontable). Ambos se abrieron camino como actores serios a base de arriesgarse con personajes intensos y diferentes a esos ídolos pasajeros que el mercado les ofrecía continuamente, sin embargo, sufrían el "olvido" constante de las adademias de sus países. Por más que Leo y Mario se arriesgaban, el Óscar y el Goya no llegaban, y a diferencia de otros artistas las ausencias de sus nombres en las listas de nominados o ganadores siempre terminaba siendo noticia.

Además, los dos sufren el acoso de la prensa del corazón cada vez que su vida personal recibe un nuevo amor, y tienen una legión de fans en diferentes rincones del mundo. Pero hay más. Un detalle muy especial que ha servido de influencia para que los dos alcancen los merecidos premios: el apoyo incondicional del público y la crítica.

Que la audiencia y la prensa especializada coincida cuando se trata del mundo del cine no suele ocurrir a menudo. Creo que son más las veces que difieren en gustos y opiniones, que aquellas en las que coindicen. Pero casi nunca cuando se trata de Leo o Mario.

El propio actor español lo reconoció en su discurso tras ganar el Goya en la noche del sábado. Después de agradecer a su familia, al equipo de la película y su coach Gerard Oms, fue el turno de dar gracias al público. “Muchísimas gracias porque me lleváis apoyando desde hace 15 años, y me habéis llevado a donde estoy ahora mismo. Me habéis apoyado desde el principio” dijo desde su casa. Algo muy similar a su discurso días atrás en los Premios Feroz al recoger el mismo reconocimiento: “Los críticos y la gente especializada en el cine lleváis apoyándose desde años atrás, lo que me ha hecho seguir trabajando y esforzándome día a día”.

En el caso de DiCaprio, desde que se convirtiera en ídolo de masas con Romeo y Julieta (1996) y Titanic (1997), el público comenzó a apoyarlo de manera incondicional, yendo a ver todas o la mayoría de sus películas sin importar el género, temática o idea. Los resultados de taquilla lo demuestran, donde encontramos muy pocos fracasos económicos. Y lo mismo pasó con la crítica. Desde ¿A quién ama Gilbert Grape? (1993), la prensa del mundo del cine no pudimos quitarle los ojos de encima y somos muchos los periodistas que llevamos apoyando su talento desde entonces. Incluso, también son numerosos los medios que han escrito sobre las injustas veces que no alzó el premio Óscar o lo mucho que tardó la Academia en premiarlo finalmente (recién lo ganó en 2016 por El renacido tras otras cuatro nominaciones desde 1994).

Y lo mismo pasó con Mario Casas en España. Si Leo tuvo a Jack y Romeo como tirón carpetero, Mario tuvo a Hache de Tres metros sobre el cielo (2010) y su secuela. Después de haberse ganado a gran parte del público con su papel de enamorado no correspondido en Los hombres de paco, cuando el cine tocó a su puerta lo hizo por la puerta grande. Fuga de cerebros, Mentiras y gordas y Carne de neón alimentaron la vorágine juvenil a su alrededor para de golpe desprenderse con su primer personaje alejado de imagen de ídolo adolescente con Grupo 7.

Si DiCaprio encontró personajes diferentes de la mano de Martin Scorsese, Mario lo hizo junto a Álex de la Iglesia, quien supo exprimir rincones de su talento que hasta él mismo desconocía, como su naturalidad para la autoparodia, la comedia y el riesgo a probar ideas distintas.

Y en el proceso consiguió algo inusual, pero que también logró DiCaprio: que ese público que lo apoyaba como ídolo juvenil de masas creyera en él y no dejara de seguir sus pasos, mientras la crítica especializada veía cómo su talento iba evolucionando con cada película. Hizo que fuera imposible que sus fans y la crítica dejara de seguirle la pista. Con La mula, Las brujas de Zugarramurdi y Contratiempo, nos hizo ver que había mucho más en su talento de lo que habíamos visto hasta entonces. Ese talento estaba creciendo y madurando y, de seguir así, tenía todas las papeletas para traernos cosas aun mejores. Y no nos equivocábamos. Ni la crítica ni los espectadores que siguieron confiando en él.

Se convirtió en el Christian Bale español al ceder su físico a la orden del cine, subiendo y bajando de peso a su antojo según lo pedía un personaje. Y en Bajo la piel del lobo y El fotógrafo de Mauthausen nos dejó boquiabiertos. Su entrega dramática fue máxima, y fueron muchos los fans y prensa que pusimos el grito en el cielo cuando la Academia de cine española ni siquiera lo nominó por dichos trabajos. Sin embargo, volvió a sorprender en 2020 con El practicante y luego con No matarás, un thriller oscuro donde Mario carga con todo el peso de la trama. Y, por fin, llegó el Goya.

A Mario le costó conseguirlo, así como a Leo le llevó varios años alzar el Óscar que tanto se le resistía. Los dos vieron cómo sus academias los dejaban de lado cuando el público y la prensa alababan sus trabajos, pero tarde o temprano todo esfuerzo tiene su recompensa.

Uno nació en La Coruña hace 34 años, el otro en Los Angeles hace 46, y si bien las comparaciones son odiosas, y ciertamente Leo y Mario son actores diferentes en estilo y elecciones, los dos tienen algo que muchos actores no tienen: un apoyo incondicional unánime. Y eso, en la carrera de un actor, vale más que cualquier premio disponible en el mundo.

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