Marina Llorca: “Un TCA va mucho más allá de tener un problema con la comida, es un estado mental“

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Photo credit: Esmara
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Si entras en el perfil de Instagram de Marina Llorca, jamás pensarías que esa chica que posa semidesnuda frente a sus 235 mil ‘followers’ ha tenido problemas de autoestima. Pero sí. El suyo es un caso de superación, de esos que nos dan alas para creer en que sí se puede. Se puede recuperar el amor propio incluso cuando hace muchos años que te ha abandonado. Ese mensaje es lo que trata de transmitir la ‘influencer’ de ‘body positive’ tanto en sus ‘posts’ como en en su libro, ‘El arte de quererse’.

Llorca sufrió un trastorno de conducta alimentaria que empezó en su adolescencia. Ahora, tras años de lucha con su físico, ha conseguido reconciliarse con él y dedicarse a lo que más le gusta: la moda. Además de lanzar su propia marca de baño, Atria, es imagen de firmas como Esmara (de Lidl), de la que protagoniza su última campaña junto a la actriz Macarena Gómez y la futbolista Ludmila da Silva.

Hablamos con la marbellí de un montón de temas sobre los que no nos viene nada mal reflexionar antes de ponernos el bikini este verano: desde la importancia de la salud mental en los problemas alimenticios hasta la polémica de Kim Kardashian y el vestido de Marylin.

¿Cuál es tu prenda favorita de la colección de verano de Esmara?

Me encanta la calidad de su ropa y la variedad de opciones que tienen dentro de los básicos. Son prendas muy versátiles en tonos prácticos para el día a día: beis, azul marino, rosa palo… Pero, sin duda, mi favorito es el mono con estampado de flores, porque es muy cómodo y sienta fenomenal. Aunque también me encantan los vestidos, que son mi prenda estrella, con la que me siento mejor. Lo que para algunas son los vaqueros, para mí son los vestidos.

Photo credit: Esmara
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También has lanzado tu propia firma, Atria, pensada para todo tipo de cuerpos, ¿crees que todavía falta diversidad en la moda?

Sí, cada vez hay más marcas que se están poniendo las pilas y en España se está haciendo bien, pero vamos más lentos que en otros países, como Estados Unidos. Pero sí que hay muchas firmas —como Esmara o como la mía— que apuestan por hacer un tallaje inclusivo, por incluir prendas diferentes para todo tipo de cuerpos sin hacer distinciones... Hay que seguir trabajando en ella y dando guerra, pero reconforta que haya equipos que apuesten por todo eso.

¿A ti siempre te ha gustado la moda?

Sí, a mí desde muy pequeña me apasionaba, era una friki absoluta de diseñadores, desfiles, revistas… Lo que pasa es que en la época de mi infancia y mi adolescencia pasé por problemas de alimentación y tenía muchas inseguridades con mi cuerpo, así que nunca me imaginé delante de la cámara. Me gustaba desde la distancia. Y fíjate las vuelta de la vida, cómo he terminado.

¿Esa historia la cuentas en tu libro ‘El arte de quererse’?

Sí, cada capítulo trata un tema. En el primero, explico cómo la infancia y la adolescencia son etapas determinantes en nuestra autoestima. Ahí, por ejemplo, cuento mi experiencia personal. En el segundo capítulo, hablo de la alimentación, obsesiones con la comida, la distorsión de la imagen corporal… Y, según vamos avanzando, vamos abriendo melones, el lector también se implica porque es un libro muy interactivo, tiene actividades y retos. Te invita a que te mojes tú también, a que te revises.

Has sufrido un trastorno de conducta alimentaria (TCA), ¿en qué momento te das cuenta de que algo no va bien?

Al principio no era consciente, porque llegas a normalizar todo. Mi TCA empezó en la adolescencia, aunque ya arrastraba de antes problemas de inseguridades que se agravaron cuando un chico se dedicó a insultarme y hacerme la vida imposible. Hasta que llegó un punto de no retorno en el que mi visión de mí misma estaba determinada por lo que él dijera. Entonces ahí entré en un bucle en el que me obsesioné con estar delgada. Llegué a perder mucho peso, usaba una talla 38 y, aún así, no podía parar. Fui a un nutricionista, pero no por salud, sino solo por adelgazar. Así que empecé a darme cuenta de que algo no estaba funcionando, pero no toqué fondo hasta 10 años más tarde, con 25, cuando supe que si no hacía algo, eso iba a acabar conmigo. Entonces, tomé la decisión de pedir ayuda e intentar salir.

Llevaba en guerra con mi cuerpo toda la vida, luchando para intentar cambiarlo

¿Qué fue lo más importante para ti en el proceso de reconciliarte con tu cuerpo?

Yo llevaba en guerra con mi cuerpo toda la vida, luchando para intentar cambiarlo, entonces destacaría la paciencia, porque no es un proceso de la noche a la mañana, sino que lleva años. Me di cuenta de lo mal que me trataba a mí misma, era mucho más dura y exigente conmigo que con el resto de la gente. Fue, como digo yo, una catarsis: romper con ideas que tenía totalmente integradas y, poco a poco, ir abriendo la mente, cambiando pensamientos y revisando todo lo que había aprendido desde que era adolescente.

¿Cuánto crees que influye la salud mental a la hora de querernos tal y como somos?

Casi el 100%. Un TCA va mucho más allá de tener un problema con la comida, es un estado mental en el que tú te percibes de forma diferente. Dejas de hacer planes por cómo te ves, dejas de vivir en muchos sentidos. La forma de manifestarlo es pagándolo con tu cuerpo, pero la base es la salud mental, por supuesto. Mi detonante fue la inseguridad, pero para otra persona puede ser algo totalmente diferente. Me escriben chicas con casos de todo tipo. Por ejemplo, algunas que han sido mamás y su cuerpo ha cambiado mucho, han pasado por una depresión posparto... O chicas que han salido de una relación tóxica, que han vivido situaciones de maltrato y ahora tienen la autoestima por los suelos y no saben cómo recomponerse o volver a empezar. Los motivos son infinitos.

¿Crees que la perfección que vemos en Instagram fomenta la dismorfia corporal?

Creo que las redes tienen las dos caras de la moneda. Hay una parte muy positiva en la que se habla de ‘body positive’, de amor propio… y puedes encontrar activistas tratando estos temas que no puedes ves en ningún otro lado. Pero evidentemente hay todavía muchos discursos que hay que revisar. Cuando eres un altavoz, tienes una responsabilidad sobre las cosas que dices y cómo las dices, porque te siguen muchas personas, desde adolescentes hasta mujeres adultas que pueden ser también influenciables. Aún así, intento quedarme con la parte positiva, que no es poco. Yo hubiera matado por tener a mis 15 años los referentes que tenemos hoy en día: chicas con todo tipo de cuerpos, con todo tipo de ropa o trabajando con marcas que eligen ellas.

Yo antes no me permitía esos días malos, siempre tenía que estar perfecta y eso es un desgaste emocional y mental terrible

¿Consideras que los mensajes ultrapositivos son dañinos?

Creo que esos mensajes están bien para las tazas, pero no son la realidad. Hay días geniales, que nos vemos buenorrísimas y estupendas. Y hay otros que son una mierda, y no pasa nada, son igual de necesarios que los buenos. Hay momentos que queremos estar tiradas en el sofá, que no tenemos ganas de nada, y eso es algo que tenemos que asumir. Yo antes no me permitía esos días malos, siempre tenía que estar perfecta y lista para todo. Eso es un desgaste emocional y mental terrible.

¿Piensas que los estándares de belleza nos afectan más a las mujeres que a los hombres?

Creo que históricamente, por machismo, la presión que hay hacía el físico —o incluso hacía el comportamiento— de la mujer es mucho más fuerte que la que hay hacía el hombre. Eso no significa que ellos no tengan inseguridades o no sufran trastornos de alimentación, por supuesto que sí. En la época mi abuela había que ser buena esposa, una madre ideal, tener la casa perfecta, ir bien vestida… Ahora la presión ha cambiado, ya no tenemos ese discurso, pero existen otros nuevos, como el de las operaciones estéticas extremas, que se han puesto tan de moda que son peligrosas. Yo estoy a favor de la cirugía estética, pero haciéndolo con cabeza y responsabilidad.

Me preocupa que una persona tan influyente como Kim Kardashian lance el mensaje de que se ha matado de hambre para poder cerrar un vestido

¿Qué opinas sobre la polémica de Kim Kardashian y el vestido de Marylin?

Me preocupa que una persona tan influyente como Kim Kardashian, que tiene millones de seguidores, lance el mensaje de que se ha estado matando de hambre para poder cerrar un vestido. Es decir, que el vestido no se adapta a ti, tú te adaptas a él. Hablé de esto en Instagram y salió el tema de la moda flamenca. En Andalucía tenemos muy normalizado eso de matarnos por entrar en los vestidos para la feria. Y luego tienes que estar mil horas en un traje que te está dejando sin respiración, a pleno sol. Quizás si el vestido no te entra porque tu cuerpo ha cambiado, hay que comprarse otro y no pasa nada, el anterior puede heredarlo otra persona.

¿Qué le dirías a una chica que teme el momento de ponerse el bikini e ir a la playa este verano?

Primero que la entiendo, que he sido ella muchos años. Y luego que, estando en el punto en el que esté con su cuerpo, tiene derecho a ir a la playa, a tomar el sol, a bañarse y a sentirse guapa con un bikini. Tiene la libertad de hacer lo que quiera con ella misma, aunque le digan que tiene que cambiar o que no está guapa. Al final, escuchar a esa gente es lo peor que podemos hacer, así que, aunque sea muy difícil, le diría que aparte a esas personas de su vida y empiece a trabajar en sí misma, que a veces nosotras somos nuestras peores enemigas.

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