Marilyn Monroe convirtió en un infierno 'Con faldas y a lo loco'

Se celebra el 60 aniversario del clásico “Con faldas y a lo loco” de Billy Wilder. Sin embargo, aunque la película es ya una joya del cine, ¡su rodaje fue un infierno por culpa de Marilyn Monroe!

Marilyn Monroe convirtió en un caos el rodaje de 'Con faldas y a lo loco' (Alfred Getty Images)


Si tienes una edad habrás visto ‘Con faldas y a lo loco’ y es que este clásico del cine que llevó a travestirse a Toni Curtis y al siempre genial Jack Lemmon nunca pasa de moda.

Seguro que recuerdas las desventuras de este par que, tras presenciar la matanza de San Valentín, temen por su vida y acaban disfrazándose de mujer.

Esta comedia del Hollywood dorado nos sigue divirtiendo a día de hoy pero lo que quizá no sepas es que Billy Wilder pasó un auténtico infierno al rodarla y todo por culpa de la rubia de oro, Marilyn Monroe.


El rodaje de ‘Con faldas y a lo loco’ fue un caos y es que Marilyn Monroe necesitaba tanto el dinero que firmó el contrato sin ni siquiera leerse el guión. Las facturas se la comían y necesitaba hacer películas.

La despreocupación de la actriz llegó hasta el punto en que no sabía ni que el film era en blanco y negro hasta que llegaron los primeros visitados. Eso no le gustó en absoluto pero no había nada que hacer.

Su personalidad de “bomba sensual” en la pantalla era todo un papelón y es que, como ya sabemos, Marilyn era una mujer cargada de problemas, llantos, medicación e inestabilidad emocional cosa que hacía trabajar con ella una verdadera pesadilla.


Wilder, que había jurado no volverla a contratar, lo hizo para este film porqué el papel del personaje era flojo y quería a la mejor actriz posible para interpretarlo, aunque se arrepintió.

Marilyn siempre llegaba tarde a todos los rodajes debido a su depresión y a sus cambios de humor, pedía que se repitieran las tomas hasta la saciedad porqué no se gustaba y, además, venía casi siempre borracha y con un termo de vermut bajo el brazo.

La situación era tan desastrosa que el director le plantó una pizarra con sus frases para que pudiera leerlas y así no se olvidara y, como se equivocaba a menudo, empezaba a llorar sin parar colapsando el rodaje.


Los retoques a su maquillaje debido a su llanto era constantes y algunas escenas tuvieron que ser repetidas nada menos que 50 veces.

El cineasta austriaco ha llegado a confesar que, de tanto esperar a Marilyn en el set de rodaje, aprovechaba todas esas horas para leer y, por culpa de ella, se leyó enteros “Los miserables” y “Guerra y paz”, casi nada.

Tras acabar este caótico rodaje, Wilder jamás volvió a contratar a la actriz nunca más y es que, según el comentaba, su psiquiatra le había advertido que ya era demasiado viejo y rico como para aguantar de nuevo una pesadilla como ella era.


La clave de todo, y Wilder lo sabía, es que el público amaba a Marilyn Monroe. Tanto a él como al resto del reparto les compensaba tragar con sus locuras enfermizas y tóxicas a cambio de la promoción mundial que iba a tener el film pero, ¿estaba Monroe en condiciones de trabajar? ¿No hubiese sido mejor apostar por una nueva estrella?