Margaret Atwood y Jane Goodall, dos 'Titanas' unidas por el futuro del planeta

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Photo credit: Getty y Luis Mora
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A lo largo de sus respectivos 60 años de carrera, Jane Goodall y Margaret Atwood han traducido su respeto por el mundo natural en trabajos innovadores que han cambiado el debate sobre la lucha por la justicia medioambiental. En 1960, a los 26 años, Goodall se trasladó desde el Reino Unido a lo que hoy es el Parque Nacional de Gombe, en Tanzania, para vivir y estudiar la comunidad de chimpancés de Kasakela. Allí hizo un descubrimiento monumental: que tenían personalidades y emociones únicas. Su trabajo cambió para siempre la ciencia de la primatología. Desde entonces, ha luchado por conservar el hábitat de sus queridos chimpancés, así como el de otras especies, a través del Instituto Jane Goodall y su programa mundial para jóvenes, Roots & Shoots. Para Atwood, el cambio climático ha sido durante mucho tiempo un tema fundamental de su trabajo, junto con el género, la identidad y la religión. En su clarividente novela de 1985 El cuento de la criada, las crisis medioambientales, como la radiación tóxica y los vertidos químicos, han devastado lo que antes era Estados Unidos, que se ha convertido en una oscura teocracia patriarcal totalitaria conocida como la República de Gilead. Además de escribir, Atwood colabora con la organización sin ánimo de lucro BirdLife International, de la que ha sido presidenta honoraria de su Club de Aves Raras. Este mes publicará un nuevo libro de ensayos, Burning Questions, una colección de obras de no ficción que escribió entre 2004 y 2021.

Atwood y Goodall se reunieron recientemente para hablar de la evolución de sus respectivos trabajos y de por qué es imperativo que la crisis climática siga siendo una de las principales cuestiones a las que nos enfrentamos ahora mismo en nuestras relaciones con los demás y con el mundo en general.

MARGARET ATWOOD: Cuando escribo una novela siempre decido primero en qué año nacieron las personas para saber qué les pasaba cuando tenían 10, 20 y 30años. Tú naciste en 1934, durante la Depresión. Y cuando tenías cinco años llegó la Segunda Guerra Mundial. ¿Dónde vivías entonces?

JANE GOODALL: Mi padre alquiló una casa en LeTouquet, en Francia; quería que mi hermana y yo creciéramos hablando francés, por alguna razón. Llevábamos tres meses allí cuando estalló la guerra y tuvimos que irnos. Nos fuimos a la granja de mi abuela en Bournemouth, en la costa sur de Inglaterra.

MA: ¿Cuándo empezaste a interesarte por los animales?

JG: Nací adorando observar todo lo que se arrastraba, gateaba, volaba, corría. Tuvimos un perro. Tuvimos un gato. Y en cuanto llegamos a Bournemouth, me pasé todo el tiempo observando los animales en el jardín y en los acantilados sobre el mar. Pero antes de seguir conmigo, ahora te toca a ti.

Photo credit: Amanda Edwards
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MA: Nací en el 39, dos meses después de que estallara la guerra. Mi infancia fue similar a la tuya en cuanto a la observación de animales. Estábamos en los bosques del norte de Quebec y observábamos muchas ranas y volteábamos troncos por si había un tritón o una serpiente. Mi padre era entomólogo forestal y uno de los primeros conservacionistas, durante la época en la que la gente pensaba que eras un lunático si te dedicabas a esas cosas. Yo crecí así, pero no imagino que tu familia te dijera: «Jane, queremos que te vayas a estudiar a los chimpancés».

JG: No, ¡en absoluto! La otra cosa que hice durante mi infancia fue leer libros. En aquella época si ahorrabas cupones de paquetes de cereales podías conseguir algo gratis, y mi abuela me regaló un libro, El milagro de la vida. No es para niños. Trata de la evolución y Darwin y termina con la anatomía humana. Era uno de mis libros favoritos, junto con Tarzán y el Doctor Dolittle. Tenía 10 años cuando me enamoré de Tarzán. Estaba muy celosa porque se casó con la Jane equivocada. Fue entonces cuando empezó mi sueño de ir a África, vivir con animales salvajes y escribir libros sobre ellos. Todo el mundo se reía de mí porque en aquella época las chicas no eran científicas.

MA: La conversación en torno al feminismo –o llamémosla debate, porque a menudo no es una conversación sino una pelea a gritos– viene de lejos. En los años 40 las mujeres eran muy activas en el lugar de trabajo y fuera de él, pero eso es lo que suele ocurrir con las revoluciones y las guerras: las mujeres son fundamentales mientras los hombres están fuera, y luego se les dice: «Para ti ya es suficiente. Vuelve al bungalow, y aquí tienes una lavadora para que te sientas más feliz».

JG: Cuando quise ir a vivir con animales salvajes todos se rieron de mí. África seguía siendo el continente negro. No sabíamos mucho sobre él. Fui a estudiar a los chimpancés en Gombe, Tanzania, y no pensaba en el feminismo. Al principio, los otros científicos se mostraron despectivos ante los hallazgos de esta joven, y dijeron que solo se me reconocía el mérito porque National Geographic subvencio-naba mi proyecto ya que tenía unas piernas bonitas. Si eso se dijera ahora sería un escándalo. Pero en aquel entonces, pensé: «Bueno, gracias, piernas». Aunque hubiera sido un varón los científicos me habrían rechazado porque yo sostenía que los chimpancés tenían personalidad, mente y emociones, mientras que ellos defendían que solo los humanos las tenían.

MA: Conseguiste tu sueño, pero debe de haber sido duro llegar hasta él. ¿Alguna vez piensas en tu legado, Jane?

JG: Pienso en el legado de aquellas personas sobre las que quiero construir, como Rachel Carson, Nelson Mandela, Martin Luther King Jr. y Mahatma Gandhi.

MA: Supongo que a las dos nos gustaría conseguir lo mismo, pero no considero que sea el legado de una sola persona. Tendrá que ser un esfuerzo de todos. Y eso sería preservar un planeta habitable con mucha biodiversidad. Intentemos no perder más especies, porque ya hemos perdido muchas.

JG: Ciertamente. Estamos en medio de la sexta gran extinción.

MA: Es aterrador y muy desalentador, pero si tenemos esperanza podemos generar más esperanza e inspirar a la gente a actuar. La gente que dice que estamos condenados no me interesa. No genera ningún tipo de actividad positiva.

JG: Estamos en un túnel muy oscuro ahora mismo. Tenemos el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la pandemia, la discriminación racial. Tenemos todos estos problemas. Pero justo al final del túnel, hay un pequeño destello de luz. Debemos arremangarnos y arrastrarnos, trepar y sortear todos estos obstáculos en el camino hasta llegar a nuestro destino.

Photo credit: Luis Mora
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MA: ¿Dónde has encontrado el mayor significado en tu vida?

JG: He tenido muchos momentos gratificantes con los animales, como cuando los chimpancés me perdieron el miedo después de cuatro meses. Almuerzo todos los días bajo mi haya favorita y viene un pequeño petirrojo que ahora se sienta en mi mano para comer sus migajas de sebo. Me temo que soy vegetariana, pero él no. Tener un bebé también fue increíblemente gratificante. Ver crecer a mi hijo y compararlo con los pequeños chimpancés que crecen, son tan similares.

MA: Me parece una pregunta muy difícil de responder. Creo que es gratificante que aún siga trabajando. Estoy contenta y agradecida por ello.

JG: Tu nuevo libro de ensayos, Burning Questions, sale a la venta este mes. ¿Cuáles son algunos de los temas que aborda?

MA: Es una colección de ensayos de 2004 a 2021; años bastante tumultuosos. Tuvimos el gran colapso financiero. Luego pasa por la elección de la persona cuyo nombre no se mencionará y por otros tipos de cambios sociales. Pero, por supuesto, las cuestiones medioambientales están en primer plano. Le digo a la gente que si matan los océanos, dejarán de respirar. Esa es mi forma abreviada de decirles por qué deberían hacer algo. La gente suele ser lenta a la hora de actuar hasta que les afecta.

JG: Eso es así de sencillo. Por eso decía, aunque sea horrible, el hecho de que los huracanes, las inundaciones y los incendios afecten a Estados Unidos y Europa, de repente [para los occidentales] no afectan solo a Bangladesh, la India o África.

MA: Y tanto. Los fenómenos meteorológicos serán cada vez más numerosos y fuertes. Y, por supuesto, uno de los resultados más evidentes va a ser la escasez de alimentos porque la gente está acostumbrada a cultivar ciertas cosas en ciertos lugares. Y si hay incendios, inundaciones y sequías, y temperaturas extremas, simplemente no vas a obtener la cosecha.

JG: Y por eso tenemos todos estos refugiados climáticos.

MA: Exacto. Provoca malestar social. Provoca guerras. Causa refugiados climáticos porque los lugares donde la gente está acostumbrada a vivir están siendo destruidos.

JG: Tenemos que prohibir la agricultura industrial y la pesca comercial no sostenible. Hay muchas cosas que debemos cambiar. Mi mayor esperanza son los jóvenes. Empecé nuestro programa para jóvenes, Roots & Shoots, en 1991 con 12 estudiantes de secundaria en Tanzania, y ahora estamos en más de 60 países y seguimos creciendo. Y TACARE, el proyecto de conservación dirigido por la comunidad que iniciamos en Gombe, está ahora en seis países africanos. Comenzó en 1994 con las 12 aldeas que rodean el parque de chimpancés y partió de que un grupo de tanzanos preguntara a la población local qué podíamos hacer para mejorar sus vidas. Empezamos a reforestar, pero sobre todo recuperamos la fertilidad de las sobreexplotadas tierras de cultivo y ayudamos a proporcionar mejores recursos sanitarios y educativos. Ahora tenemos becas que dan a las niñas la oportunidad de acceder a la educación secundaria, programas de microcréditos para que las mujeres puedan crear pequeñas empresas e información sobre planificación familiar.

MA: Es increíble y muy esencial. ¿Cuál es tu próxima gran cosa?

JG: ¿Te refieres aparte de la muerte? Sigo con lo que estoy haciendo. Echo de menos a mis amigos, y ellos a mí. Hace dos años que no veo a mis nietos, que están en Tanzania. No he vuelto a Gombe para ver al personal de allí. Necesito visitar los centros del Instituto Jane Goodall. De todos modos, creo que deberíamos terminar con una nota muy agradable y positiva relacionada con tu trabajo con la igualdad de género. Una vez hablé con un jefe latinoamericano que me dijo: «Nuestra tribu es como un águila. Un ala es masculina, la otra es femenina, y solo cuando las alas sean iguales nuestra tribu volará alto».

MA: Es un pensamiento maravilloso.

JG: Ha sido un placer conocerte y hablar contigo.

MA: Ahora mismo voy a buscar una foto de tus piernas.

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