María G. de Jaime y Tomás Páramo, una historia de amor más allá de las redes

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Photo credit: Leticia Díaz de la Morena
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Si no frecuentas Instagram puede que los nombres de Tomás Páramo y María García de Jaime no te resulten familiares. Quizá te suenen de refilón, junto a titulares como ‘los amigos de Victoria Federica’ -que, sí, lo son–, pero estos dos jóvenes influencers y empresarios se han labrado una carrera por sí mismos mucho más allá de sus realísimas amistades. «Somos un matrimonio de 26 años. Nos conocimos con 19 y tuvimos nuestro primer hijo a los 20», arranca Tomás en un esfuerzo por describirse ante quien no los ubique. «Nos pusimos a trabajar en caterings, de azafatos, de lo que hiciera falta, pues no podíamos vivir juntos y necesitábamos ganar nuestro propio dinero para poder hacer ciertas cosas con nuestro hijo. Pero en ningún momento entendimos que un bebé fuera a fastidiarnos la vida. Fue duro, pero nos hizo más fuertes», remata. «La verdad es que no éramos tan maduros para lo bien que actuamos –bromea María–. Tuvimos que hacer malabares para estudiar y cuidar de nuestro hijo por turnos, así que tampoco pudimos vivir la edad que nos tocaba. Fue como correr a contracorriente».

Photo credit: Leticia Díaz de la Morena
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En medio de ese huracán vital, vieron que las fotos de su recién estrenada familia tenían más interacción de la esperada en Instagram y decidieron hacer públicos sus perfiles. Hoy acumulan entre los dos casi un millón de seguidores. Puede que su magia resida en su naturalidad, en la cercanía y en el amor que se demuestran; también en esa necesidad tan nuestra de meter las narices en la vida de los demás. Pero lo cierto es que María y Tomás han conseguido armar una comunidad sólida en torno los férreos valores que defienden. «Creo que llegamos a la gente desde el corazón. Vivimos en un mundo muy frívolo, incluso nuestro trabajo lo es. Pero lejos de todo lo que se pueda decir de nosotros, somos personas normales con una vida normal. Nuestra clave está en mostrar eso y hablar de ciertos temas sin tapujos», apunta Páramo. Se refiere a una relación con Dios que nunca han ocultado y que les ha ganado tantos adeptos como detractores.

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Seis años más tarde del nacimiento de Tomás, su primer hijo (ahora han sumado a una niña de poco más de un año, Catalina), este proyecto de vida es más fuerte que nunca. Sus colaboraciones con marcas y su magnetismo en redes los han disparado al espacio público. Pero la palabra ‘influencer’ les costó asimilarla. «Antes evitábamos etiquetarnos, pero ahora lo decimos orgullosos, porque es una profesión como cualquier otra –apunta María–. A nadie en esta vida se le regala nada, y el éxito no viene de otra forma que no sea con esfuerzo». Tomás asiente y lo secunda. «Soy influencer porque llego a muchas personas, porque he conseguido crearme un nombre y trabajar con marcas gracias a mi trabajo diario. Ahora estamos recogiendo los frutos, pero esto también conlleva una responsabilidad enorme».

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Con su edad, cada día se ponen en un escenario virtual frente a miles de personas, algunas muy jóvenes, para los que su voz significa algo. Otros tantos, como si esa plataforma fuera la plaza de un pueblo, se creen con derecho a juzgar cada acción que hacen. La presión es inevitable. «A finales de 2020 quise cerrar mi perfil. Sufría mucho y me superaba la situación. Piensas en lo que vayan a decir, en la crítica constante..., pero ese punto de inflexión me ayudó a quitarme el personaje y ser yo de verdad, gustara o no», cuenta Tomás. Unos días después de esta entrevista, la pareja compartió información sobre los incendios que arrasaron Zamora este verano; esa misma noche, publicaron vídeos en el concierto de Rosalía en Madrid, y, al día siguiente, tuvieron que lidiar con comentarios de odio por hacer ambas cosas. Pero la pareja ha demostrado que su voluntad de ayudar no es mera palabrería: cuando estalló la invasión de Ucrania, se volcaron con la causa. Tomás cogió carretera y se fue a la frontera del país: «Sentí la necesidad de ayudar como pudiera. El corazón me pedía implicarme. Tenemos una responsabilidad social muy grande y no podemos quedarnos solo en lo frívolo, en las luces, porque la vida también tiene muchas sombras».

Photo credit: Leticia Díaz de la Morena
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A sus aventuras en familia han sumado este año un hito importante: el lanzamiento de su propia marca de ropa, Himba, bautizada en honor a una tribu de Namibia. Llevaban tres años soñando con este proyecto. «Quisimos cocinarlo bien hasta que tuviéramos las ideas claras», explica María, en cuyo estilo («muy personal y nada influenciable», según su chico) se inspira el universo que diseñan. «No queríamos crear una marca a corto plazo, pan para hoy y hambre para mañana; queríamos un producto atemporal que no se relacionase necesariamente con nuestra imagen, sino que fuera una firma por sí misma. Nunca se sabe cuánto tiempo tendremos nuestros perfiles, pero Himba podrá permanecer».

Photo credit: Leticia Díaz de la Morena
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Desde su llegada al estudio, ambos se muestran agradecidos con el equipo y con lo que están viviendo. «Empezar desde cero como hicimos nosotros nos ha hecho valorar el camino y todo lo que tenemos hoy. Tenemos que pellizcarnos para creernos todo esto», dice María. En la era que vivimos, podría decirse que son ídolos de masas fruto de la generación digital. Un millón de personas son mucha gente. ¿A quiénes admiran ellos? «Me inspiran quienes se esfuerzan por perseguir sus sueños», arranca Tomás. María añade: «Creo que es importante la admiración mutua que nos tenemos nosotros. Es fundamental admirar a quien tienes al lado, si no, ¿qué sentido tiene? Siento que cada vez se hace menos y eso me da mucha pena».

PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: HELENA LIÉBANAS (COOL PRODUCCIONES). PRODUCCIÓN: BEATRIZ VERA. ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: LUIS SPÍNOLA.