Manuel Martín Cuenca: “Me alegro cuando la naturaleza nos vence”

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Madrid, 24 nov (EFE).- Nunca el ser humano se ha sentido con tanto poder y derechos "para desafiar a la naturaleza" como ahora. En este contexto de aparente supremacía y desafío, el cineasta Manuel Martín Cuenca ha creado "La hija", una desconcertante y perturbadora historia que se estrena el próximo viernes en cines, protagonizada por Javier Gutiérrez, Patricia López Arnaiz y la debutante Irene Virgüez.

Después de explorar otro tipo de obsesiones en proyectos como “El autor”, “La flaqueza del Bolchevique” o “Caníbal”, el cineasta se ha sumergido en una de las obsesiones del mundo actual, la de la maternidad cueste lo que cueste, una muestra más de la creencia de que el humano vence a la naturaleza, según cuenta a Efe en una entrevista.

A través del matrimonio que no puede tener hijos y de la adolescente embarazada a la que manipulan para quedarse ilegalmente con su bebé, Martín Cuenca (Almería, 1964) hace balance de una época compleja y se adentra en el lado oscuro inherente al ser humano, que está más cerca de aflorar de lo que muchos piensan.

Pregunta: Cuando la gente sale de ver la cinta, que se ha presentado en varios festivales, ¿Se posicionan siempre en el mismo bando?

Respuesta: En mis películas no trato de posicionar, trato de defender a cada uno de los personajes. En esta película mi planteamiento era que es un conflicto de buenos contra buenos. Obviamente, y para mí esto es un poco la raíz del mal, hay unos cuya conducta traspasa las líneas éticas, en el momento en el que cosificas al otro y lo conviertes en un instrumento para tu fin. Y hay otros personajes que no. Son los propios personajes los que se acaban autodefiniendo, condenando o salvando, y evolucionando (…). El planteamiento inicial, la semilla moral de la película, era cómo reparar una injusticia sin cometer una aún mayor, que es lo que intenta hacer la pareja.

P: ¿Cualquier persona está más cerca de ellos de lo que podría parecer?

R: Yo creo que sí, que todos estamos más cerca de ellos (...). Cualquiera de nosotros nos tendríamos que ver en la situación y entonces habría que ver lo que hacemos. La ética y los grandes seres humanos, normalmente, en las grandes momentos de dificultades, se elevan sobre la dificultad, trascienden a su propio egoísmo, su propio deseo, su propio miedo y actúan éticamente. Pero por desgracia esos son la minoría. La mayoría se autojustifica y sigue lo que le dicta la sociedad, la política, la convención, el miedo… Yo creo que ellos son muchísimo más cercanos a cualquiera de nosotros de lo que parece y eso es lo perturbador en la película.

P: ¿Entonces es una historia que hoy podría suceder más que nunca?

R: Es una historia que siempre ha podido existir. Podría haber ocurrido y habrá ocurrido en una cueva hace 20.000 años (…) Lo que ha cambiado con respecto a otras épocas y se ha acuciado de una manera más grande es que ahora mismo el hombre le ha echado un pulso a la naturaleza. Antes había el pensamiento trascendente, que de alguna manera desemboca en la religiosidad, en el que está inherente la aceptación del destino, de la naturaleza. No puedo tener hijos, lo acepto".

"Ahora tenemos la ciencia, la tecnología, que nos permiten que todo lo que el ser humano pueda hacer, lo va a hacer. Querríamos parar los volcanes, parar las pandemias.... Queremos dominar la naturaleza. En el momento en el que pensamos que podemos con la naturaleza, es porque tenemos derecho a todo. Lo que ha cambiado y lo que hace más terrible una historia como esta es que nunca el ser humano ha pensado que tiene más derechos a todo como ahora. Incluso se plantea la inmortalidad. Yo personalmente me alegro muchas veces cuando la naturaleza nos vence".

P: ¿La pareja traspasa todos los límites por su convicción de tener la razón o porque están mal de la cabeza?

R: Yo no creo que ellos estén mal de la cabeza, por desgracia. Lo más fácil y lo más condescendiente y complaciente para el público es pensar que ellos son unos psicópatas que están mal de la cabeza y que eso nunca me pasaría a mí. Eso es lo que nos gusta pensar con respecto al holocausto y los nazis, con todas las cosas horribles que han pasado en el mundo. Eso son gente que estaban mal de la cabeza".

"Ningún historiador serio se lo plantea, sino todo lo contrario, que es gente común la que se mete en una dinámica que te lleva a eso. Nadie declara una guerra diciendo soy un psicópata, soy muy malo y le voy a hacer daño a otro. La gente declara la guerra pensando que tiene la razón, que tiene que hacerlo y que van a salvar a los suyos. Siempre declaran la guerra los buenos porque todos se creen los buenos. Eso es lo terrible del ser humano", sentencia.

Paula Escalada Medrano

(c) Agencia EFE

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