Manipulados en redes: las dos películas que explican cómo la política ha estado jugando sucio

Imaginen peones de un juego de mesa en una partida sin reglas. Esos peones somos nosotros y la partida se juega en la red, detrás de las pantallas. Así de manipulado vas a sentirte después de ver El gran hackeo (The great hack), el nuevo documental de Netflix que ahonda en la tremenda realidad que nos acecha con cada ‘me gusta’ y cada interacción en una red social. Pero si a esto le añadimos un maratón cinéfilo con Brexit: the uncivil war, el pánico es inevitable.

David Carroll en Nada es privado (©2019 Netflix)

Ambas producciones se adentran en un mundo de tintes siniestros en donde la libertad para mantener la democracia está en juego. En donde la manipulación de información prima más que la pura verdad. En donde el ciudadano es manipulado con mensajes que inspiran promesas de control pero, en realidad, despiertan sentimientos de impotencia. De rechazo al prójimo. De mi verdad vale más que ninguna otra.

La nueva propuesta de Netflix aterrizó en la plataforma el pasado 24 de julio, planteando el dilema político -cultural de la sociedad contra el uso indebido de nuestros datos personales. El documental dirigido por Karim Amer y Jehane Noujaim (The Square) intenta apartar la niebla que rodea a Cambridge Analytica y dar claridad al público en general que, sin saberlo, fue, está o será manipulado con fines políticos.

El gran hackeo consigue alertarnos de lo vulnerable que somos en redes. Nuestra información vive allí dentro. Consultamos el clima, nuestros contactos, expresamos nuestras tendencias a través de a quiénes seguimos, a qué le damos “likes”. Los Apps miden nuestro ritmo cardíaco, salud, actividad física, accedemos a servicios de salud mental, a la banca, incluida la vida amorosa de mucho resta en manos de un programa telefónico. Todas nuestras vidas están ahí dentro. Lo que somos, lo que pensamos y con quién lo compartimos reside al alcance de empresas que vieron la oportunidad de utilizarlo sin permiso para crear campañas electorales estratégicamente diseñadas en base al perfil del votante según su actividad en redes.

Cambridge Analytica fue una consultora que, durante los cinco años de su actividad profesional, brindó sus servicios a campañas electorales como la de Donald Trump y, supuestamente, Leave de Brexit, entre otras. Sus servicios estaban relacionados con la estrategia de captar y atraer a votantes a través del análisis de datos de usuarios en redes. Los “likes” que das, las publicidades que “pinchas”, los mensajes, comentarios, las personas que sigues… todo ello y más define tu perfil online, ayudando a campañas estratégicas a “predecir” tus tendencias y los agujeros negros en donde pueden influir tus decisiones.

Cambridge Analytica fue una rama de SCL Group, una compañía que arrancó como contratista gubernamental y militar en la “investigación de seguridad alimentaria, lucha contra los narcóticos y campañas políticas”. Fue fundada por Robert Mercer y Steve Bannon, dos de las figuras claves en la campaña electoral de Donald Trump, con la intención de combinar la psicología del comportamiento con investigación estadística, y así recabar datos que permitan la segmentación de la audiencia. Pero su manera de “recabar datos” se destapó en 2018 cuando varios periódicos denunciaron que la empresa había accedido a información personal de los usuarios de Facebook de forma ilegal, y c on el fin de segmentar a la población y publicar anuncios políticos durante las elecciones presidenciales de EEUU diseñados según las predicciones del sistema. Facebook negó tener conocimiento previo aunque un exempleado de CA, Christopher Wylie, desveló haber advertido a Facebook cuando se marchó de la empresa dos años antes.

El documental arranca presentándonos al profesor David Carroll que en 2018 demandó a Cambridge Analytica exigiendo que le devolvieran toda la información recabada sobre él sin su consentimiento. Carroll es estadounidense pero como CA tenía su base en Londres tuvo que presentar una demanda internacional. La empresa no cumplió y el caso se convirtió en un caso criminal. ¿Y qué pasó? CA declaró la quiebra y la información jamás se devolvió. Y Carroll era uno de los 50 millones de perfiles que CA habría archivado y analizado.

Resulta impactante, pero también estremecedor, ver la frialdad con que el CEO de la empresa, Alexander Nix, habla de su trabajo en los vídeos filtrados por la televisión británica. Verlo declarar en la corte británica, mientras su ex mano derecha que colaboró en investigaciones recientes, Brittany Kaiser, desvela las mentiras que cuenta. El documental levanta el telón y desvela un tema que muchos seguramente desconocían, inconscientes de que la realidad virtual que se vive en las redes es mucho más importante de lo que jamás habrían imaginado. Esta empresa logró alcanzar a votantes con mensajes diseñados en base a las tendencias personales de la persona, logrando posiblemente convencer y disuadir a aquellos que aún no estaban decididos.

Pero esta película funciona de maravilla si sumamos el visionado de Brexit: the uncivil war, la TV-Movie protagonizada por Benedict Cumberbatch que llegó a la plataforma de HBO España hace unos meses.

Dirigida por Toby Haynes cuenta en forma de sátira los entresijos detrás de la campaña ‘Leave’, que dedicó sus esfuerzos a convencer a los votantes británicos de dejar la Unión Europea en Reino Unido. Una campaña diseñada por el que ahora es “consejero especial” del Primer Ministro Boris Johnson, un especialista llamado Dominic Cummings, que utilizó aquello que el pueblo más necesitaba (mejoras laborales y sanitarias sumadas al temor recurrente a la inmigración) para crear un mensaje que transfería control pero con mentiras, exageraciones y un despertar patriótico que solo estaba dirigido a los más afectados a nivel económico y social. Despertó indignación a través de la manipulación y prueba de ello fue la publicidad que sentenciaba que Reino Unido pagaba 350 millones de libras esterlinas a la semana a la UE, proclamando que podían invertirse en el NHS, el sistema sanitario público que lleva años en declive. La cifra era incorrecta y mayor a la real. Boris Johnson mismo posó para fotos con dicho mensaje.

Son dos películas de tonos muy diferentes pero que funcionan como doble visionado. El gran hackeo es un documental que explica una información a priori difícil de comprender de manera didáctica, siempre poniéndose de parte del espectador. Funciona en su intención de informar y provocar debate, pero sobre todo de advertir de una realidad que ha afectado dos de las elecciones más importantes de los últimos años.

Mientras que Brexit: the uncivil war nos presenta a la política británica como un teatro, pero en donde las marionetas fueron los ciudadanos. Incluso la Oficina del Comisionado de Información declaró culpable a Leave.EU de no cumplir las regulaciones de Privacidad y comunicación electrónica de 2003 y el Acto de Protección de Datos de 1998 en varias ocasiones durante la campaña, precisamente por el uso ilegal de datos personales.

Las redes cumplieron el sueño de conectar al mundo, de compartir experiencias y apartar la soledad, pero a cambio podríamos haber puesto nuestra libertad de pensamiento en riesgo. Y sin saberlo. Ambas producciones permiten comprender la estrategia utilizada junto a varios ejemplos de las campañas electorales, y aunque cueste creer en la debilidad personal de ser manipulado, resulta claro que sí, es posible. ¿Habremos perdido el poder de nuestra libertad de decisión por culpa de las redes?

Dicen que en el amor y en la guerra todo vale, ¿pero en la democracia también?

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