La maleta de ocho mujeres ucranianas al huir de su país

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Photo credit: Anna Sokolovska
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La guerra desvaloriza todo: las vidas, los planes, las casas y las cosas. Me viene a la memoria cómo me impresionó en su momento aquella frase de Exupéry de su novela El piloto de la guerra: “Se vacían las casas de sus tesoros. Eran los objetos de un culto de religiones particulares. Cada uno en su lugar se había hecho necesario por las costumbres, embellecido por los recuerdos, valían por la patria íntima que contribuían a fundar. Pero se les ha creído preciosos por sí mismos, se les ha arrancado de su chimenea, de su mesa, de su muro, se les ha amontonado en desorden y ya no hay allí más que objetos de bazar…” Habla de la segunda guerra mundial y de los refugiados franceses que dejaban sus hogares bajo ataques aéreos alemanes.

Ahora mis amigas, sin buscarlo son heroínas de las futuras novelas de la guerra de Ucrania en 2022, son refugiadas que han tenido que dejar sus hogares por un tiempo indeterminado, en casos para siempre, y llevar consigo “lo más importante” en solo una mochila. La mayoría de estás chicas no tenían preparados maletines de supervivencia y dedicaron valiosos minutos para tomar las decisiones.

ANNA SOKOLOVSKAYA, 17 años, estudiante

Photo credit: Anna Sokolovska
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“Soy de un pequeño pueblo cercano a Jarkív. Los primeros cinco días de la guerra los hemos pasado en el sótano con unas temperaturas de 4* C. Las explosiones sonaban constantemente, era imposible ocultarlas y predecirlas. Y cuando una bomba explotó cerca de nuestra casa decidí que tenía que marcharme. Las noticias sobre los disparos indiscriminados sobre coches de refugiados me aterraban. Pero quedarme me daba mucho más miedo todavía.

El viaje por Ucrania se extendió durante seis infinitos días. De mi casa únicamente portaba una mochila casi vacía donde guardé los documentos para el acceso a la universidad, unos rotuladores, vendas, agua oxigenada y un tazón de mi perro. Todos los manuales sobre maletines de supervivencia recomendaban llevar tazones de acero – de eso me acordé en el momento de preparar mi mochila. Pero no he cogido nada de ropa, en absoluto. Recuerdo que en ese momento decidí que podía sobrevivir sin ropa tranquilamente.

Ahora estoy en Berlín, me ha acogido una familia maravillosa que me ha ayudado con todo los procesos, incluso con la tutela (soy menor de edad) y con la universidad”

NATALIIA OSADCHA, 41 año, directora de moda en ELLE Ucrania

Photo credit: NATALIIA OSADCHA
Photo credit: NATALIIA OSADCHA

“Desde los primeros instantes me quedó claro que quedarse en Kyiv es una locura. Me desperté a las 6.30 de la mañana el día 24 de febrero y a las 6.40 ya estaba corriendo con mi mochila hacia la estación de trenes. Vivo cerca. Sabía que a las 6.50 salía el tren a Lviv, donde viven mis hijas. Me faltó un minuto para coger aquel tren. Un minuto! Volví a casa para salir al día siguiente y preparar un par de cajas con cosas y ropa que tienen un mayor vínculo emocional con mi pasado pero que no son nada prácticas. Casi de milagro las he podido mandar con el servicio de paquetería y me han llegado dos semanas después. Fue como recibir paquetes de otra época, y de otra persona.

La mitad de la mochila con la que viajé lo ocupaba un voluminoso álbum de fotos de familia, el resto han sido los documentos, mi jersey verde, que no me lo quito, y una lata con mi té preferido. No puedo empezar el día sin mi ritual del té. Todos mis amigos y compañeros siempre se ríen de mí, “Osadcha con su matcha”, dicen. Así es.”

SASHA ABRIKOSOVA, 36 años, PR Manager

Photo credit: SASHA ABRIKOSOVA
Photo credit: SASHA ABRIKOSOVA

“Me daba miedo que cualquier misil podría eliminar mi apartamento en el centro de Kyiv. La misma mañana del día 24 decidí ir a la residencia de verano de mis padres. En aquel momento no pensaba que me iba a trasladar más allá de nuestra casa de verano.

Metí las cosas sin pensar en mi maleta, con la idea de estar de regreso en un par de semanas. Tardé un par de horas en hacerla, incluyendo también la preparación de los útiles de mis dos gatos y de una bolsa con comida.

Hace años que soy muy fan de las fragancias de Francis Kurkdjian, tengo unos 12 frascos de sus perfumes. He invertido una fortuna en esta colección es los que más valor tiene en mi vestuario. Siempre bromeaba con que sería mi propio regalo de dote. ¡No me he podido permitir dejarla!

Todavía no entiendo por qué razones me he llevado casi todos mis sujetadores y ni una sola braguita. Es la prueba definitiva que demuestra que mi “kit de supervivencia” lo he preparado sin aplicar ninguna lógica.

Estoy muy contenta de haber rescatado mi “dote”, uso las fragancias cada día y sus olores me trasladan a mi vida normal, la de antes de la guerra.

KATIA SLENZAK, 22 años, monitora en colegio

Photo credit: Katia Slenzak
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“La decisión de dejar mi hogar me costó mucho, me duele estar tan lejos de Kyiv, pero entiendo que cualquier sitio en mi país es peligroso ahora. El día anterior al inicio de la guerra mi mamá cumplió años, estábamos con toda la familia en nuestra segunda residencia celebrando y me quedé a dormir allí. La mañana siguiente me enteré que había empezado la guerra, y obviamente, lo único que tenía conmigo era mi vestido festivo. No me ha quedado más alternativa que ir a Kyiv y bajo los bombardeos preparar una maleta.

No sé en qué estaría pensando cuando estaba metiendo las bandas elásticas deportivas. ¿Dónde pensaba hacer deporte? ¿En un refugio antiaéreo? Quizá no es tan ridículo como parece, sino lo más genial que tomé, invirtiendo así en mi salud. Tampoco podía irme sin mi accesorio preferido: un pasamontañas, cuyo modelo evoca el tocado de la princesa ucraniana Olga, que gobernó en el siglo X d.C. Para mí es el símbolo del hogar, de Ucrania, de una mujer fuerte y libre, con quien me identifico. Y otra prenda que no me atreví a dejar, el vestido de cola de pez de color verde esmeralda. No dudo que llegará su momento.

Ahora estoy en Portugal, viajamos con mi familia unos 4500 km en coche. En este largo camino lo más difícil fue dejar mi hogar natal, cada minuto sueño con volver a casa y creo que cada día estoy más cerca de volver a Kyiv.”

KATERYNA MOZHAR, 18 años, estudiante

Photo credit: Kateryna Mozha
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Unos días antes de la guerra mi padre que vive en Polonia insistía en que me fuera a su casa. No tenía ganas de dejar Jarkív y a mis amigas, pero le hice caso. Tenía los vuelos comprados para el día 24 de febrero pero antes de salir de casa todos los aeropuertos en Ucrania fueron atacados. Tuve que viajar en autobús, primero hacia Kyiv, y luego con otro autobús – a la frontera con Polonia. En total mi viaje duró 97 horas, estaba contando cada hora.

En mi maleta no llevaba ropa apropiada para el frío, y mis ligeros pantalones primaverales no me protegían de las bajas temperaturas. Estaba rezando para no congelarme las primeras noches. Lo más inutil que me llevé fue mi maquillaje, tengo dos neceser enormes con todo lo que tengo, no he dejado ni un sólo lápiz en casa.

Ahora estoy en Alemania, sigo estudiando ahora en la universidad en Alemania. Desde que empezó la guerra no he usado nada de maquillaje.

ANTONINA LATAYKO, 38 años, directora creativa

Photo credit: Antonina Latayk
Photo credit: Antonina Latayk

Hasta el último momento estuve rechazando el plan de huir de Kyiv. Incluso después del inicio de la guerra, hasta que nos advirtieron que en los próximos cinco días Kyiv estará bajo un ataque intenso e indiscriminado y que la población civil tiene que dejar la ciudad inmediatamente.

Preparar maletas para un tiempo indeterminado para cuatro personas es un reto al que nunca me había enfrentado en mi vida. Pero aparte de lo más necesario he metido en el equipaje mi jersey preferido de cachemire y mi nueva fragancia.

Nos hemos quedado en el oeste de Ucrania, mi marido no puede dejar el país y yo soy incapaz de separarme de él. Sí que le he dado un buen uso a mis “caprichos”. El perfume lo he usado un par de veces, y es que ahora no me apetece ni maquillarme ni llevar fragancias. Pero el jersey me lo pongo cada día en casa, me reconforta el alma. Y no me da pena que se gaste, ahora ya no hay nada material que me dé pena.

ANASTASIA BILOUS, 25 años, redactora de moda

Photo credit: Anastasia  Bilous
Photo credit: Anastasia Bilous

He decidido que no voy a dejar ni Kyiv ni Ucrania, me he refugiado en el apartamiento de mis padres. Lo último que he metido en el bolso han sido las bandas elásticas, mi nuevo cinturón de Loewe y mi fragancia.

Este cinturón lo compré en enero de 2022, en mi último viaje a Portugal. Hace tiempo que soñaba precisamente con este modelo, además todo lo que está relacionado con Lisboa o Portugal tiene un valor sentimental especial para mi. Me acuerdo del diseño y la decoración de la tienda, la amabilidad del dependiente Victor. Este no es un accesorio cualquiera. Igual que el perfume de Masomatto. Es un regalo de una persona muy importante para mi. Ambas cosas son emociones que quería llevar conmigo.

Me he sorprendido a mí misma con los entrenamientos en casa, pero sí que doy el uso a las bandas elásticas. La fragancia me pongo a veces para animarme. Los olores sorprendentemente son capaces de transportarnos en el tiempo.

IRYNA KLEBAN, 43 años, consultora de negocios

Photo credit: Irina
Photo credit: Irina
Photo credit: Irina
Photo credit: Irina

Era consciente de lo peligroso de quedarse en Kyiv, pero no podía salir por las prescripciones de mi médico. Tenía que esperar unos días en el sótano de nuestra urbanización. Cómo muchos otros no creía en que estallara una guerra y no pensaba ni tenía preparado un maletín de supervivencia. Entre viajes al sótano y meditaciones preparé dos bolsas con ropa de invierno y mis medicamentos. Aparte de enseres y pastillas llevaba conmigo una imagen de la Virgen que me dejó mi difunta tía, una estatua pequeña de Buddha y una muñeca de trapo típica de Ucrania.

Una vez que los médicos me autorizaron a desplazarme, preparamos otra maleta con las cosas que consideramos más importantes, que tienen valor sentimental. Tuvimos apenas una hora para todas las preparaciones. Teníamos que preparar la maleta por la noche, con una pequeña linterna, ya que estaba prohibido encender las luces.

Me he llevado mi vestido de boda, mi propia camisa ucraniana, artesanal y hecha a medida y bordada con la técnica vyshyvanka, por una maestra durante tres meses. Metí un libro, no me podía ir sin libros, unos vestidos de LAKE y accesorios de Gunia – las marcas donde trabajaba y a las cuales tengo mucho aprecio. Abrazamos las paredes de nuestro querido piso y salimos a la oscuridad completa para escapar hacia el oeste de Ucrania.

En los cinco días de trayecto hemos pasado por seis alojamientos y en todo este tiempo ni he abierto las maletas. Todo lo que he utilizado durante este mes y medio de la guerra han sido dos jersey y un pantalón. Me alegro de haber podido traer mis vestidos y cosas bonitas, ahora son muy importantes para mi. Son – mi conexión con la paz y amor.

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