‘Maestros de la costura’ necesita algunos remiendos de cara a su renovación

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Las puertas del taller de Maestros de la costura se cierran la noche de este 26 de abril. El espacio presentado por Raquel Sánchez Silva y en el que Lorenzo Caprile, María Escoté y Palomo Spain ejercen de jueces llega a su fin, en una competición en la que Lluís, Borja, Pablo y Lilise han convertido en potenciales ganadores. Solo uno de ellos se llevará el premio gordo: un curso de formación especializado en Diseño de Moda en el Centro Superior de Moda de la Universidad Politécnica de Madrid, un premio en metálico de 50.000 eurosy el trofeo del programa, un maniquí de oro. La temporada ha sido la menos vista de la historia del concurso, y eso genera muchas dudas respecto a su futuro; desconocemos si las puertas de Maestros cierran hasta el año que viene o si lo harán para siempre. El formato es muy bueno, y bien merecería volver con una sexta temporada, pero eso sí, haciendo algunos remiendos. Porque no todas las puntadas de esta edición han sido limpias y perfectas.

MADRID, ESPAÑA - 21 DE FEBRERO: Raquel Sánchez Silva, Palomo Spain, María Escoté y Lorenzo Caprile posan en el photocall durante la presentación de la quinta temporada de 'Maestros de la Costura', el 21 de febrero de 2022, en Madrid, España . (Foto de José Ramón Hernando/Europa Press vía Getty Images)
MADRID, ESPAÑA - 21 DE FEBRERO: Raquel Sánchez Silva, Palomo Spain, María Escoté y Lorenzo Caprile posan en el photocall durante la presentación de la quinta temporada de 'Maestros de la Costura', el 21 de febrero de 2022, en Madrid, España . (Foto de José Ramón Hernando/Europa Press vía Getty Images)

Por alguna extraña decisión de los de arriba, este año Maestros de la costura decidió dar la oportunidad a seis nuevos aprendices y a seis veteranos. Una cosa que podemos pensar es que la gente que se presentaba al casting no tenía suficiente potencial, y que por eso han preferido lo malo conocido que lo bueno por conocer. Pero en la primera de las entregas, Raquel Sánchez Silva felicitó a los seis nuevos aprendices por haber sido los elegidos entre miles de candidatos. Y en ese sentido, cuesta pensar que de miles de personas solo seis hayan podido ser válidos, y que el resto no se merezca una nueva oportunidad. Y para colmo, una de las elegidas, MJ, decidió abandonar porque el estrés del taller no está hecho para alguien como ella, por lo que hubo que buscarle una sustituta, Judith.

Otra cosa que pudo pasar es que la repesca de antiguos concursantes estuviese muy bien medida, y que intentasen ofrecer a los espectadores de casa rostros familiares, que enganchasen desde el principio. La temporada anterior, la cuarta, no había dejado unos datos de audiencias muy brillantes, y quizá se consideró que meter de nuevo a Eduardo Navarrete o a Lluís era una opción maravillosa para que los que ya estaban en el barco se quedasen, e incluso, que se sumasen algunos más.

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En cualquier caso, como espectador, esta mezcla de presente y pasado no ha terminado de enamorarme. De los nuevos aprendices había gente que parecía muy válida, con un brillo especial, como Anthony, el francés afincado en Andalucía por amor, pero casi no los conocimos, en detrimento de ver más de otros que ya conocíamos de sobra. Además, se nota que los veteranos sabían muy bien cómo funcionaba el programa y qué debían hacer para robarse el foco, cómo interactuar con los jueces… En fin, había una combinación entre frescura e impostura que no terminaba de cuajar por completo.

Luego está el melón del cambio de mecánica, que no ha remado a favor de obra. Desde esta edición, el primer reto al que se enfrentaban todos los aspirantes era una prueba de habilidad, en la que había que hacer un dobladillo, colocar un bolsillo, una cremallera invisible o lo que correspondiese. Esto era malo para el espectáculo, pues no nos dejaba enamorarnos de los concursantes, parecía algo de trámite que buscase cierta igualdad entre novatos y veteranos y nada más.

¿No habría sido mucho más interesante dejar la primera prueba para desarrollar la creatividad? Un desafío que te permitiese descubrir a los aspirantes, que invitase al espectador a quedarse en la uno. De hecho, la de habilidad habría sido perfecta para la eliminación: quien no sepa hacer algo de lo más básico no puede continuar en el programa, así de fácil.

Por último, está el tema de la duración. Sigue siendo un formato excesivamente largo para tres pruebas, pero sabemos que Televisión Española no tiene intención de meter la tijera ni aquí ni en MasterChef. Ni tampoco se plantean adelantar su emisión a RTVE Play, como hicieron esta temporada con series como Ana Tramel o HIT.

Desconocemos cuál será el futuro de Maestros de la costura. Esta quinta temporada tardó mucho en confirmarse, y eso solo demuestra que hay dudas en los altos directivos sobre su rendimiento. Tiene una media por encima al resto de la cadena (el último capítulo tuvo un 10% y la media de marzo de la cadena fue de un 8,5%), ¿será eso suficiente para su renovación?

Televisión Española no debería renunciar a Maestros de la costura, es un formato ya consolidado en su parrilla, y una marca que debería cuidar, tal como lo hace con MasterChef. Y puestos a soñar, ¿no existe una versión con famosos del concurso de cocinas? ¿Por qué no se atreven a lanzar una edición de Maestros de la Costura Celebrity? Igual encuentran ahí un buen filón para volver con más fuerza de cara al 2023.

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