La madurez de Dani Martin en su año más revelador

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MADRID, SPAIN - MAY 27: Dani Martin attends the photocall of 'Al Otro Lado De La Cabina' book presentation at Teatro Capitol on May 27, 2021 in Madrid, Spain. (Photo by Patricia J. Garcinuno/Getty Images)
Dani Martín ha evolucionado mucho a nivel personal en 2021 (Photo by Patricia J. Garcinuno/Getty Images)

El vocalista de El Canto del Loco empezó muy joven en el mundo de la música y, en consecuencia, el éxito le sorprendió con 18 años, al fundar la banda. Son muchos los conciertos, los viajes, los encuentros y las vivencias que Dani Martín ha acumulado en dos décadas de fama.

Hoy, a sus 44 años, Dani es un hombre totalmente distinto y, en este último año, ha compartido una evolución personal en sus redes sociales que es digna de admiración. El artista se ha quitado las capas que conlleva el ser famoso y se muestra en su faceta más humana y real.

Martín ha aprendido a domar el ego engañoso que se siente cuando todo el mundo te ama y sabe que priorizar una autoestima real, al margen del ‘cantante conocido’ de cara al escaparate, es de vital importancia.

A lo largo de 2021, Dani ha hablado de su rosácea cutánea sin florituras, de su terapia psiquiátrica y ha reflexionado sobre lo que para él es la vida, el amor, la fama y, en definitiva, la realidad vital que le ha tocado vivir a raíz de su talento como músico.

Su último post va en la línea de las reflexiones que quiere mostrar a sus seguidores que, realmente, desnudan su esencia: “Vaya año de aprendizaje: se me rompió el motor, se me pincharon las ruedas, se me oxidó todo por querer ir en marcha todo el rato y no saber disfrutar de estar parado. Sólo sabía rodar, no miraba las flores ni escuchaba el mar, no saboreaba el placer. Sólo sabía sobreponerme y seguir rodando.”

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En referencia al parón forzoso por la pandemia del coronavirus, Dani comenta: “Me rompiste el coche, me lo paraste en un desierto sin agua, sin sombra, sin nadie. Sólo conmigo, con el que hacía 20 años que no estaba, ¿cómo iba a querer si no me quería a mí? Sólo quería rodar y rodar, el aplauso y más aplausos… ‘Jódete y conócete’, me dijiste, y así fue. “

Y prosigue: “Primero vas a estar 4 meses contigo, a la fuerza. Después te pondrán la cara colorada por tu cobardía en muchas cosas, por tus errores, por dejar al personaje mandar. Silencio largo, muy largo. Fundido a negro. (…) ¿Dónde ha estado este tiempo? ¿Te atreves a ir a por ello? ¿Tienes miedo? Tengo miedo, mucho miedo, tengo sed, quiero caminar, correr, enamorarme, querer de verdad, atreverme, olvidarme de gustar a todos, acariciarme a mí, al imperfecto, al real. “

El cantante termina sentenciando algo de crucial importancia: “Qué peligroso es el éxito y vivir sólo en él y no tener otra vida donde también resida tu autoestima. El éxito es una droga.”

Pocos días antes de esta publicación, Dani se quitó otra losa que le acomplejaba desde hace años y es que, según reveló, se ha pasado lavada lleno de complejos a pesar de ser un chico deseado por miles de seguidoras.

“Nunca me ha gustado mi cuerpo, sobre todo mi pecho; me he juzgado siempre y me he exigido al máximo. Soy imperfecto, soy esto y hoy me gusta. Mucha gente creerá: ¿pero éste que lo tiene todo cómo puede tener complejos? Pues los he tenido y los sigo teniendo, cada vez menos. Me apetecía enseñaros mis tetitas de cabritilla, así las he llamado yo siempre”, y colgaba una foto con el torso desnudo superando su complejo y pidiendo a Instagram que no censurara los pezones femeninos.

Otra publicación que denota su cambio de chip y su madurez es la que rompe con el estigma social de la salud mental y de acudir a terapia, en su caso, psiquiátrica. Es una de mis publicaciones favoritas de este año de Dani.

“Estaba en la playa, pero hoy he cogido un avión. Hacía mucho que no me subía a uno, sobre todo para ir a un lugar maravilloso: el lugar donde en estos momentos de mi vida me siento mejor, más yo, más tranquilo, más feliz. Es un lugar donde me encanta hablar y donde me abro en canal. Es silencioso, cómodo, a veces paso calor, me emociono, conecto con mi infancia, con mi tristeza, con mis carencias, mis errores: a día de hoy es mi paraíso.”, comienza explicando.

Para luego desvelar que: “Merece la pena encontrar lugares donde uno se siente que está trabajando y aprendiendo, tengo mucho que aprender de mí aún, así que seguiré cogiendo aviones para ir a ese puto paraíso del que os hablo. Se llama psiquiatra. Es un gimnasio donde la cabeza y las emociones se equilibran, se deshacen nudos, conoces de dónde vienen muchas cosas.

Lejos de contar su experiencia desde el ego, Martín lo hace desde el altruismo y para inspirar a todo aquel que le lea y se encuentre en un momento complejo de su vida: “Yo voy al psiquiatra, tal vez pueda servirle a alguien. No me considero ni referente, ni alguien que intente influenciar ni contar qué debe hacer cada uno en su vida, ni historias de esas. Tampoco me he comido a Buda, ni he dejado de ser el ser errante que soy. (…) Los psiquiatras no sólo medican a las personas, también hacen trabajos maravillosos para ordenar los trasteros que tenemos dentro cada uno, llenos de cosas desordenadas, mal ubicadas, descuidadas, con polvo, y te enseñan a deshacerte de otras que guardamos y que ya no necesitamos.”

Otro de los temas que más buena acogida y repercusión ha tenido a lo largo de su 2021 ha sido la rosácea que el artista presenta en el rostro y que muestra sin problemas: “Hola a todos: ni soy médico, ni sé de esto de manera ‘pro’, sólo os cuento mi vivencia. Hace unos meses os mostraba una foto hablándoos de mi rosácea. La rosácea tiene tratamiento, solo hay que estar encima y tratarla cuanto antes, no somos raros ni nos pasa nada malo, sólo tenemos la piel más sensible.”

“A día de hoy, existen un montón de tratamientos que hacen mejorar a cada tipo de piel. Es un poco latoso pero como veis mi rosácea ha disminuido debido a los tratamientos que no dejo de hacer. Más higiene facial, no exponerme al sol sin protección, reducir con tratamiento nuestra glándula sebácea, etc.”

El 2020 acababa para Dani de este modo y, en el último día del año, se quiso desahogar apuntando ya maneras del camino de crecimiento personal consigo mismo que estaba descubriendo: “2020: Te he odiado. Me has enseñado a golpes, has descubierto muchos de mis errores, te he vuelto a odiar. Me has desesperado, me has apartado de las personas más importantes de mi vida, me has llevado al límite. Me has enseñado el dolor, el ego, las sombras, el miedo y la incertidumbre. Pero sé que me he puesto en marcha desde el minuto 1, trabajando en mí para mejorar. He respirado más que nunca, he sido paciente y he aprendido a serlo un poco más. Me he aferrado a la música, a quien quiero de verdad, a mi rincón. He pasado más rato conmigo que nunca en mi vida. Me he dado cuenta de lo insoportable que soy en muchos aspectos, de lo poco que me gusto en muchos otros y cómo hacer para equilibrarlo un poco. He entendido lo afortunado que soy por tener cerquísima a los que me quieren. Me has desenmascarado en muchas cosas y te lo he reconocido desde el principio, me siento orgulloso de mi trabajo como persona.”

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