Lo que Mad Cool nos ha enseñado sobre Uber

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Photo credit: SOPA Images
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Este artículo no pretende posicionarse sobre la lucha del sector del taxi contra las VTC. Ni tampoco comentar los llamados Uber Files, la información publicada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación con filtraciones sobre las maniobras de la compañía y la presión a políticos para instalarse en países en los que, en principio, su modelo no tendría encaje legal. Nuestro objetivo es hilar ese caldo informativo con las sensaciones personales de cientos o miles de asistentes al Mad Cool que tuvieron (tuvimos) dificultades para volver a casa después de los conciertos.

En Esquire preparamos un tema práctico para evitar colas en esta edición de Mad Cool, en el que contamos que Uber, como patrocinador del festival, tenía un espacio reservado más cerca de la salida del recinto que la parada de taxi. Además, contaban con un acuerdo para que su flota estuviera aparcada en las instalaciones del Real Madrid en Valdebebas, con lo que se iba a agilizar el traslado de los usuarios. También advertimos que los VTC, de Uber a Cabify pasando por Bolt, no tienen precios regulados, con lo que podrían aumentar la tarifa en función de la demanda, que iba a ser alta sí o sí. Lo que quizá nadie imaginaba es que fueran a dispararlo tanto, como se denunció desde el primer día del festival a través de las redes sociales.

La dificultad para volver a casa fue especialmente acentuada el miércoles. El festival terminaba pronto (alrededor de la una de la mañana), con lo que la mayoría de los asistentes, unos 60.000, salió la vez, con el subidón del conciertazo de Metallica en el cuerpo. Ya no había servicio de Cercanías (termina a las 23:30 y no se amplió), el Metro solo se aseguraba hasta las 02:00 (hay una distancia de unos 2o-25 minutos a pie y la cantidad de gente que iba en esa dirección invitaba a buscar alternativas), apenas se veían autobuses nocturnos y la cola para coger un taxi llegaba hasta donde se perdía la vista. ¿Había menos taxis de los previstos? Algunas asociaciones se habían quejado por el trato preferencial a Uber, así que quizá presionaron extraoficialmente acudiendo en menor número.

Photo credit: SOPA Images
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Es decir, la sensación de los usuarios era que la única alternativa en ese momento para volver a casa eran los VTC. Y esa necesidad se reflejó en los precios. Más allá de las consideraciones de cada uno sobre la liberalización del mercado en el sector del transporte, esa noche se libró una batalla psicológica muy interesante: muchos ciudadanos sintieron por primera vez qué pasaría en una ciudad como Madrid si los VTC le comieran más terreno a los taxis. ¿Merece la pena pagar menos en las 'horas valle' a cambio de pagar el doble, el triple o hasta cuatro o cinco veces más en las 'horas punta'? ¿Conviene dejar una cuestión tan sensible como el transporte tan a merced de las leyes del mercado?

Insistimos, es un debate con derivadas políticas, empresariales y sociales que no se puede dirimir en cuatro párrafos. Pero a veces, como usuario, no te planteas de verdad estos dilemas hasta que los vives en tus propias carnes. Que haya problemas para volver a casa después de un festival no es ninguna novedad, porque sucede en todos y en cualquier gran evento a menos que estés acampado en el recinto. Pero las circunstancias concretas de estos días en Madrid, sumado a las noticias sobre Uber, sí que pueden generar un cuestionamiento de calado en una gran cantidad de ciudadanos. Porque, hasta ahora, el debate de la lucha entre el taxi y las VTC en particular, el del transporte en la ciudades en general, se ha agitado más por lo emocional que por lo racional. Y eso suele conducir a decisiones aceleradas.

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