Macaulay Culkin también exige quitar la escena de Trump en 'Solo en casa 2': ¿se nos está yendo de las manos?

Valeria Martínez
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La cultura de la cancelación llega a un clásico como Solo en casa 2, y de la mano de su propio protagonista. Después del asalto al Capitolio el pasado 6 de enero, muchos tuiteros optaron por pedir en redes sociales que la secuela familiar eliminara el cameo que el presidente Donald Trump hizo en el año 1992. La petición fue ganando momentum viral con el paso de los días llegando a oídos (u ojos) de Macaulay Culkin, quien se ha sumado a la causa cayendo en esta moda de la revisión de clásicos a través de la disidencia ideológica.

El actor de 40 años apenas publicó dos palabas escuetas pero con una connotación rotunda que no hace más que validar su postura en este fenómeno de la cancel culture que, en realidad, nada tiene que ver con la historia de la cultura cinematográfica.

Donald J. Trump en Solo en casa 2 (20th Century Fox, YouTube)
Donald J. Trump en Solo en casa 2 (20th Century Fox, YouTube)

La certificación de su postura tuvo lugar en Twitter cuando el actor que dio vida a Kevin McAllister respondió a un una seguidora que pedía “el reemplazo digital de Trump en Solo en casa 2 con un Macaulay Culkin de 40 años”. Culkin se sumó al movimiento contestando simplemente “Vendido” (que en español se traduciría como la expresión “compro” para demostrar la aprobación de una idea, opinión, propuesta, etc.).

Si esto hubiera ocurrido en otro momento quizás hasta podríamos tomarlo con pinzas y verlo como una broma, pero cuando existen cientos de tuits pidiendo que los responsables de la secuela eliminen la secuencia -que apenas dura seis segundos- a raíz de la polémica que rodea a Trump en sus últimos días de presidencia, resulta imposible verlo como una gracia momentánea. Sino como lo que es, otro acto confuso generado por esa llamada cultura de la cancelación que convoca a rechazar, repudiar y desterrar personajes, programas o películas simplemente por estar relacionado con algo o alguien que ahora se repudia.

Por si no fuera poco, Macaulay repitió la implicación en otro tuit un minuto más tarde al contestar a otro usuario que había reeditado la escena borrando a Trump de la secuencia. “A petición popular he eliminado a Trump de Solo en casa” escribía el tuitero con el video retocado, a lo que Culkin respondía aplaudiendo el trabajo con un “Bravo”.

Pero, veamos… ¿qué tiene que ver la historia cultural con la actualidad política y social? Esto mismo sucedió hace unos meses cuando HBO Max retiró Lo que el viento se llevó de su catálogo. La que se montó… ¿se acuerdan? Miles de personas se posicionaron a favor de eliminar la película de nuestra historia, olvidarla y desterrarla como gesto de reconocimiento hacia el movimiento Black Lives Matter y la historia de la segregación en EEUU, mientras muchos otros no dábamos crédito a lo que estaba sucediendo. No porque no seamos conscientes de las connotaciones y referencias racistas de la película, sino porque se trata de un clásico que representa nuestra sociedad en los años 30s y todas las décadas siguientes que siguieron aplaudiéndola. Porque es parte de nuestra historia social y cultural, porque de esa visión errónea y segregacionista del pasado podemos aprender muchísimo hoy en día para ser mejores, avanzar y evolucionar. Enterrar y olvidar no serviría de nada. Finalmente, HBO devolvió la película a su servicio junto a vídeos que hablan de racismo y la época cultural en que se hizo, además de un mensaje de advertencia que explica que se trata de una película de su época, con connotaciones racistas que nada tienen que ver con la visión social de la industria hoy en día.

Y ahora más de lo mismo. ¿En qué nos cambia como sociedad pedir que se elimine un cameo de Donald Trump de un clásico como Solo en casa 2? Después de todo ese mismo cameo nos recuerda la influencia que tenía este hombre en los 90s en la ciudad de Nueva York y la industria del entretenimiento, hasta el punto de poner como exigencia que lo dejaran aparecer en la secuela a cambio de dejarles filmar en su hotel, el New York Plaza (del que fue propietario entre 1988 y 1995). Es más, nos recuerda una pieza del puzle de la historia que lo llevó hasta la presidencia cuando tenemos en cuenta que el director Chris Columbus dejó la escena en el metraje al ver la reacción alocada del público al verlo aparecer en escena. Por mucho que hoy nos cueste comprenderlo, es la pura realidad. Es parte de la historia de los 90s.

Quizás Macaulay Culkin se ha tomado la petición en broma y sus respuestas no son más que su forma graciosa de sumarse a una conversación viral de la que es protagonista indirecto, sin embargo no pensar en las consecuencias de sumarse a la cultura de la cancelación también tiene su precio. Por un lado sienta precedente como actor principal de las películas al sentenciar su rechazo sobre algo que forma parte de su historia cultural. Mañana puede ser él el que diga o haga algo fuera de lugar, convirtiéndose en víctima de este fenómeno de cancelar personajes y películas por estar en contra de lo que representan en la actualidad.

Esa idea del perfeccionismo ideológico que representa la cultura de la cancelación -al menos cuando se relaciona con el mundo del cine- puede darse la vuelta cuando uno menos se lo imagina. Solo hay que decir o hacer políticamente incorrecto para ver cómo esa misma cultura se gira en tu contra. Le pasó a Paz Vega hace apenas unos días por haber dado like a un tuit de Lucía Etxebarría donde la escritora expresaba su opinión sobre el acceso de mujeres transgénero en lavabos femeninos. La actriz dio un ‘me gusta’ y en cuestión de minutos su nombre era tendencia en redes sociales con todo tipo de mensajes en su contra, amenazas, insultos y boicots a sus trabajos

Esta política de la cancelación que pide revisar, editar y hasta enterrar personajes y clásicos cinematográficos sienta un precedente triste y peligroso para esa cultura que representa, y para quienes conviven dentro de ella. Después de todo, por mucho que Trump se haya ganado el rechazo de la opinión pública, ¿qué ganamos borrando un cameo del pasado? La clave es ser conscientes de nuestros errores como sociedad, aprender de ello y avanzar.

Esta presión que impone la cultura de la cancelación puede tornarse rápidamente en coerción ideológica, en intolerancia hacia un pasado que representa una época que fue, que ya pasó y de la que podemos seguir aprendiendo. Ya lo dijeron más de 150 filósofos, escritores e intelectuales de la cultura mundial en una carta titulada A Letter on Justice and Open Debate publicada en Harper’s Baazar donde advertían del peligro de esta cultura de la cancelación. La cultura debe dejar lugar a “la experimentación, los riesgos e incluso los errores” y permitir “los desacuerdos de buena fe sin que tengan terribles consecuencias profesionales” reza la carta. Es decir, expongamos lo sucedido, hablemos de ellos y aprendamos en el camino, en lugar de intentar silenciarlos y olvidar su existencia.

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