La luna se formó por un ‘golpe de suerte’ y reformó la Tierra por completo

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Photo credit: Stocktrek Images - Getty Images
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La Luna ha inspirado un buen número manifestaciones artísticas. En canciones y poemas, es normalmente representado como una bella mujer: “La Luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira, mira. El niño la está mirando”, decía Federico García Lorca en uno de sus más célebres romances. Cuando miramos al cielo de noche, nos da la sensación de que siempre ha estado ahí. Y de alguna forma así es, puesto que probablemente toda la vida sobre la Tierra no sería tal como es si no fuera por nuestro satélite natural.

Sí, la Luna es un satélite. No como estamos acostumbrados a utilizar esa palabra (aparato puesto en órbita de nuestro planeta con fines militares o de telecomunicaciones). La Luna orbita nuestro planeta y por ello es su satélite natural. Que los planetas tengan satélites es de lo más habitual. De hecho, lo raro es que solo posean uno, como le ocurre a la Tierra.

Según sabemos desde hace décadas gracias a las observaciones de los telescopios, planetas como Júpiter o Saturno tienen decenas de lunas. Las investigaciones más recientes aportadas por la sonda espacial Juno revelan que Júpiter tiene 79 y el planeta anillado, 82. ¿Te imaginas cuántos más romances se habrían escrito con tal número de lunas danzando en torno a nuestro planeta?

Pero no todo lo que rodea a la luna es bello. El caso de la formación de nuestra Luna es especialmente dramático.

Hoy en día, la mayor parte de los científicos están de acuerdo en que la Luna se formó en los primeros millones de años de vida de nuestro sistema solar. En estos momentos, toneladas de gas y polvo chocaban y se iban uniendo por efecto de la gravedad, hasta acabar formando los ocho planetas que lo configuran hoy (más el resto de cometas, lunas y planetas enanos congelados que dependen de esta estructura gravitatoria en torno al Sol).

Cuando la prototierra conoció a Theia

En un momento dado hace unos cuatro mil cuatrocientos millones de años, una prototierra vagaba feliz, como una roca incandescente y aún sin vida, ajena a la tragedia que se avecinaba. Hasta que otro proyecto de planeta se cruzó en su trayectoria. Los científicos creen que tenía el tamaño de Marte (un poco más pequeño que la Tierra) y lo han bautizado como Theia.

Photo credit: Stocktrek Images - Getty Images
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Theia se abalanzó sobre la prototierra a una velocidad de 15 kilómetros por segundo, algo difícil de imaginar: unas veinte veces más rápido que una bala. Chocó con la Tierra en un impacto brutal que hizo saltar por los aires fragmentos de ambos cuerpos. Con el tiempo, estos fragmentos fueron dando forma a una bola de unos tres mil kilómetros de diámetro, lo que hoy conocemos como la Luna.

Este violento evento sería sin embargo un golpe de suerte. El choqué reformó la Tierra por completo; creó, por así decirlo, una versión 2.0 y lo preparó para albergar la vida que conocemos. El grave impacto ha hecho que la Tierra gire mucho más rápido, y aquel momento los días duraban solo seis horas. Con el Tiempo, nuestro planeta se fue enfriando y su rotación, ralentizando. También la Luna fue alejándose cada vez más, pero su influencia determinaría para siempre muchas de las dinámicas de nuestro planeta, como las mareas de los océanos o las estaciones.

No todas las lunas del sistema solar se formaron necesariamente de manera violenta. Marte, por ejemplo, tiene dos lunas de muy pequeño tamaño que parecen ser asteroides capturados por su gravedad. Y ¿por qué sabemos que la Luna no es un cometa capturado? Gracias a las visitas que el ser humano ha realizado a nuestro satélite desde 1969, hemos analizado rocas lunares que revelan que son muy similares a las del manto de la Tierra. Aunque la composición de la Luna ha sido alterada con el paso de los milenios por infinidad de cuerpos que han golpeado su superficie (de ahí sus cráteres), los científicos pudieron llegar a la conclusión de que la Luna son los restos de un violento choque entre dos planetas en formación. De hecho, cualquier otra teoría sobre la formación de la Luna no es demasiado consistente.

Photo credit: MARK GARLICK/SCIENCE PHOTO LIBRARY - Getty Images
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¿Qué pasaría si no existiese la Luna?

Como decíamos, sin la Luna la Tierra hubiera sido un planeta muy diferente. La gravedad de la Luna afecta a la superficie del planeta afectando, por ejemplo, a las mareas. Las mareas de los océanos se producen por una combinación de la atracción gravitatoria de la propia Tierra, el Sol y la Luna. Las corrientes oceánicas son vitales para la supervivencia de los ecosistemas marinos porque hacen circular los nutrientes de un lado a otro, así como los flujos de agua caliente y fría. Este tipo de detalles son los que aseguran nuestra supervivencia, aunque no lo creamos.

La atracción gravitatoria de la Luna también define la inclinación de la Tierra con respecto al Sol, que es de unos 23º. De esta forma, podemos contar con las cuatro estaciones (primavera, verano, otoño e invierno) y una temperatura agradable. La influencia de la Luna también ha ralentizando la rotación del planeta, lo que probablemente explique que hoy nuestros días duren 24 y no solo seis u ocho horas.

Para ser una roca yerma y carente de actividad, la Luna es fundamental para nuestra supervivencia. Sencillamente, la vida en la Tierra (si la hubiera habido) sería muy diferente.

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