Los jóvenes irresponsables que han puesto en riesgo meses de lucha contra el COVID-19 por pura diversión

Jesús Del Toro
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El fenómeno conocido como 'spring break' provoca cada año, a principios de la primavera, fiesta, actividad económica y estragos en los lugares en los que sucede. En estricto sentido, el ‘spring break’ no es sino el periodo vacacional que usualmente tiene lugar en marzo y que es aprovechado mayormente por jóvenes que optan por viajar a lugares de playa para socializar y divertirse.

Pero es común que ello dé lugar a parrandas y excesos, principalmente el consumo desmesurado de alcohol, y las fiestas de 'spring break' a veces culminan en desmanes con daños a individuos o a propiedades. Mucho se ha criticado que el 'spring break', más allá de la diversión y los descubrimientos que gozan los jóvenes protagonistas, es un foco de abusos y riesgos, aunque por otro lado es también una significativa fuente de ingresos por turismo para las localidades donde ese singular turismo tiene lugar.

Grandes cantidades de  personas, muchas de ellas sin mascarilla, se reúnen en Miami Beach durante el 'spring break'. Lo hacen en desafío al toque de queda impuesto a partir de las 8 pm luego de que se registraron  actos vandálicos y aglomeraciones  excesivas de personas en plena pandemia.  (Daniel A. Varela/Miami Herald via AP)
Grandes cantidades de personas, muchas de ellas sin mascarilla, se reúnen en Miami Beach durante el 'spring break'. Lo hacen en desafío al toque de queda impuesto a partir de las 8 pm luego de que se registraron actos vandálicos y aglomeraciones excesivas de personas en plena pandemia. (Daniel A. Varela/Miami Herald via AP)

Pero cuando a todo ello se añade una devastadora pandemia y actitudes abiertamente antisociales, incluso delictivas, la situación va más allá de una juerga de jóvenes impetuosos y se convierte en una amenaza para ellos y para la sociedad.

Lo que ha sucedido recientemente en Miami Beach es un ejemplo extremo de ello pero que debe llevar a la reflexión. Allí, las personas que acudieron en multitudes, llegadas muchas de ellas de otros estados, no solo incurrieron en las tremendas borracheras, con frecuencia con desplantes en lugares públicos, y otros estropicios, sino que pasaron por alto las medidas básicas de prevención del contagio del covid-19 y dieron pie a saqueos y destrucción de propiedad.

Muchos de esos 'spring breakers' no han usado mascarilla ni practicado el distanciamiento social, y se han reunido, y se reúnen, en grandes aglomeraciones que son caldo de cultivo del coronavirus en proporciones potencialmente mayúsculas.

La vacuna contra el covid-19 se aplica ya en grandes cantidades en Estados Unidos, pero la población inmunizada es aún un porcentaje relativamente pequeño y los jóvenes (salvo quienes laboran en trabajos esenciales) por lo general todavía no están en los grupos de prioridad para recibir la vacuna.

Por ello, esos ‘spring breakers’ son vectores potenciales de contagios de covid-19 a gran escala, lo que los pone en riesgo tanto a ellos mismos como a sus familias y comunidades. Esa irresponsabilidad puede también, al incrementar la difusión del virus, conducir a que se retroceda en lo previamente ganado, en un esfuerzo de meses, con las medidas de mitigación y la vacunación.

Y cuando esas fiestas degeneran en vandalismo y violencia, al grado de que fuerzas policiales deban actuar para dispersar grandes concentraciones de personas que no respetan el toque de queda impuesto en el contexto de saqueos de propiedades y alto riesgo para la salud pública a causa de la pandemia, como ha tenido lugar en Miami Beach, el ‘spring break’ se convierte en una práctica ominosa e inaceptable.

Turistas llegados de múltiples áreas de Estados Unidos festejan el 'spring break' en Miami Beach, pero con escaso distanciamiento social y sin usar mascarillas, se convierten en un fuerte vector para la difusión del covid-19. (Carl Juste/Miami Herald via AP)
Turistas llegados de múltiples áreas de Estados Unidos festejan el 'spring break' en Miami Beach, pero con escaso distanciamiento social y sin usar mascarillas, se convierten en un fuerte vector para la difusión del covid-19. (Carl Juste/Miami Herald via AP)

El ansia de diversión, incluso de atreverse a prácticas riesgosas, es ciertamente inherente a la juventud, y la sociedad de consumo estadounidense incluye el fenómeno a gran escala de jóvenes que tienen la posibilidad de darse a la fiesta en sitios vacacionales para dar rienda suelta a su libertad o su libertinaje. 

Muchos negocios, máxime durante el presente periodo de reaperturas durante la pandemia, ven en ellos una fuente de ingresos muy importante y deseable. Siempre lo han sido pero dadas las limitaciones previas por el covid-19, y la muy amplia y para muchos desmesurada reapertura que se ha permitido en Florida y otros sitios, hoteles, restaurantes, bares y otros negocios han buscado con ansia a esos turistas y sus dólares.

¿Se puede gozar un libérrimo ’spring break’ sin por ello convertirse en amenaza para la salud y la seguridad públicas? Muchos dirían que sí y esa responsabilidad no necesariamente le restaría a la diversión.

Con una pandemia que ha dejado en Estados Unidos más de 543,000 muertes e incontable sufrimiento y debacle económica, hay quien pensaría que las personas serían más juiciosas y respetuosas de la salud pública, o que al menos velarían más por la suya propia. 

Pero la realidad del ‘spring break’ que se ha experimentado en Miami Beach, por solo citar un notorio ejemplo, señala que no se ha consolidado esa conciencia y que el gozo individual e inmediato continúa abrumando a las consideraciones de salud pública. 

Eso, cabe decir, no se circunscribe solo a los jóvenes que festejan con prácticas de alto riesgo: en muchas partes de Estados Unidos se registran cada día conductas individuales y colectivas contrarias a la necesaria contención de la pandemia, y entre ellas los excesos del ‘spring break’ ciertamente reciben notoriedad mayúscula.

Lo grave es que todo ello puede dar pie a nuevas oleadas de covid-19 y a que las nuevas y más contagiosas variantes del coronavirus se expandan de modo extenso, con todos los peligros que ello implica. La existencia de vacunas y el levantamiento de restricciones, en menor o mayor medida según la localidad, más la fatiga tras tantos meses de confinamiento y limitaciones ciertamente crean una equívoca sensación de seguridad, la prematura presunción de que la pandemia está ya de salida y un fuerte ansia de desfogue.

Pero aunque ciertamente la vacunación y los controles permitirán que la pandemia se mitigue y eventualmente termine, aún no es el momento para relajar las medidas y abandonarse como se ha visto recientemente en las escenas del ‘spring break’ de Miami Beach. Aún se requiere mantener la disciplina al máximo posible a costa de volver atrás, a nuevos y duros confinamientos, a más enfermedad y muerte y a una prolongación de la pandemia y sus restricciones.

Todo ello, con todo, al parecer queda en un nivel secundario para muchos de quienes buscan colmarse de diversión al inicio de la primavera. El costo de esas conductas irresponsables aún está por verse, pero el panorama tiene inevitablemente un tono sombrío. La otra cara de la moneda de la fiesta.