Los mismos "11 cabrones" y la responsabilidad absoluta de Zidane

Cuando Zidane decidió irse en el verano de 2018, todos pensamos que era porque no se atrevía (o que no tenía ganas) a hacer la limpieza que el equipo necesitaba. Había notado que el grupo ya no estaba para competir en el día a día (se acabó a casi 20 puntos del Barça) y el día de la eliminación copera ante el Leganés se dio cuenta de que el ciclo de ese grupo estaba acabado.

El tiempo pareció darle la razón, y meses después volvió como el mesías, como el salvador. Después de ganarlo todo, se sacrificaba y volvía al banquillo del Real Madrid con mucho más que perder que ganar. Eso sí, lo hacía de otra manera, con plenos poderes, nadie ya le iba a discutir ni una sola de sus decisiones.

Los meses de final de temporada, con el Madrid fuera de la lucha por todos los títulos, el equipo continuó siendo un desastre. La llegada del galo no pudo cambiar nada, pero en el fondo daba un poco igual. Simplemente eran pruebas que le iban a servir para ver quién valía y quién no, y cuanto peor fueran las cosas, más revolución iba a haber.

En teoría.

"Va a haber cambios", anunció Zidane en varias ocasiones. No sonaba quizás a esa revolución deseada por muchos, pero sí sonaba a que iba a haber un giro importante y que serían varios los jugadores de peso que saldrían del equipo en verano. Los nombres de Bale, Isco, Kroos, Marcelo, Keylor o Asensio estaban en boca de muchos. Si no todos, varios de ellos apuntaban a que saldrían.

El verano comenzó raro, con la renovación de Kroos. Después se supo que Marcelo era intocable, y pasaban los días y se empezó a dar por hecho que tampoco saldrían Isco o Asensio. Ni tampoco Keylor, Nacho, Varane o Modric. Solo a Bale se le enseñó la puerta de salida. Los cambios, por lo tanto, eran deshacerse del galés, simplemente.

Ante el Atlético, Zidane apostó por un once casi clavado al del año pasado. Hazard era la gran novedad y atracción, y Jovic entró por Benzema por lo que había sucedido ante el Arsenal (el serbio solo duró unos minutos en el campo por la expulsión de Nacho). El resto, "los mismos once cabrones de siempre", que diría John Benjamin Toshack. El inmóvil Kroos (siempre al trote cochinero), el ya cascado Modric y un Isco en su mala forma habitual frente a un centro del campo que apretó y mordió en cada jugada. Y el resultado fue una carnicería, una humillación como se recuerdan pocas. No fue el resultado, sino el cómo. La sensación de que jugaban veteranos semiretirados y cansados de ganar contra un equipo profesional, con hambre, con voracidad.

Zinedine Zidane en el partido entre Real Madrid y Atlético. (Photo by TF-Images/Getty Images)

"No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo" es una frase de origen algo confuso (no está del todo claro si es o no de Einsten) pero que esconde una gran sabiduría. ¿De verdad alguien pensaba que el mismo equipo del año pasado, los mismos jugadores, iban a recuperar el nivel que tenían hace años? ¿Que, de repente, iban a volver a ser los grandes futbolistas que fueron y a ganar nuevamente?

No, esta vez no es culpa de los jugadores. Es culpa del que cree que esos jugadores van a volver a ser lo que fueron. Después de un año plagado de humillaciones (Barça, Eibar, Ajax, Atlético...) es hora de que alguien tome decisiones, por muy dolorosas que sean. Queda aún tiempo por delante, tiempo suficiente para que salgan del equipo 'Iscos', y no 'Ceballos'. Por que si no... ¿para qué has venido, Zidane?

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