Los Javis convierten en oro todo lo que tocan: 'La Veneno' se confirma como su último éxito

Los Javis se están tomando su tiempo para moldear la historia de La Veneno. Y no por gusto, sino porque la pandemia de coronavirus les ha obligado a retrasar el proyecto dándoles tiempo para crear su mejor trabajo hasta la fecha. El primer episodio de la serie sobre el terremoto televisivo de los 90s tuvo un estreno apoteósico en el mes de marzo y ahora, tres meses más tarde, ya podemos disfrutar del segundo. Un capítulo que vuelve a adentrarnos en la verdadera Cristina Ortiz Rodríguez, sus orígenes y su valentía, pero también en la pérdida y el rechazo sufridos, contrastando su personalidad arrolladora con aires “almodovarianos” sutiles.

Un capítulo que despliega el cariño y respeto que Los Javi sienten por la historia y el personaje, y que los consagra como referentes modernos en la creación de éxitos. La llamada, Paquita Salas y ahora La Veneno. Lo que tocan lo convierten en oro. Han aprendido cómo llegar a la audiencia, y no solo como reyes del marketing viral, sino también por comprometerse con historias que cuentan desde el corazón. Y La Veneno es el ejemplo definitivo de la fórmula de su éxito.

La Veneno (Twitter)

El segundo capítulo de Veneno. Vida y muerte de un icono ya está disponible en la plataforma de pago de Atresmedia (Atresmedia Premium), y tal y como sucedió con el primero, los aplausos están siendo unánimes de nuevo. Y no es para menos. Javier Ambrossi y Javier Calvo vuelven a bañar de empatía a la figura de Cristina, utilizando la biografía escrita por Valeria Vegas como punto de partida, ensalzando a La Veneno como un icono de la transición trans a medida que conocemos su historia, y la de Valeria.

Después de ser testigos de un primer episodio que ponía al espectador en situación, presentándonos los orígenes de La Veneno como personaje mediático tras su debut en Esta noche cruzamos el Mississippi, el programa nocturno de Pepe Navarro, la serie se remonta al pasado para seguir bañando de comprensión y empatía a un personaje que lo tuvo muy poco en vida.

El nuevo episodio, titulado Un viaje en el tiempo, nos adentra en los años de niñez de Joselito, el rechazo constante de su madre y del pueblo, las confesiones junto a su amigo y el descubrimiento definitivo de su sexualidad con una secuencia simbólica durante su primera comunión que lleva la firma más reconocible de los creadores de La Llamada. Después de decidir que iba a tomar el sacramento al descubrir que podía llevar falda, aparece en la iglesia con un vestido corto, utilizando el pasillo central como su propia pasarela, liberando su auténtica naturaleza con alas de pavo real. El momento más “Javis” de todo el capítulo que bien podría haber aparecido en el exitoso musical protagonizado por Belén Cuesta.

Pero además de dejar huella con estilo propio, Los Javis se siguen formando como contadores de historias tomando de prestado influencias evidentes. Y es que si ya respirábamos aires almodovarianos en el primer episodio, en este segundo Ambrossi y Calvo vuelven a retomar esas influencias manchegas en la recreación del mundo de pueblo, del niño reprimido por el mundo que le rodea, la madre firme, los delantales de cocina y las camisetas de tirantes, o en los momentos de libertad infantil que nos producen ciertos déjà vus con La mala educación, Volver y incluso la más reciente obra del director, Dolor y gloria.

A pesar de la tristeza que genera el rechazo sufrido de pequeño, la personalidad arrebatadora de Joselito eleva la historia con ternura y una empatía que permite que el espectador comprenda el sufrimiento vivido desde una perspectiva que quizás, ya convertido en La Veneno, no supo transmitir en vida. Y es en este segundo capítulo que Los Javis dan voz a Joselito y a Cristina. La Veneno está ahí, como el alter ego que sale de vez en cuando en busca de atención, pero son estas dos etapas de la misma persona las que ocupan el lugar central de este episodio, haciéndolo más cercano, personal y emotivo.

De esta manera, y con apenas dos episodios disponibles, podríamos decir que Los Javis ya tienen nuevo éxito entre manos. La pareja de autores ha pasado de ser los profesores ‘guay’ de Operación Triunfo (la edición que ganó Amaia) a referentes modernos en la industria audiovisual. Son los nuevos alquimistas del negocio, esos con la fórmula infalible para convertir sus ideas en oro puro. Desde La llamada a Paquita Salas, Los Javis crearon dos éxitos con voz propia, siempre manteniendo un humor surrealista bañado de nostalgia, recurriendo a la música como personaje coprotagonista y llegando al público con tramas sin prejuicios. Y ahora La Veneno se suma a este conjunto de historias que convocan al espectador moderno, ese que bebe de la viralidad de la redes y apuesta por tramas diferentes.

Y si lo que tocan lo convierten en oro es porque han apostado por la autenticidad de sus ideas. Ya lo decían en una entrevista a El País hace dos años: “Si me ofrecen 200.000 euros por dirigir un anuncio digo que no y listo. Hay principios. Yo me dedico a esto porque me hace feliz” decía Ambrossi. “Si esto encima ayuda a alguien, genial. Si el discurso no se entiende, igual debemos explicarlo mejor pero no cambiarlo” añadía tras definir al dúo y pareja en la vida real como “la prueba de que se puede ser comunicativo, buena gente, abierto y reivindicativo”.

Ellos se dieron cuenta que comenzaban a ser un fenómeno tras el segundo o tercer episodio de Paquita Salas (El País) y juntos han sabido utilizar las redes sociales en su beneficio. Retuitean y comparten todos los halagos y promociones de sus obras, y sus estrenos son siempre tema de conversación viral. Y el segundo episodio de La Veneno no está siendo la excepción. Los Javis han encontrado una nueva forma de contar historias como autores independientes, teniendo al público como aliado indiscutible. Algo que muy pocos consiguen. Porque si la serie de La Veneno fuera creación de otro, ¿tendría la misma repercusión? Me atrevo a decir que no. Que es la firma de Los Javi, con la autenticidad de sus proyectos y la viralidad que provocan lo que convoca la curiosidad de las masas. Y aun más cuando tenemos en cuenta que la serie está disponible en una plataforma de pago que pocos espectadores están dispuestos a pagar ante la gran oferta de contenido de otros servicios streaming. Y sin embargo, La Veneno es un éxico.

Los Javis mantienen el ritmo dramático y cautivador que dieron al primer episodio, apostando por un acompañamiento musical que se antoja perfecto -tal y como hicieron con La llamada y Paquita Salas-. En Un viaje en el tiempo aprendemos más de Cristina. De los eventos que la llevaron a huir de casa a los 13 años, abriendo la mirilla hacia la persona detrás del personaje. En esta serie, el juicio social no tiene cabida. La propia serie lo transmite con su estilo narrativo de comprensión e inclusión y rechazo al bullying; mientras los propios personajes lo dicen alto y claro. Por ejemplo, cuando Valeria -la joven que comienza su transición tras conocer a La Veneno y comenzar a escribir su historia- confiesa a su madre su identidad transexual: “Peligrosa es una madre que te maltrata. Peligroso es tener que huir de tu casa a los 13 años. Peligroso es que en cada esquina de tu pueblo te llamen maricón y que tu mayor tortura sea el deseo de que te amen. O sentirte sola porque nadie ve quien eres. Somos mujeres para las que el mundo es peligroso”.

Y el episodio nos deja con ganas de más. Con ganas de seguir ahondando en la persona detrás de la figura mediática, esa que cautivó a generaciones como torbellino televisivo y plantó a la comunidad trans en el mapa de la televisión de los 90s.

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Imagen: Twitter