Netflix rompe con 'Los Irregulares’ el tabú de la homosexualidad entre Sherlock Holmes y el Doctor Watson

Pedro J. García
·8 min de lectura

¡Atención! Este artículo incluye spoilers de la primera temporada de Los Irregulares

Desde su estreno en Netflix a finales de marzo, Los Irregulares ha dado mucho que hablar a los espectadores de la plataforma que se han enganchado a la nueva serie basada en el mundo de Sherlock Holmes. En esta ocasión, la historia no se centra en el mítico detective, sino en un grupo de adolescentes que investigan casos sobrenaturales para el Doctor Watson en ausencia de Holmes.

La ficción ha dividido a la audiencia, principalmente por los cambios que efectúa a la mítica creación de Arthur Conan Doyle al convertir a los Irregulares de Baker Street en un grupo racialmente diverso de adolescentes, por sus elementos anacrónicos y por sus similitudes con otra serie del streamer, Stranger Things. Pero sin duda, el cambio que más conmoción ha causado es el que afecta a la relación entre Sherlock y Watson. Por primera vez, uno de ellos se confirma como homosexual, convirtiendo en canon la fantasía de muchos fans y rompiendo así un tabú del universo Sherlock que hasta ahora nadie se había atrevido a desafiar oficialmente.

'Los Irregulares' (cortesía de Netflix)
'Los Irregulares' (cortesía de Netflix)

Ambientada en el Londres victoriano, Los Irregulares narra las aventuras de una pandilla callejera de adolescentes rebeldes e inadaptados que son reclutados por el doctor Watson para resolver crímenes para él y su socio, el esquivo Sherlock Holmes. Los casos a los que se enfrenta el grupo van tomando un cariz más terrorífico y sobrenatural, dando paso al descubrimiento de un poder oscuro que amenaza con invadir Londres desde otra dimensión. Los Irregulares tendrán entonces que unir fuerzas para salvar la ciudad y el mundo cerrando el portal que está llenándolo de monstruos y otras pesadillescas amenazas.

La versión de Sherlock Holmes y John Watson que conocemos en esta serie es muy distinta a las que habíamos visto hasta ahora. Para empezar, Watson está interpretado por un actor negro, Royce Pierreson (Line of Duty), y no es el compañero amable y cordial que conocíamos, sino un hombre con intenciones oscuras y un carácter agrio y siniestro. Por su parte, Sherlock (interpretado por Henry Lloyd-Hughes; Killing Eve) no es el genio de siempre, sino que comete más errores que nunca debido a que es drogadicto y se encuentra físicamente debilitado por el dolor de haber perdido a su amada, haciendo deshonor a su reputación como el detective más infalible y famoso del mundo.

Pero como decía, el mayor cambio efectuado a los personajes de Arthur Conan Doyle es que, por primera vez, uno de ellos es explícitamente queer. Se trata de Watson, que en la serie está perdidamente enamorado de Sherlock. Y esta vez no se reduce a un guiño ambiguo abierto a la interpretación del espectador, sino que recibimos confirmación en boca del propio personaje. Aunque desde el principio de la serie tenemos nuestras sospechas de que Watson siente algo más que admiración y lealtad por su socio, es en el séptimo episodio donde todo esto pasa de subtexto a texto, cuando Watson dice que ama a Sherlock.

“Lo amo. Siempre lo he amado” son las palabras que Watson pronuncia. Su confesión llega durante una tensa conversación con Bea (Thaddea Graham), la líder de los Irregulares, quien junto a su hermana, Jessie (Darci Shaw), perdió a su madre, Alice (Eileen O'Higgins), en la Grieta, el portal entre mundos que trataba de cerrar para proteger a Londres de las fuerzas del mal. En el final de la temporada descubrimos que en lugar de salvar a Alice, Watson decide salvar a Sherlock y deja morir a la madre de las niñas. Cuando Bea le pregunta por qué tomó esa decisión, él reconoce lo que muchos espectadores llevábamos años esperando: porque está enamorado de Sherlock.

No obstante, el amor de Watson por Sherlock no es correspondido. En Los Irregulares, Holmes está enamorado de Alice y es el padre de Jessie y Bea. Watson no puede competir con el profundo amor que su socio siente por la mujer, y como resultado, se convierte en un hombre despechado y arisco, llegando al límite de eliminar a Alice de la ecuación cuando se le presenta la oportunidad. Después de lo ocurrido, Watson sigue fiel a Holmes, al que cuida en su duelo y protege con la esperanza, en el fondo, de que algún día le devuelva lo que siente por él. Sin embargo, no parece que Holmes sea capaz de sentir lo mismo, dejando la relación como platónica y (por ahora) imposible.

Royce Pierreson como John Watson (cortesía de Netflix)
Royce Pierreson como John Watson (cortesía de Netflix)

Que John Watson sea abiertamente homosexual en Los Irregulares es todo un hito dentro del universo de Sherlock Holmes. En la última década hemos tenido varias adaptaciones de los relatos de Arthur Conan Doyle que no han hecho sino alimentar la teoría de que John y Sherlock en realidad están enamorados -o al menos uno de ellos del otro.

Ocurrió con las películas dirigidas por Guy Ritchie y protagonizadas por Robert Downey Jr. y Jude Law, que jugaron bastante con los dobles sentidos y la tensión sexual; y sobre todo en Sherlock, la serie de BBC con Benedict Cumberbatch y Martin Freeman, que desató un aluvión de fan art y fan fiction donde los protagonistas estaban inmersos en una relación romántica y sexual (Martin Freeman llegó a definir Sherlock como “la serie más gay de la historia de la televisión”). Aunque las discusiones en torno al subtexto homosexual en la relación entre Sherlock y John han estado siempre ahí, son estas adaptaciones audiovisuales las que han hecho que el debate se extienda más allá de los círculos fan.

Lo que hicieron tanto la franquicia de Ritchie como la serie de BBC es lo que se conoce como queerbaiting, es decir, la práctica -por desgracia bastante extendida en la industria audiovisual- de sugerir que dos personajes supuestamente heterosexuales podrían ser LGBTQ+, sin llegar a hacerlo explícito nunca. A raíz de estas dos versiones modernas del mundo de Sherlock Holmes, la creencia de que los dos protagonistas eran queer cobró una fuerza inusitada, hasta el punto de que para muchos, esta relación era más que elemental.

Henry Lloyd-Hughes como Sherlock Holmes (cortesía de Netflix)
Henry Lloyd-Hughes como Sherlock Holmes (cortesía de Netflix)

Pero no ha sido hasta Los Irregulares cuando se ha vuelto 100% oficial, aunque sea solo en el universo de la serie, que no comparte continuidad con el resto de versiones. Hasta ahora, los fans se habían tenido que conformar buscando pistas y detalles ocultos (como el propio Sherlock) que señalasen a la conclusión definitiva de que Johnlock era real. Pero con la serie de Netflix, ya no hace falta imaginárselo, sino que forma parte de la historia oficialmente.

Claro que la buena noticia no ha sido tal cosa para un sector del fandom que no ha recibido el cambio con los brazos abiertos. Y no estoy hablando de colectivos conservadores o puristas de la literatura, sino precisamente de algunos fans que deseaban que la homosexualidad de los personajes fuera canon… pero no de esta manera. Me explico, los hay que han tachado la trama de Watson de “homófoba”. ¿Por qué? Según ellos porque, cuando por fin nos dan a un Watson gay, lo convierten en villano que causa la muerte de la mujer de la que un heterosexual Sherlock está enamorado. Es decir, una de cal y otra de arena. 

Si bien es cierto que puede resultar decepcionante que Sherlock no corresponda a John, de ahí a considerar la trama en cuestión homófoba va un trecho, sobre todo cuando se atreve a hacer algo que sus predecesoras solo habían sugerido a base de guiños engañosos. Dejando a un lado el debate, de lo que no cabe duda es que por fin han puesto sobre la mesa el tema y han decidido tratarlo abierta y canónicamente, algo que no habíamos tenido hasta ahora. Yo, personalmente, lo considero motivo de celebración, aunque no nos dé el final feliz que siempre quisimos.

Con Los Irregulares, Netflix sigue explorando y reescribiendo el universo de Sherlock Holmes después de la simpática Enola Holmes, la película centrada en su hermana pequeña que protagoniza Millie Bobby Brown, en la que Henry Cavill encarna a Sherlock, encontrando con ellas diferentes puntos de vista para contar estas historias clásicas y representar al icónico personaje. Pero en realidad, el detective no es lo más importante de la serie. Y es que su esencia es precisamente que Sherlock Holmes no es la estrella o el héroe de la historia, sino la pandilla adolescente que se dedica a resolver misterios en su ausencia.

En esta nueva apuesta juvenil se dan la mano series fantásticas y de terror como Buffy, cazavampiros o Sobrenatural, el cine de superhéroes y las películas de pandillas de los 80 (El secreto de la pirámide), con ese toque moderno de las ficciones young adult actuales (incluida banda sonora contemporánea con artistas como Zedd o Billie Eilish) y por supuesto Stranger Things, con la que tiene bastante en común. Todo para resultar en un cóctel muy llamativo y mucho mejor concebido y ejecutado de lo que parece a simple vista. No es apta para puristas, sino para los que quieran ver algo familiar desde otro punto de vista. Una serie entretenida, con interpretaciones destacables y de buena factura a la que merece la pena dar una oportunidad.

Los Irregulares ha sido criticada por sus anacronismos y sus cambios al relato de Arthur Conan Doyle entre otras cosas, pero precisamente eso es lo que la hace especial entre tantas y tantas versiones que hemos tenido del personaje. Que hayan hecho que John Watson sea abiertamente homosexual es el mejor ejemplo de que no estamos ante una propuesta que tenga miedo a desafiar lo establecido. Por supuesto, tenía que ser de Netflix, dónde si no.

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