¿Los hombres son estoicos mientras las mujeres son sensibles e histéricas?

Expertos en salud piden revisar los estereotipos relacionados con el dolor, considerado un problema “menor”. ¿Existe una brecha de género en el tratamiento del dolor?

Hay estudios que demuestran que los hombres son más sensibles al dolor que las mujeres. (Foto: Getty)

Mujeres y hombres procesan de forma diferente el dolor y responden también de forma distinta a los tratamientos, tal y como demuestran los últimos estudios en dolor crónico.

Sin embargo, el sexo es una variable que pasa desapercibida en el abordaje del dolor crónico en España, según expertos reunidos en el curso de verano ‘Dolor y perspectiva de género, ¿una realidad?’, organizado por la Sociedad Española del Dolor (SED), junto con la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con la Fundación Grünenthal y Boston Scientific.

Así lo explican los especialistas en este video en el que advierten de las diferencias en terapias psicológicas puesto que los hombres se benefician más de estrategias centradas en el ejercicio físico o la toma de fármacos mientras que las mujeres necesitan apoyo social y manejo de las emociones ya que es más prevalente la depresión y la ansiedad en mujeres con dolor. Además, alertan sobre el abuso de la prescripción de analgésicos a las mujeres, que podría ocultar o retrasar el diagnóstico de enfermedades.

Los especialistas consideran que la percepción del dolor no depende del género sino de la tolerancia de cada persona. (Foto: Getty)

Por otro lado, según un estudio reciente publicado por The Journal of Pediatric Psychology, el dolor de las niñas se toma menos en serio que el de los niños.

"Los estereotipos explícitos de género, por ejemplo, que los niños son más fuertes o las chicas más sensibles, pueden sesgar la evaluación de los adultos sobre el dolor de los niños y exacerbar la prestación de servicios de salud injustos", cuentan los autores.

“Actualmente raramente hay un abordaje diferencial, puesto que este precisa de un prisma bio-psicosocial donde establecer metas de tratamiento y rehabilitación diferenciadas en base al sexo y otras variables”, ha explicado el doctor César Margarit, director del curso y jefe de Sección de la Unidad del Dolor del Hospital General de Alicante, quien se ha mostrado partícipe de la medicina personalizada.

El experto considera que “un abordaje que incluyera la perspectiva biológica, psicológica y social en dolor crónico mejoraría la eficacia terapéutica, disminuyendo los tratamientos empíricos, y permitiría buscar un tratamiento dirigido a ese paciente en particular, mejorando su calidad de vida”.

En este sentido, tal y como asegura la doctora María Teresa Ruiz, de la Universidad de Alicante, existen sesgos de género en la atención sanitaria: “Hay que revisar los estereotipos que entienden que los hombres son estoicos mientras las mujeres son sensibles y también histéricas”. En su opinión, el dolor es considerado por profesionales y pacientes como un problema “menor”.

Por ello, la especialista insta a los profesionales a “reconocer las diferencias por sexo en la manera de cursar las enfermedades”, incorporar estas diferencias en los protocolos diagnósticos, incrementar la escucha y a las mujeres en los ensayos clínicos de analgésicos en una proporción similar al porcentaje de la población de mujeres consumidoras de los mismos.

Dormir mal y algunos factores ambientales como la dieta, la contaminación, fumar o consumir alcohol, pueden alterar los genes y modificar nuestra tolerancia al dolor. (Foto: Getty)

En el campo de la investigación, el doctor Margarit cree que es preciso mejorar la investigación preclínica y clínica en base al género para conocer mejor los elementos diferenciados que se han detectado hasta el momento: “Existen diferencias en cuanto al procesamiento del dolor en las distintas áreas cerebrales y, sobre todo en el aspecto hormonal”.

Estas diferencias intervienen no solo en la manifestación de dolores más prevalentes en mujeres que hombres o a la inversa, sino también condicionan la respuesta a los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos.

La presidenta de la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE), Isabel Colomina, ha hecho hincapié en los componentes personales multidimensionales que afectan al dolor, condicionado por factores sociales, culturales medioambientales o biológicos.

“Abordar el dolor desde la perspectiva de género es tener en cuenta y entender bien la etiología de las enfermedades y cómo estas afectan a hombres y mujeres en todos los ámbitos de su vida”, apunta la experta.

En este sentido, Colomina ha señalado que la migraña está claramente asociada a la mujer joven: “Más de cuatro millones de personas sufren migraña en España, de las que el 80 por ciento son mujeres de entre 20 y 40 años” y ha reclamado cambios en la atención sanitaria y la desmitificación de algunos mitos relacionados con dolor y mujer.

“Que nos pregunten cómo queremos ser atendidas, qué es importante para nosotras, cuáles son nuestras prioridades en relación a nuestra enfermedad. La escucha activa es necesaria para la gestión del dolor”, concluye.

En la misma línea se ha mostrado la doctora Ruiz, quien ha hecho un llamamiento a los profesionales de la salud para que puedan empoderar a las mujeres: El dolor, acompañado de angustia, se suele atribuir a factores psicológicos. Algunos estudios demostraron que las mujeres comienzan con vergüenza basada en la desconfianza de los profesionales y el malentendido de familiares y amigos. Sin embargo, cambiaron a mejor cuando un médico las creyó”.

¿Estás de acuerdo con esta perspectiva? ¿Te da vergüenza hablar de dolor con tu médico? ¿Qué puedes contarnos sobre tu experiencia como paciente?

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