'Los hombres de Paco': cuando algo ha sido la caña, es mejor dejarlo ahí

Hay cosas que es mejor no volver a tocar, bien porque segundas partes nunca fueron buenas o, sencillamente, porque son irrepetibles. El regreso de Los hombres de Paco nos confirma esta teoría. La serie mítica de comienzos de milenio fue todo un hito televisivo, casi sagrado, diría yo. Era cita obligada en los hogares para verla religiosamente con la familia. No había excusa ni otro plan que evitara ese momento frente al televisor de casa. Una magia y empatía con la audiencia que, sin embargo, no se ha conseguido ni de cerca con el reboot a pesar del esfuerzo y la calidad de la producción.

¿Qué ha pasado para que la serie de Antena 3 no haya calado tan hondo en su público? He de decir con todo mi pesar que razones hay unas cuantas.

Los hombres de Paco (cortesía de Atresmedia)
Los hombres de Paco (cortesía de Atresmedia)

Hablar de la televisión y las series en España es hablar de Los hombres de Paco. Todo en ella despuntaba cuando se estrenó en 2005 durante sus 9 temporadas y sus 117 episodios. Desde su temazo de apertura, Nada que perder de Pignoise (esta vez se ha optado por El madero, de Estopa), hasta su acertado casting, encabezado por Pepón Nieto, Paco Tous, Hugo Silva. Los dos primeros siguen al pie del cañón y haciendo de las suyas en esta nueva entrega, pero Silva, el policía guapo y rebelde, solo aparece de vez en cuando para decepción de sus fans de entonces. Sin embargo, no creo que ese sea el motivo principal por el que la audiencia ha respondido tan pobremente a la nueva versión. Un proyecto de tal fuerza y envergadura es más que un único actor, y si bien puede hacer que cojee un poco más de lo normal, no es motivo para ese 7,6% de share que obtuvo con su último capítulo.

Antes de entrar en materia me gustaría destacar algo. Las audiencias no dictan la calidad y el trabajo bien hecho de cualquier espacio televisivo. Es decir, un proyecto no deja de ser bueno porque lo vean menos personas. Hay ocasiones, como es el caso, en el que las circunstancias del momento, el ámbito social y factores externos afectan notablemente. Y, para mí, este es un claro ejemplo de ello. Atresmedia TV en colaboración con Globomedia, ha presentado un proyecto impecable. Sus actores, los veteranos y los nuevos, han captado la esencia de esa serie de barrio que un día nos tuvo pegados a la caja tonta. Los diálogos, los chistes, las situaciones surrealistas y ese humor ácido de siempre se mantiene intacto, al igual que la puesta en escena magistral de sus intérpretes, entre los que cabe también destacar, además de los mencionados, a sus dos piezas fundamentales, Carlos Santos y Neus Sanz, y las acertadas incorporaciones de Amparo Larrañaga, Amaia Sagasti y Juan Grandinetti.

Dicho esto, soy de la teoría de que cuando algo ha sido la caña, es mejor dejarlo ahí. Sobre todo, cuando se trata de una serie tan generacional y representativa de un momento y lugar que nada tiene que ver con lo actual. Los hombres de Paco conectaba con esa clase obrera, trabajadora y de barrio ajena al avance tecnológico que, aunque empezaba a despegar, todavía no había llegado a estos niveles. El bar de la esquina del famoso barrio de San Antonio, la humilde y acogedora casa de Paco donde se reunían todos y el caos de su comisaria donde el desorden y el ruido eran su mayor encanto. Todo eso ha desaparecido. Desde fuera puede parecer una auténtica chorrada, pero esos pequeños grandes detalles que ya no existen, se echan mucho de menos. Es evidente que los tiempos han cambiado y hay que adaptarse a ellos, ahora todo funciona a través de una gran pantalla y no podemos recurrir a los PC's de aquel entonces porque sería bastante ridículo. Pero ver cómo el centro de operaciones de la serie está convertido en una especie de Matrix, con todo digitalizado y sus policías vestidos de punta en blanco no llega de igual manera. La nostalgia juega un papel fundamental y en este caso no ha ayudado a que nos adaptemos a la novedad.

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Uno piensa en Los hombres de Paco y lo primero que te viene a la cabeza es ese look destartalado de sus protagonistas en vaqueros y camiseta, incluso despeinados, ingeniándoselas para sacar adelante un caso mientras se toman una cañita. O a un Don Lorenzo, interpretado por Juan Diego, todo serio y metiendo caña a su personal en la comisaría para sacar adelante un caso. Nada que ver con la imagen actual que se nos presenta. Y no es que Amparo Larrañaga, la jefaza del nuevo equipo de detectives, no les ponga en su sitio, lo hace estupendamente, pero no es lo mismo. Como tampoco lo es el hogar dulce hogar de Paco que ahora es una pasada de moderno. Su nueva casita de soltero tras separarse de Lola, papel de Adriana Ozores, se siente mucho más frío y poco acogedor, faltan esos platos ricos de la matriarca y esas charlas, a veces peleíllas, entre marido y mujer en la cocina. Ahora Paco está divorciado, y como tal vive solo en un pisazo al que no le faltan detalles. Ese es otro asunto, nos cuesta entender lo de la separación de la pareja más entrañable de la tele en los últimos tiempos. De repente hemos pasado de un humilde hogar y un matrimonio feliz, con sus más y sus menos, a un soltero de oro en un lugar que no nos dice nada. Como idea es estupenda, pero se sale demasiado de los cánones a los que estábamos acostumbrados. Pero casi 15 años después no podemos esperar que los looks sean los mismos, ni las casas, ni las puestas en escena, ni mucho menos las relaciones interpersonales. Pero es muy difícil concebir y asimilar tanto cambio cuando algo está tan marcado y llegó tanto al corazón de la audiencia. Lo mismo ocurre con la relación de Hugo Silva y Michelle Jenner, o mejor dicho, Lucas y Sara.

Es muy bonito verles felizmente casados, convertidos en padres y con una vida tan idílica, pero no son nuestros Lucas y Sara de siempre. Aquel amor imposible, casi prohibido, vivido en la clandestinidad era uno de los encantos fundamentales que nos tenía enganchados. ¿Quién no se identificó con la historia de esta quinceañera que vive un amor platónico con el mejor amigo de su padre? Ese quiero y no puedo, sí pero no, era otra pieza clave que de la noche a la mañana nos han quitado de cuajo. De repente tenemos a los dos con la vida resuelta y sin demasiado contenido que ofrecer. Todo muy bonito, pero mucho más aburrido y sin esas mariposas en el estómago que teníamos en cada capítulo.

Por eso insisto en que hay cosas que tienen su momento y su lugar, sacarlas de allí es revolver todo y romper esa burbuja. Tampoco ayuda la situación actual televisiva que vivimos y la variada oferta de la parrilla de la competencia. Aunque por aquel entonces los realities existían, la oferta actual es masiva y eso, inevitablemente, les quita audiencia. Los jueves Los hombres de Paco tienen que verse las caras con Secret Story, que el pasado jueves se hizo con un 18% frente al 7,6% que alcanzó la serie de Antena 3. Un dato muy revelador que denota que no solo no ha enganchado a su público fiel de hace años, sino que no ha sido capaz de arrastrar a las nuevas generaciones. Mientras a los del pasado, grupo en el que mi incluyo, nos ha desencantado tanta modernidad y cambios tan drásticos, a los más jovencitos no les ha llegado la temática ni el tono a pesar de ser historias universales. Están más acostumbrados a otro tipo de contenidos más fugaces que hacen que se cierren a propuestas más tradicionales. No lo entienden porque no vivieron la primera parte, así que no le han dado la oportunidad. Eso, sumado al enganche casi enfermizo a las redes sociales donde lo que prima es el look, las alfombras o el chisme de última hora, no han ayudado a que la serie tire para adelante como se merece.

Creo que otro de los 'errores', por llamarlo de alguna manera, también ha sido la forma de venderla. Y aquí volvemos a Mediaset. Cuando ellos tienen que promocionar un contenido interno lo incluyen hasta en la sopa, al final es tan cansino que terminas consumiéndolo por inercia. En este caso, el hecho de que el estreno y el acceso a sus capítulos con antelación haya sido a través de la plataforma de pago ATRESplayer, tampoco ha sumado puntos a la causa. El primer capítulo se estrenó el 10 de mayo en simultáneo en la plataforma y abierto, siendo todo un éxito con una acogida del 19,5% de share. La serie continuó en el formato de pago para volver al abierto a partir del 9 de septiembre. Y esperar tanto para continuar con el banquete no se antoja muy acertado. Después de 4 meses de espera, ya casi nos habíamos olvidado del asunto cosechando un 12,1% con el segundo capítulo, 9,4% con el tercero y 7,6% con los dos más recientes.

Este conjunto de factores sumado al horario tardío de su entrega (el capítulo en sí no empieza hasta las 23:00), a la nostalgia de una época que fue y que ya no es, son, a mi modo de ver, las posibles causas de este batacazo. La serie es estupenda y en cada capítulo se percibe que su equipo se ha dejado la piel, pero quizás esa historia era mejor no haberla sacado del baúl de los recuerdos bonitos. Me sabe mal ver cómo un contenido de tanta calidad y tan cuidado queda reducido a unas cifras tan bajas y no es valorado como realmente se merece. La cosa todavía puede remontar en los próximos capítulos, pero no lo veo tan claro.

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