Los factores ambientales detrás del cáncer de mama

La alimentación o la exposición a ondas, radiaciones y luz visible, entre otros, pueden tener una incidencia en el desarrollo del cáncer de mama, según ha establecido la evidencia científica

El exceso de luz por la noche se asocia a un riesgo más elevado de cáncer. (Foto: Getty)

La incidencia de cáncer de mama en España se sitúa, según los datos epidemiológicos del año 2018, alrededor de 26.000 mujeres, lo que supone aproximadamente un nuevo caso de cáncer de mama cada 20 minutos, de ahí la necesidad de profundizar en la biología de la enfermedad.

Para conocer mejor el impacto de los factores medioambiantes y del estilo de vida se ha celebrado en Madrid el Simposio Internacional Hygeía sobre medioambiente y cáncer de mama, cuyo nombre -de origen griego-, se debe a la diosa griega de la salud y también a una paciente de cáncer de mama, que fue quien lo propuso para bautizar esta reunión cuando comenzaba a gestarse. La organización lo ha mantenido al mismo tiempo como un homenaje póstumo a esa paciente y como una señal de esperanza para todas aquellas que tengan que enfrentarse a la enfermedad en un futuro en el que cada vez se conocerá mejor las causas que provocan y agravan este tipo de tumores.

Durante este encuentro, un grupo de expertos ha analizado los factores ambientales detrás del cáncer de mama con el acento puesto en la dieta y el ejercicio como factores de prevención.

Tener un estilo de vida activo y mantener un peso saludable durante toda la vida son medidas preventivas que pueden reducir el riesgo. (Foto: Getty)

La Dra. María Herrera de la Muela, responsable de la Unidad de Patología Mamaria, ha explicado que la terapia hormonal sustitutiva (THS), que mejora la calidad de vida de las mujeres con síndrome climatérico, se asocia a un mayor riesgo de cáncer de mama si se prolonga por más de dos años. También se ha referido al consumo de fitoestrógenos en la dieta (isoflavonas y lignanos especialmente, presentes en legumbres y algunos granos) por su efecto preventivo frente a esta enfermedad.

En cuanto a los factores externos o ambientales, existen varios, desde la dieta hasta las radiaciones, en los que la ciencia ha establecido una asociación con una mayor probabilidad de desarrollar tumores. Según ha explicado la Dra. Carmen Navarro, del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB-Arrixaca), “la alimentación se perfila como uno de los elementos que puede contribuir a prevenir la aparición del cáncer de mama”.

Una copa al día puede aumentar el riesgo de cáncer de mama. (Foto: Getty)

La doctora ha presentado durante la cita los resultados del estudio EPIC, en el que se ha investigado sobre el papel de la dieta en el cáncer de mama, tanto analizando alimentos individualmente como grupos de alimentos o nutrientes. “Se ha encontrado que el consumo de alcohol aumenta el riesgo, así como el de grasa y, muy especialmente la saturada”, explica la doctora, que matiza que, “afortunadamente, muchos alimentos muestran un efector protector como el consumo de verduras y los alimentos ricos en fibra”, señala. Los resultados de este estudio señalan que la dieta mediterránea reduce un 6 por ciento el riesgo de cáncer de mama en mujeres post-menopáusicas.

Respecto del alcohol o el tabaco, la Dra. Ana Ruiz Casado, del Servicio de Oncología Médica del Hospital Puerta de Hierro-Majadahonda explica que “aunque tradicionalmente no se han considerado causas de cáncer de mama, actualmente no hay duda de que ambos aumentan el riesgo de cáncer de mama en un 10 por ciento aproximadamente”.  Por el contrario, el ejercicio físico reduce el riesgo de padecer cáncer de mama en un 25 por ciento.

Ondas, radiaciones, luz visible

Uno de los aspectos más polémicos es el de la relación entre las ondas y el cáncer. Sin embargo, la ciencia ha establecido esta relación para muchos tipos de ondas –pero no las de radiofrecuencia, que son las que se tiende a asociar a este término– sino a otras, que van desde la radiación ionizante que utilizan los aparatos de imagen clínica hasta el espectro de luz visible –que también son ondas–. En el caso de este último, se ha establecido que la exposición a luz por la noche es un factor de riesgo que afecta a las personas que desarrollan su actividad en este tipo de horario.

La exposición nocturna a este tipo de radiación está considerada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), de la OMS, como un ‘probable cancerígeno’. La razón de este efecto sería la reducción de los niveles de melatonina en sangre, una hormona que protege frente al cáncer y que es segregada por la glándula pineal, situada en el cerebro, mientras dormimos por la noche.

En cuanto a las radiaciones ionizantes que emplean los distintos medios de radiodiagnóstico, la carcinogénesis es uno de los riesgos de este tipo de ondas, aunque, el balance riesgo-beneficio a favor de la realización de pruebas como la mamografía no se discute en el contexto diagnóstico.  Además, la dosis de radiación ha disminuido considerablemente con la implementación de los mamógrafos digitales y actualmente una exploración típica no alcanza los 4mSv, menor que en otras exploraciones de uso extendido como las radiografías de columna.

¿Te preocupa  no poder controlar estos factores externos? ¿Cuidas tu alimentación y haces deporte para reducir el riesgo o crees que no incluye tanto?

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