Los climatólogos temen perder exactitud en sus predicciones a causa de las redes 5G

Representación artística del satélite de la agencia NOAA-M. (Crédito imagen Wikipedia).

Ayer domingo, aproveché unas horas de sol y me fui a la playa, donde por cierto no había casi nadie. La razón para este extraño vacío es que las predicciones meteorológicas indicaban lluvia a partir de las 17 horas. Así fue, con precisión matemática, las nubes aparecieron a la hora esperada y el día soleado y despejado se torció por completo en pleno verano. (Algo a lo que estamos acostumbrados en mi región).

Hay quien sigue quejándose de que las predicciones no siempre se cumplen, pero lo cierto es que desde los años 80 hasta nuestros días, los climatólogos y sus modelos han mejorado el índice de aciertos en un 30%. ¿Te imaginas que de repente nos viésemos obligados a abandonar toda esa mejora meteorológica por culpa de un avance que promete revolucionar las comunicaciones? Pues eso es justo lo que algunos expertos en clima creen que puede llegar a pasar cuando las redes 5G comiencen a operar en el mundo.

¿Dónde está el problema? Os preguntaréis. Pues en las frecuencias que los satélites climáticos que agencias estadounidense como la NASA y NOAA (Administración Nacional Atmosférica y Oceánica) emplean para medir las concentraciones de vapor, que se encuentra a aproximadamente 23.8 GHz. A esa frecuencia, las moléculas de vapor de agua emiten una pequeña fracción de radiación, y este dato es aprovechado por los satélites para obtener uno de sus datos más valiosos de cara a medir el contenido de agua de las nubes y las tormentas.

Sin embargo, el organismo regulador de las comunicaciones en Estados Unidos, llamado FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) pretende que las frecuencias empleadas por las redes inalámbricas 5G envíen señales en frecuencias mucho más altas que las actuales, lo cual incluye bandas comprendidas entre los 24.25 y los 25.25 Ghz, demasiado cercanas a la empleada por los meteorólogos, quienes creen que esta tecnología podría desvirtuar sus mediciones, y por tanto sus pronósticos, de un modo notable.

Los meteorólogos creen que cuando las redes 5G empiecen a operar, el ruido que producirán dificultará mucho sus mediciones, ya que al contrario que las empresas tecnológicas, los científicos no pueden variar la frecuencia del vapor de agua. Es por ello que exigen a las autoridades que los niveles de ruido se mantengan bajos. ¿Problema? El Congreso de los Estados Unidos ha apoyado a muerte a las empresas tecnológicas en todo lo relacionado con el sector estratégico del 5G, que promete mejores conexiones y capacidades de transferencias de datos 100 veces superiores a las actuales.

Esto, no solo permitirá que puedas ver película en alta definición en streaming a través de la red de datos de tu Smartphone, sino que hará posible la anunciada “internet de las cosas” y la proliferación de vehículos urbanos que se muevan de forma automática sin conductor.

¿Es tan grave la cosa? En opinión del director del FCC, Ajit Pai, los científicos de la NOAA exageran ya que no comprenden bien la tecnología 5G, que empleará haces (similares a láser) para maximizar las velocidades de transmisión de datos y minimizar la pérdida de señal. Además, en su opinión la controvertida banda de 24 GHz se limitará a solo a áreas urbanas densamente pobladas donde existan numerosos usuarios de teléfonos móviles, mientras que los satélites climatológicos se centran en áreas mucho mayores.

Los expertos en clima contratacan diciendo que esto no es así, ya que si una esquina del pixel observado por sus satélite cambia, el resultado afecta al pixel completo.

¿Quién de los dos bandos se llevará el gato al agua? Para encontrar respuestas habrá que esperar al próximo mes de octubre, donde los reguladores mundiales se reunirán en la ciudad egipcia de Sharm el-Sheik para acordar a qué frecuencias deben operar las compañías de telecomunicaciones y qué niveles de interferencia pueden considerarse aceptables. De momento climatólogos europeos, con los británicos a la cabeza, ya han respaldado las peticiones de sus colegas norteamericanos de la NASA y la NOAA, algo completamente natural si tenemos en cuenta que los datos trasatlánticos son fundamentales para conocer la evolución que tendrá el clima europeo 2 o 3 días más tarde.

¿Apostáis por el poder de la ciencia o por el de los mercados? Particularmente, teniendo en cuenta pasadas declaraciones negacionistas en cuanto al cambio climático del presidente Trump, y sus contactos en el mundo macroeconómico, en el que se mueve como pez en el agua, apuesto a que la opinión oficial que defenderá Estados Unidos en la cumbre egipcia tendrá mucho más en cuenta a las suculentas y millonarias licencias 5G pendientes de subasta y adjudicación, que las opiniones de los científicos.

Nos espera un otoño caliente, y no solo por los termómetros.

Me enteré leyendo Science.