Los alimentos con mala fama de los que no hay que privarse si se tiene cáncer

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Pese a que es aconsejable llevar una alimentación sana y equilibrada, y evitar las bebidas azucaradas y los alimentos con alto contenido en grasas, no hay que privarse totalmente de estos alimentos si se tiene cáncer, solo hay que consumirlos de forma moderada y ocasional y elaborar versiones mas sanas con harinas integrales e introduciendo en las recetas ingredientes frescos como frutas. (Foto: Getty)
Pese a que es aconsejable llevar una alimentación sana y equilibrada, y evitar las bebidas azucaradas y los alimentos con alto contenido en grasas, no hay que privarse totalmente de estos alimentos si se tiene cáncer, solo hay que consumirlos de forma moderada y ocasional y elaborar versiones mas sanas con harinas integrales e introduciendo en las recetas ingredientes frescos como frutas. (Foto: Getty)

 

Mantener un adecuado y buen estado nutricional es básico para hacer frente a la enfermedad. Sin embargo, existe la creencia de que hay ciertos alimentos que resultan perjudiciales para los pacientes con cáncer de mama como los lácteos, la carne roja o el azúcar.

La realidad es que cuando a un paciente le diagnostican un cáncer, y tras una conversación con su médico sobre el diagnóstico y los tratamientos a los que se debe someter, es común que surja la pregunta sobre la alimentación que debe seguir, ya que siente la necesidad de ejercer algún control sobre la evolución de la enfermedad y poner todo lo que esté en su mano en este proceso.

Ante esta pregunta, es importante consultar a los especialistas, como un oncólogo y fuentes con rigor científico, ya que es fácil encontrar en una búsqueda de información en internet (o en el boca a boca) recomendaciones erróneas sobre la conveniencia de evitar algunos alimentos, o de seguir dietas extremas que, en lugar de beneficiar, puedan perjudicar al paciente al causar déficit de algunos nutrientes necesarios para mantener un correcto estado nutricional e incluso pueden producir anemia. 

Para empezar, hay que decir alto y claro que los alimentos en sí, no tienen la capacidad de producir un cáncer, ni existen alimentos que lo erradiquen, son factores que pueden aumentar o disminuir el riesgo de padecerlo. Pero no debes perder de vista que el cáncer de mama es una enfermedad compleja con muchos factores contribuyentes. Algunos de estos factores, como la edad, los antecedentes familiares, la genética y el género no se pueden controlar. Sin embargo, una persona puede controlar otros factores, como fumar, su nivel de actividad física, el peso corporal y la dieta. 

Quizás por eso existe una lista 'maldita' de alimentos que se suelen eliminar de la dieta en base a mitos o creencias: 

  • Lácteos 

  • Carne roja

  • • Azúcar

  • Chocolate

  • Edulcorantes artificiales

  • Pescado azul

  • Agua del grifo

La evidencia científica actual indica que el consumo adecuado de productos lácteos como la leche, el yogur o los quesos, no está asociado a un mayor riesgo de desarrollar ningún tipo de cáncer, ni hay constancia de que su ingesta tenga efectos negativos durante el tratamiento del cáncer, sino al contrario”, cuenta Irene López, Medical & Scientific Manager en Danone Specialized Nutrition. 

En recientes estudios se ha observado que ciertos componentes de la leche, como el calcio, la vitamina D y la lactoferrina, podrían tener un efecto anticancerígeno y disminuir el riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer (como el de mama y el de intestino). 

Durante el tratamiento de cualquier tipo de cáncer, la recomendación de los expertos es seguir una alimentación saludable y equilibrada. Y eso incluye el consumo diario de lácteos (dos o tres raciones al día) por los nutrientes que aportan que, en el caso de los lácteos fermentados, como los yogures, añaden su contribución al buen funcionamiento del tracto intestinal.

Precisamente la desnutrición es uno de los peligros de los pacientes con cáncer de mama. De hecho está presente aproximadamente en el 35 por ciento de ellos. Varios estudios demuestran que la pérdida de peso y de masa muscular asociadas al cáncer y a los tratamientos suponen una peor tolerancia a los tratamientos oncológicos, una reducción de la calidad de vida y de las expectativas de supervivencia. Por eso es fundamental desterrar la idea de que ciertos alimentos pueden empeorar la recuperación.

Además, hay que esforzarse por vencer esa apatía o desidia por la comida. Y es que en esta etapa en la que las necesidades nutricionales aumentan, hay que cuidar lo que come pero sin renunciar a lo que gusta porque algunos de los tratamientos causan efectos secundarios que quitan el apetito y por eso, puede ser bueno darse algunos caprichos sin que estos lleguen a ser realmente dañinos para la salud.

Enseguida que el paciente note que está empezando a comer menos, hay que ofrecerle soluciones nutricionales. Estas, sobre todo, deben estar adaptadas a sus necesidades para que puedan tener un mejor estado nutricional ante la enfermedad y los tratamientos, y recuperar la vitalidad”, afirma la experta.

En este sentido, los nutricionistas recuerdan que tomar azúcar o alimentos que contengan este ingrediente de forma moderada dentro de una alimentación equilibrada no tiene efectos perjudiciales para la salud, sobre todo si procede de las frutas, las hortalizas o los cereales. Y se pueden elaborar dulces y postres muy saludables con estos ingredientes.

Lo que sí hay que limitar -pero no eliminar necesariamente- es el consumo de alimentos ricos en azúcares añadidos como refrescos azucarados, bollería, golosinas o zumos comerciales. Existen muchas posibilidades de tomar estos productos en una versión healthy, ¡y están igual de ricos! Además si te no tienes ganas o tiempo para elaborarlos en casa, puedes encontrarlos en comercios especializados.

Por otra parte, aunque el consumo de carne roja es opcional, no hay ninguna evidencia que justifique eliminarla totalmente de la dieta. Dentro de una alimentación equilibrada, Irene López explica que “la carne roja puede estar presente hasta dos veces por semana (eligiendo siempre las partes más magras)”, mientras que la procesada puede consumirse de forma ocasional.

Lo mismo sucede con el chocolate. El consumo moderado de chocolate no tiene ningún efecto perjudicial sobre la salud de las personas en tratamiento de cáncer. Así pues, dentro de una alimentación equilibrada, es correcto incluir el chocolate, preferiblemente negro o alto en cacao (mínimo 70 por ciento), siempre en cantidades moderadas.

Y por supuesto, el agua del grifo se puede destinar al consumo humano sin ningún miedo, tanto para cocinar como para beber. Así que si vives en una zona en la que se consume agua del grifo de forma habitual, se puede seguir haciendo de manera segura durante el tratamiento oncológico.

“En definitiva, hay que aplicar el sentido común. Es decir, no hay que privarse totalmente de estos alimentos si se tiene cáncer, solo hay que consumirlos de forma moderada y ocasional, recomendación extensible también al resto de la población”, añade Irene López.

Lo más importante es tener una dieta principalmente a base de vegetales y controlar las porciones de todas sus comidas. Por ejemplo, siguiendo las recomendaciones de la Guía de Nutrición para Pacientes con Cáncer de Mama del grupo de Investigación contra el Cáncer (Geicam), dos tercios (o más) del plato deben ser de origen vegetal, como verduras, frutas, granos integrales y legumbres.

En cuanto a las verduras, trata de elegir las que no contengan almidón, como las siguientes:

  • Brócoli

  • Repollo

  • Coliflor

  • Verduras de hoja verde (como espinaca, lechuga, col rizada, acelga y bok choy)

  • Champiñones

  • Espárragos

  • Calabacita

  • Pimiento

  • Tomates

Otros alimentos de origen vegetal incluyen:

  • Granos enteros o integrales (como arroz integral, pasta de trigo integral, quinoa y cebada)

  • Verduras con almidón (como patatas, maíz, calabaza...)

  • Frutas enteras (como bayas, manzanas, peras, kiwis y naranjas)

La proteína animal no debería ocupar más de un tercio de tu plato. Algunas fuentes de proteína animal son el pescado, los productos lácteos sin grasa o descremados (yogur natural), huevos y carne de ave (como pollo y pavo). Si comes carnes rojas (como ternera, cerdo y cordero), trata de hacerlo solo una o dos veces por semana.

En cuanto al pescado, se recomienda a todo el mundo consumir pescado de tres a cuatro veces por semana, siendo una o dos pescado azul (sardinas, caballa, boquerones o anchoas y salmón). En concreto, el pescado también tene que estar presente de forma habitual en la alimentación de las personas en tratamiento de cáncer por sus múltiples beneficios. En este sentido, una relación alta de omega 3 / omega 6 se ha asociado con una reducción en el riesgo de cáncer de mama y con un mejor pronóstico tras el mismo. Las fuentes principales de omega 3 son los pescados azules, el salmón, aceites vegetales (salvia, lino y calabaza) y las nueces.

Para calcular el tamaño de las porciones de forma sencilla y consensuada puedes emplear el “método de la mano”. Además, los 5 dedos nos recordarán que conviene distribuir la ingesta diaria en 5 comidas, así como el número de raciones de frutas y verduras y hortalizas que hay que tomar cada día.

Geicam
El 'método de la mano' puede ayudarte a diseñar tu dieta y calcular las raciones adecuadas tomando como base una dieta mediterránea, que enfatiza el consumo de frutas y vegetales frescos y los aceites saludables. (Ilustración: GEICAM)

Por otro lado, se aconseja evitar los productos comerciales enriquecidos con grasas hidrogenadas (grasas trans) para ganar sabor y perdurabilidad como son muchos de los productos precocinados (pizzas, sopas, etc), bollería industrial, helados, burguers, snacks, etc. 

En resumen, los estudios han descubierto que las sobrevivientes de cáncer de mama que consumen muchas verduras (vegetales), frutas, granos enteros, pollo, y pescado tienden a vivir por más tiempo que aquellas que consumen más azúcares refinadas, grasas, carnes rojas y carnes procesadas (como tocino, salchichas, embutidos y perritos calientes). Sin embargo, no está claro si esto es debido a los efectos sobre el cáncer de seno o posiblemente a otros beneficios para la salud que tiene el adoptar una dieta saludable.

Pero ¡ojo! Aunque estas directrices están dirigidas a mujeres diagnosticadas de cáncer de mama, son también útiles para cualquier persona que, con el fin de cuidar su salud, quiera adoptar una alimentación sana.Y recuerda que ningún alimento o dieta puede prevenir o causar cáncer de mama, pero las decisiones dietéticas de una persona pueden marcar una diferencia en su riesgo de desarrollar cáncer de mama o en su bienestar general mientras vive con la enfermedad. Digamos para concluir que cualquier dieta “prudente” que contenga muchas frutas, vegetales, cereales integrales y más pescado que carne es buena para la salud. Pero en circunstancias excepcionales la decisión de qué comer o no nunca se debe tomar de manera unilateral; antes de eliminar un alimento de la dieta o incluirlo de forma excesiva, consulta al especialista.

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