La penitencia de Lorenzo Milá, el periodista más castigado por la pandemia

Paula Olvera
·8 min de lectura

Los periodistas, y por ende los medios de comunicación, deben garantizar la transparencia y contar la realidad tal y como es. Sin embargo la falta de conocimiento amplio sobre el coronavirus marcó en 2020 el mayor error en la carrera mediática de uno de los tantos corresponsables encargado de cubrir las noticias sobre la pandemia. 

©Gtres (Korpa)
©Gtres (Korpa)

Hace ya un año Lorenzo Milá cometió el riesgo más grave de su trayectoria: compartir una crónica desde Italia en la que afirmaba que el coronavirus era una suerte de gripe. Aunque el periodista procuró poner en perspectiva la situación no contó con las suficientes fuentes expertas, como científicos o sanitarios. Así, invitó a la calma en Televisión Española (TVE) durante el momento de mayor incertidumbre de nuestra historia reciente.

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Se ha cumplido un año de la famosa crónica en la que el reputado periodista apuntaba, básicamente, que la gente exageraba, que los medios de comunicación resultaban alarmistas y que la actual crisis sanitaria no era más que un tipo de gripe. Unas palabras de las que, desafortunadamente, Lorenzo Milá no puede huir. Desde entonces, y cada vez que se manifiesta, los internautas le recuerdan el episodio para hacerle perder credibilidad. Sin ser muy consciente de sus palabras, aquel martes 25 de febrero de 2020 la elogiada carrera periodística del de Esplugas de Llobregat se enturbió. Y puede que para siempre porque su discurso se ha seguido recordado con escarnio en Twitter durante su primer aniversario.

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Si echamos la vista atrás, la polémica se produjo cuando Xabier Fortes (el conductor del programa Los Desayunos de TVE) conectaba en directo con el corresponsal para conocer la última hora sobre la incidencia del virus en la región de Lombardía. Lorenzo Milá se mostraba muy tranquilo en la conexión desde Milán. De hecho, el periodista compartió una crónica con la que no se dejaba llevar por la corriente alarmista que arrastraba a la mayoría de cadenas de televisión de nuestro país en particular y del mundo en general. Dicho de otro modo, el discurso del informador se entendía como un soplo de aire fresco frente a la psicosis provocada por el coronavirus.

“Los médicos no se cansan de repetirnos que estamos ante un tipo de gripe. Es un tipo de gripe nueva, es verdad. No tenemos memoria vírica, no tenemos de momento vacuna pero al final es un tipo de gripe", aseveraba a la par que añadía que este nuevo virus afectaba sobre todo "a personas con defensas bajas, con situaciones de salud precarias como las personas mayores que es lo mismo que ocurre con la gripe común”.

El corresponsal procuraba calmar a la audiencia destacando que "tiene un índice de mortalidad bajísimo, más bajo que la gripe común. En torno al 2%". Asimismo Lorenzo Milá insistía en que "no podemos hablar de un virus terrorífico como puede ser el ébola. Estamos hablando de un tipo de gripe del que se cura la gran mayoría de las personas que se han infectado".

"Esta es un poco la fotografía médica real que aquí los médicos no se cansan de repetir, pero que, chico, parece que se extiende más el alarmismo que los datos", comentaba también el corresponsal de la televisión pública con un discurso explicado de forma sencilla y clara, un lenguaje corporal relajado y, sobre todo, transmitiendo serenidad con su tono de voz. Y es que la actual crisis sanitaria se extendió mediáticamente a pasos agigantados y Lorenzo Milá quiso poner la nota discordante ante tanto caos (yo misma recuerdo que fue un shock ver a algunos reporteros ataviados con mascarillas y lanzando mensajes sobre la expansión del virus que resultaban tremendamente catastrofistas).

Pero pongámonos en contexto. En aquel momento en Italia se registraban 231 contagiados y siete muertos (todas personas mayores con patologías previas), sin embargo, solo una semana más tarde los contagios por el país se habían multiplicado y el efecto dominó se registró en el resto de Europa. Así que, si bien en un primer momento la crónica de Lorenzo Milá recibió un montón de aplausos de tuiteros (entre ellos el de Pablo Echenique) por ser una especie de medicina contra el alarmismo y el miedo, dicha llamada a la calma y a la sensatez se le volvió en contra con el devenir de los casos confirmados y de la gravedad del virus.

En la actualidad, asumiendo que Italia ha superado los 102.145 fallecidos, que España es un país que también se ha visto muy afectado con al menos 72.258 muertos y 253.732 contagiados y que alrededor del mundo han perecido más de 2.666.649 personas, es evidente que esta perla de Lorenzo Milá no resultó acertada. Y ahora el corresponsal está pagando por sus palabras normalizando el coronavirus ya que esta aparición televisiva, además de no dejar indiferente a nadie en su momento, ha empañado su ejemplar carrera periodística.

Sin embargo, como dice el dicho, no se puede medir al caballo por una herida en el lomo. A pesar de la controversia Lorenzo Milá es un gran periodista. A sus 60 años este comunicador perteneciente a una familia de la aristocracia barcelonesa (es hijo de José Luis Milá Sagnier -el II conde de Montseny- y de Mercedes Mencos Bosch) lleva más de media vida dedicado en cuerpo y alma a su profesión.

Desde que se licenció en Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, Lorenzo Milá es ese rostro amable que siempre ha estado ahí ofreciendo crónicas desde distintos lugares del mundo. Si bien en 1983 comenzó su trayectoria profesional en el periodismo deportivo, como redactor en el diario Sport, en las últimas dos décadas se ha ganado un hueco como comunicador de actualidad en la cadena pública.

Así, en 1994 se trasladó a Madrid para incorporarse al informativo nocturno de La 2 Noticias. Durante esta etapa como presentador del noticiario, que se alargó hasta septiembre de 2003, Lorenzo Milá recibió numerosos premios como la Antena de Oro en 1997 y el ATV a Mejor comunicador de programas informativos en 2002. Y es que el periodista desarrolló su trabajo en un espacio menos institucional que le permitía desarrollar un estilo muy personal, con un ritmo pausado y perspectivas originales.

Tras ser sustituido por Fran Llorente trabajó como corresponsal adjunto en la delegación de RTVE en Washington, en la que su mujer Sagrario Ruiz de Apodaca había sido nombrada corresponsal principal. No obstante, esta aventura americana duró un año ya que el periodista regresó a España para presentar el informativo nocturno de La 1.

Ahora bien, Lorenzo Milá regresó a Estados Unidos en 2009, esta vez como corresponsal principal, hasta que dio el salto a la corresponsalía en Roma allá por 2014. Y otro apunte muy significativo: el pasado año recibió el Premio José Couso de Libertad de Prensa por su trayectoria informativa. Un reconocimiento con el que deja a un lado el revuelo generado por sus palabras sobre el coronavirus, a pesar de la incertidumbre que pueda sentir en cuanto a su futuro laboral después de que el pasado verano se cumpliera el contrato en su destino y la cadena decidiera no prorrogarle.

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Me parece que no lo merezco en absoluto, lo digo con toda franqueza. Creo que lo merecen más los otros dos finalistas, empezando por mi compañera, Mavi Doñate, y su equipo en la corresponsalía de China que, por hablar solo de esta última etapa, llevan meses cubriendo la pandemia del coronavirus en un entorno informativo seguramente mucho más difícil que el mío”, destacó el galardonado.

En definitiva, Lorenzo Milá no ha perdido nunca la curiosidad y las ganas de aprender así que me quedo con que seguramente ha reflexionado largo y tendido sobre aquel alegato viral que un año después le siguen recordando los internautas más críticos. El periodista trató de rebajar el estado de alerta y la especulación apocalíptica distanciándose del resto de corresponsales con su cobertura para la cadena pública. Quizás su única pretensión era marcar un punto de inflexión en el tipo de crónicas que nos llegaban del país mediterráneo, pero a veces la honestidad e intuición no son suficiente cuando hablamos de contar la realidad.

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