Lolita nos demuestra que en todas las casas se cuecen habas

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Aunque su profesión principal es la de cantante, Lolita Flores se ha convertido con los años en una pieza imprescindible de nuestra televisión. La hermana de Rosario es una mujer de lo más polifacética, que lo mismo sirve para actuar en una serie de televisión que para hacer valoraciones en un talent show. Pero quizá es más interesante todavía cuando se abre en canal en alguna de las entrevistas que ofrece, como la de este miércoles de Planeta Calleja, donde estuvo francamente brillante.

Con un discurso de lo más natural, Lolita habló con Kike Calleja de drogas, de problemas sexuales y otros tantos temas, demostrando que en todas las casas se cuecen habas, incluso en la de los artistas y famosos.

Lolita en 'Planeta Calleja' (cortesía de Mediaset)
Lolita en 'Planeta Calleja' (cortesía de Mediaset)

El destino que eligió Lolita para esta aventura televisiva fue Madeira, y allí hizo senderismo, montó en un medio de transporte propio de la isla portuguesa hecho de esparto, y entre hazaña y hazaña fue desgranando la Lolita más personal. Esa que difiere mucho de la divertida que cuenta anécdotas en Tu cara me suena, la que no siempre está sonriendo y a veces tienen que contar hasta diez para echarle valor a la vida.

Uno de los temas que más conversación ha generado es el relacionado con la droga. Guillermo Furiase, el hijo músico de Lolita, estaba con ella en Madeira y hablaron sin tapujos sobre sustancias adictivas. Llamando a las cosas por su nombre, sin eufemismos. La intérprete de ‘Sarandonga’ reveló que siempre ha educado a sus hijos bajo el respeto máximo a las drogas, poniendo de ejemplo a su hermano Antonio Flores, quien falleció quince días después que su madre Lola Flores, sumido en una gran depresión. Un gran artista que, como todos sabemos, tuvo que lidiar con drogodependencias desde muy joven.

Lolita en 'Planeta Calleja' (Mediaset)
Lolita en 'Planeta Calleja' (Mediaset)

Así, madre e hijo trataron este tipo de sustancias, y Lolita reconoció haber consumido cocaína. “Vas a una fiesta y te invitan, pero luego llegas a casa y no la tienes allí”, reconocía, aunque admitía no haber probado jamás la heroína, droga que tanto daño hizo en España, sobre todo, en los años 80 y principio de los 90. “Hasta mi madre que murió hace 26 años probó los porros”, añadía Lolita, dejando claro que su casa no es ni un ejemplo al que seguir, ni al que evitar, sino un sitio donde se habla de las cosas, donde no se omite los estragos que pueden hacer las adicciones.

Que Lola Flores se hubiese fumado algún porro tampoco es algo que deba escandalizarnos a estas alturas. Y menos, cuando uno de los vídeos más virales de La Faraona es el de aquel programa en el que hablaba con Jesús Quintero y le decía: “Se puede hacer de todo en la vida, una rallita un día, un porro y no pasa nada, te emborrachas un día, te bebes tinto, y no pasa nada. Todo se puede hacer en la vida... con método”.

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Aunque ya había hablado Lolita en otras ocasiones sobre drogas (en sus memorias, sin ir más lejos), resulta interesante que ella le dé naturalidad al asunto. Sobre todo, a los problemas familiares y personales que genera. Hay muchos famosos que un día cuentan un episodio más oscuro de su vida y luego no quieren que jamás se les pregunte al respecto. O utilizan sinónimos que rozan lo absurdo, como decir “estar malita” en lugar de mencionar que en un momento concreto sufría adicciones. Lolita habla del espectador de tú a tú, de su vida, sus amores, del problema que sufrió su hermano como ejemplo para que otros aprendan valiosas lecciones: tanto sus hijos como el espectador que está en casa.

En lo referido al amor, Lolita se explayó alto y claro sobre su última gran relación conocida, su matrimonio con Pablo Durán. Un idilio que se rompió por un problema de salud, que desencadenó miedos e inseguridades. Estando juntos, Lolita sufrió un cáncer de útero, y eso provocó que su apetito sexual variase. Le cogí mucho miedo a hacer el amor. Él no supo quitarme ese miedo, y sé que hubo satélites a mi alrededor”, narraba sobre el fin del amor entre ambos. Ahí la mayor de los Flores se convirtió en cualquier espectador que tiene un revés en su vida y no sabre afrontarlo, y una vez más, su discurso sirvió para aprender de errores ajenos.

En cualquier caso, siempre es un placer ver a Lolita, porque tiene un magnetismo enorme cuando se quita la careta de artista y pone por delante su humanidad y sus vicencias. El público eso lo nota, tanto, como para que Planeta Calleja obtuviese ayer un dato mucho mejor que el firmado una semana antes con la entrevista de Rossy de Palma. Porque Lolita nos recuerda que, independientemente de profesiones y artes, todos somos iguales, y que los problemas a los que se enfrenta ella y su familia no distan tanto de los de cualquier hijo de vecino.

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