Lola juega con fuego en la cama de 'La isla de las tentaciones' y se termina quemando

Teresa Aranguez
·8 min de lectura

La noche se puso calentita en La isla de las tentaciones 3. Y nunca mejor dicho. Cuando todos creíamos que Lola se había arrepentido de sus ‘pecados’ tras verla llorar sin consuelo por Diego, volvió a morder de la manzana. De forma casi inesperada terminó en la cama y en los brazos de Carlos, el pretendiente de su dizque amiga Lucía. 

¿Qué parte de la película nos hemos perdido para llegar a este punto? Su nuevo resbalón sentimental y, lo que es peor, la traición a su compañera parece que le ha valido el rechazo de los compañeros de la casa. Se avecina tormenta y no solo por su deslealtad a la sevillana sino por romper el corazón de su novio por segunda vez. La noche confundió a Lola y le podría pasar una factura muy cara.

Lucía, Lola y Carlos en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)
Lucía, Lola y Carlos en 'La isla de las tentaciones 3' (Twitter/@islatentaciones)

Junto con Manuel y Marina, Lola está siendo la protagonista indiscutible de La isla de las tentaciones 3. Desde el comienzo del programa cumplió los cánones de lo que se espera de una concursante de reality. A pesar de estar enamorada de su novio, reconoció que su relación no era perfecta y eso se percibió de inmediato. En un tiempo récord cayó en los brazos de Simone, con quien se dejó llevar, querer y consentir sin demasiado disimulo. No llegaron a beso pero poco les faltó.

Después de un intenso acercamiento que nos tenía a todos muy pendientes, Lola ha decidido no seguir echando leña al fuego. El italiano ya no le tienta y se ha distanciado de él. De forma caprichosa, se ha deshecho de él como si fuera un juguete que ya no le entretiene. Por un lado se justifica diciendo que Simone es muy agobiante y por otro, reconoce que sigue queriendo a Diego. Eso nos lo creemos más. Ha sufrido lo que se conoce como ‘efecto hoguera’. Fue ver a Diego besándose con Carla y se le encendieron todas las luces. A partir de ahí soltó perlitas como que no podía imaginarse besar otros labios que no fueran los de su novio.

Una reacción que como es normal, a Simone le sentó como una puñalada. Es comprensible. Después de días dorándole la píldora con miradas cómplices y darle esperanzas, ahora se siente utilizado. Así mismo se lo dijo en la incómoda cita que tuvieron y en la que Lola terminó dejándole con la palabra en la boca. El italiano no se quedó callado y no dudó en cantarle las cuarenta en su cara. Lola pasó del todo a la nada con él y eso le ha resultado muy sospechoso. “Es como que es otra persona. Es un cambio de repente, ni una mirada, ni un ¿cómo estás?”, expresó dolido.

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Si somos un poco objetivos, Simone no es precisamente un santo, está allí precisamente para eso, para que le 'prueben', así que no debería pedir tanta explicación. Es intenso y eso ha cansado hasta al público. Al fin y al cabo, Lola se ha dado cuenta que le quiere y no le apetece seguir con ese juego peligroso. Comprensible hasta cierto punto, ¿no? "Me he dado cuenta de que estoy enamorada de mi pareja. Quiero arreglar mi relación con Diego, ahora mismo es lo único que quiero, quiero poner distancia", confesó en la hoguera. Hasta ahí todo bien, lo que no termina de entenderse es por qué horas después de ese ataque de sinceridad terminó en la cama con Carlos haciéndose mimitos y caricias de alto voltaje. Y encima con Lucía, su confidente y paño de lágrimas del programa, al lado.

Eso ya no hay cabeza que lo asimile. Su tropiezo ha sido doble. Uno, por caer en la contradicción de decir que quieres pelear por tu relación mientras te enredas con otro. Dos, por la jugarreta a Lucía. La sevillana venía de una noche sin dormir por el descaro de Manuel. Se había pasado horas llorando el engaño de su chico y parece que empezaba a remontar. La fiesta de disfraces, ellos de chicas, y ellas de chicos le devolvió las ganas de divertirse y empezar de cero. Las risas y bromas con Carlos, su tentador, iban a más y, aunque todo es más amistad que otra cosa, Lucía empezaba a entrar en ese juego tontorrón del coqueteo que hasta ahora no había podido hacer. Al final, y sin saber muy bien por qué, acabaron los tres en la cama. Aquello era un cuadro. Ahí estaban Lucía, Lola y Carlos bajo las mismas sábanas y con un acontecimiento brutal a punto de ocurrir.

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Cuando la novia de Manuel se quedó dormida, Lola y Carlos empezaron a jugar a un juego muy peligroso. Una cosa llevó a la otra y terminaron más enganchados de lo esperado. Lucía se dio cuenta de que algo ocurría y les preguntó qué pasaba. La respuesta fueron risas tontas y poco más. Desde fuera, de todo menos gracioso, la verdad sea dicha. ¿En qué estaba pensando Lola? Parece que en nada, si lo hubiera hecho quizás habría puesto un parón a ese calentón desenfrenado que, a juzgar por las imágenes del adelanto, le ha valido la palabra y la amistad de sus compañeros en la villa.

En cuestión de segundos Lola se cargó su relación y lo que podría ser su amistad más sincera de la villa. La rapidez con la que pasó del amor eterno al 'si te he visto no me acuerdo' desató la furia en las redes de inmediato, llegando a ser bautizada como Lola la bipolar. Traidora, mala amiga, mosquita muerta, hasta han pedido su expulsión disciplinaria en las redes. La que has liado Lolita.

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Lola dejó muy claro que el desliz que tiene a toda España con las manos en la cabeza no fue amor, solo deseo puro y duro. Ella sigue queriendo a Diego, que conste en acta. “Siempre ha habido un chispeo y tensión sexual entre nosotros”, reconoció Lola. Bueno eso, y que tenía las “hormonas alteradísimas”. Hasta ahí nos podrá gustar más o menos, son cosas que pueden pasar. Lo que no cuela fue la tomadura de pelo a Lucía, su confidente y amiga. La sevillana está destrozada y lo menos que se merecía es este golpe en seco y en su cara. Todos cometemos errores, pero este ha sido de muy mal gusto.

Lucía ha sido su paño de lágrimas y máxima confidente cuando a Lola le daba el parraque. Ha estado ahí al pie del cañón sin rechistar, cosa que no podemos decir de Lola. En la gala de este jueves nos quedábamos con una sensación muy desagradable cuando a Lucía le dio un ataque de nervios y rompió a llorar sin descanso. ¿Qué hizo Lola? Pues le faltó llamarle pesada. Con una actitud muy desagradable le dijo que se durmiera de una vez y prácticamente la ignoró. No dio la talla como amiga y se percibió claramente. "¿Sabes que llevas tres horas sin parar de llorar?", le dijo en un tono poco amistoso y marchándose de la habitación.

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Con un comportamiento tan poco empático no debería pillarnos de sorpresa su juego entre las sábanas delante de Lucía. Su desliz parece que va a tener consecuencias en la casa. Los pocos segundos de la próxima gala que nos han dejado ver muestran a una Lola descompuesta que se queja del rechazo de sus compañeros. Con su actitud, Lola ha dejado tres cadáveres a sus espaldas, el de Simone, el de Diego y, el que más duele, el de su amiga Lucía. Unos minutos de placer podrían costarle la amistad de sus compis y, por qué no decirlo, incluso el concurso.

Todos los ojos están puestos en ella y en los pasos que dé a partir de ahora. Ha sido un giro inesperado que ha destapado la otra cara de Lola, la de menos buena e inocente. Pasó de ser la pobrecita de turno a la mala de la historia. ¿Con qué explicación saldrá ahora? Difícil que convenza.

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