La loca historia detrás de ‘E.T. El extraterrestre’ y un videojuego enterrado

E.T. El extraterrestre es, sin lugar a dudas, una de las películas más queridas del maestro Steven Spielberg. Estrenada en 1982, se convirtió inmediatamente en un enorme éxito en cines, superando a La guerra de las galaxias como la película más taquillera de la historia -título que mantuvo durante 11 años, hasta que se lo quitó otra película de Spielberg en 1993, Parque Jurásico- y recibiendo 9 nominaciones a los Óscar. Su impacto en una generación entera se sigue sintiendo.

El cariño que el público, y especialmente los que crecieron en los 80, tiene por el clásico de Amblin es inmenso e inagotable. No importa el tiempo que pase, E.T. siempre formará parte de nuestras vidas, un lugar feliz al que regresar de vez en cuando para sentirnos, nunca mejor dicho, como en casa. Sin embargo, la historia de la película tiene una mancha que se trató de borrar por todos los medios sin éxito: un videojuego basado en ella que es considerado uno de los peores de la historia y dio lugar a una leyenda urbana muy surrealista… ¡que resultó ser real!

Henry Thomas con ET en una escena de 'E.T. The Extra-Terrestrial', 1982. (Photo by Universal/Getty Images)
Henry Thomas con ET en una escena de 'E.T. The Extra-Terrestrial', 1982. (Photo by Universal/Getty Images)

El origen de la historia se remonta a 1982, el año en el que E.T. llegó a las salas de cine. Todo el mundo se había enamorado de aquel alienígena arrugado y su preciosa amistad con el niño Elliot (Henry Thomas), y la película estaba arrasando en todo el mundo, por lo que había que sacar tajada. La famosa compañía Atari, pionera en la industria del videojuego moderno, comenzó a desarrollar un título basado en el film para su consola doméstica Atari 2600. El objetivo del juego era guiar al marciano a través de varias fases para encontrar tres piezas de su teléfono intergaláctico y poder así cumplir el objetivo de volver a casa, al igual que en el film.

La película se estrenó en Estados Unidos en junio, por lo que Atari se tuvo que dar prisa para tener listo el videojuego de cara a la temporada navideña. E.T. the Extra-Terrestrial -título original- fue diseñado por Howard Scott Warshaw, que había trabajado recientemente en la adaptación de En busca del arca perdida, otro clásico de Spielberg, con éxito de crítica y público.

Los videojuegos basados en películas eran cada vez más frecuentes y funcionaban bien, por lo que Atari confiaba en tener entre manos el juego estrella de la temporada. Sin embargo, con tan poco tiempo para desarrollarlo, E.T. acabó siendo un fracaso estrepitoso.

Aunque las ventas iniciales fueron positivas (1,5 millones de copias vendidas en su lanzamiento y 2,6 a finales de año) debido a la expectación y el éxito de la película, la realidad golpeó pronto a la compañía. Porque de nada sirve tener un juego basado en una propiedad famosa, si el juego en cuestión es un desastre. Las críticas negativas se acumularon en su contra, señalando que los gráficos eran de muy mala calidad y el sistema de juego muy confuso. Solo hay que ver los vídeos que han quedado circulando para comprender el desastre:

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El público quedó impactado por lo malo que era, y tras aquellas navidades, hubo devoluciones en masa. Con el frenesí navideño atrás, a lo largo de 1983 se devolvieron casi 700.000 copias del juego, que se sumaron a los más de 3 millones de cartuchos que no se llegaron a vender (las tiendas pidieron más stock ante la buena acogida inicial, sin saber lo que se les venía encima). La mala reputación del juego y el boca-oreja hicieron que se hundiera del todo en apenas unos meses.

La situación supuso un brutal golpe financiero para Atari, con pérdidas de más de 500 millones de dólares y, a día de hoy, se sigue considerando un episodio negro en la historia de los videojuegos. De hecho, se le atribuye en parte la responsabilidad de la crisis de la industria en 1983, recesión económica que tuvo lugar entre ese año y 1985 en Estados Unidos, debido entre otras cosas a la saturación del mercado, la mala calidad de las nuevas consolas y videojuegos y el auge del PC. Aunque por supuesto no fue el único título que fracasó, E.T. permanece como símbolo o moraleja de aquel crash que casi acaba con Atari. Tras aquella debacle, sus acciones se precipitaron y la compañía se declaró en bancarrota, causando su división y su posterior venta en 1984 por parte de Warner Communications.

Y aquí llega la parte más increíble de la historia. Tanto que hasta no hace tanto, se pensó que solo era una leyenda. En septiembre de 1983, un medio local de Nuevo México recogió el rumor de que entre diez y doce camiones llenos de juegos y consolas de Atari habían llegado a la localidad de Alamogordo para enterrar el stock de la compañía que no se había vendido (y no se iba a vender nunca) en el desierto. Según el reporte, el material fue destruido y enterrado bajo capas de cemento. Atari supuestamente escogió el lugar porque no estaba permitido excavar, asegurándose así (o eso creyeron) de que su secreto jamás sería desenterrado. Evidentemente, la compañía trató de desmentir los rumores, y la historia se convirtió en objeto de fascinación para el público, que sin confirmación oficial, se debatió entre creerla o considerará una leyenda urbana.

Así pasaron veinte años y en mayo de 2013, la ciudad de Alamogordo aprobó la excavación de la zona donde supuestamente estaban enterrados los videojuegos a petición de las productoras Fuel Entertainment y LightBox, que estaban preparando un documental para indagar en el mito. En 2014, se descubrió que, efectivamente, bajo el cemento había miles de copias destrozadas del juego de E.T., además de otros títulos fracasados de la compañía. Así es como se confirmaba que Atari había intentando hacer desaparecer el juego por todos los medios hacía 30 años, creando en su lugar uno de los episodios más increíbles pero ciertos y una de las anécdotas más populares del mundo del entretenimiento.

Después de aquello, E.T. the Extra-Terrestrial se convirtió en un objeto de culto. En diciembre de 2014, el Instituto Smithsoniano, importante centro de educación e investigación de Estados Unidos con numerosos museos, incorporó uno de los cartuchos desenterrados a su colección. De la misma manera, otros museos (The Henry Ford Museum, The Centre of Computing History) que se hicieron con copias del juego maldito, los añadieron a sus exhibiciones permanentes, corroborando así su importancia -aunque en su momento fuera para mal- en la historia del sector.

Actualmente, muchos coleccionistas guardan el videojuego como oro en paño en sus tesoros nostálgicos y numerosas unidades del juego se pueden encontrar en webs de subastas como eBay, aunque casi siempre por precios desorbitados. Para los curiosos que quieran comprobar si el juego es realmente tan malo como para haber propiciado semejante cadena de acontecimientos, desde hace tiempo existen emuladores en Internet que permiten jugar con el ordenador de forma extraoficial.

A pesar de lo ocurrido, la industria del videojuego remontó en años posteriores y no ha parado de crecer hasta hoy. E.T. the Extra-Terrestrial siempre será considerado uno de los peores juegos de la historia, pero eso no hace sino convertir su leyenda en algo digno de contar una y otra vez.

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