Lo que Disney no te cuenta de ‘Pesadilla antes de Navidad’ pero Netflix sí se atreve a destapar

Pedro J. García
·16 min de lectura

Pesadilla antes de Navidad no solo es una de las mayores películas de culto de las últimas décadas, también es un clásico de Navidad y Halloween por partida doble, una obra maestra de la animación y una de las rarezas más memorables de Disney. A día de hoy, somos muchos los que seguimos sintiendo verdadera pasión por esta extraña y oscura película musical salida de la imaginación de Tim Burton, pero -que conste desde el principio- dirigida por Henry Selick.

Pero si echamos la vista atrás, descubriremos que su camino hacia el estatus icónico del que goza actualmente no fue precisamente fácil. Detrás de Pesadilla antes de Navidad hay una historia de desconfianza por parte del estudio, inexperiencia de un equipo que no sabía lo que hacía y diferencias creativas que dejan a Burton en muy mal lugar; una historia que Disney no parece interesada en destapar.

Claro que para eso tenemos a Netflix, que no ha dudado en contarnos lo que la casa del ratón se calla sobre una de sus películas más emblemáticas... y menos Disney, la tumultuosa crónica de una producción en la que Burton es su padre y verdugo. Aviso, esta historia no es apta para los que crean en el director de Eduardo Manostijeras con la misma fe ciega que Jack Skellington cree en la Navidad. O quizá esté equivocado y sirva para reforzar su leyenda. Juzguen ustedes mismos.

Cartel de Pesadilla antes de Navidad (Disney)
Cartel de Pesadilla antes de Navidad (Disney)

Nunca olvidaré la primera vez que vi Pesadilla antes de Navidad. No fue en el cine, sino en casa, el día que mis padres me compraron el VHS de la película, recién salido al mercado. Yo era un niño y Disney me tenía acostumbrado a otro tipo de historias, por lo que el film de Henry Selick (por aquel entonces yo no sabía quién era ese señor) supuso un auténtico choque para mí. Recuerdo sentir aburrimiento, decepción y sobre todo, extrañeza. “¿Qué demonios estoy viendo? ¿Por qué le habré pedido a mis padres que me compraran esto? No la pienso ver nunca más”. ¡Cómo me equivocaba!

Tras el shock inicial y semanas (quizá meses) después de la primera intentona, volví a meter la cinta en el reproductor y le di otra oportunidad. La película empezó a cobrar sentido en mi cabeza, las imágenes (consideradas desagradables al principio por esta mente habituada a los colorines y los animales adorables de Disney) dejaron de ser “feas” a mis ojos y sus canciones comenzaron a introducirse en mi subconsciente. Estaba enganchado. Al principio no entendía Pesadilla antes de Navidad, pero cuando por fin lo hice, no hubo vuelta atrás. Desde entonces, es una de mis películas favoritas y la he visto cientos de veces.

Seguramente muchas personas vivieron este proceso o uno muy parecido. Su recorrido comercial y evolución en la cultura popular es la prueba de que Pesadilla antes de Navidad fue una película incomprendida que necesitó su tiempo para que el público la abrazara en su siniestro y macabro esplendor. Hoy en día, el film es un clásico incontestable y Disney presume de ella con orgullo. Al contrario que hace tres décadas cuando se estrenó, que ni quería que su nombre estuviera asociado a ella. Veamos por qué.

VERSIÓN DISNEY+ VS. VERSIÓN NETFLIX

Disney+ tiene en su oferta de contenidos originales una docuserie muy resultona titulada Cultura Disney (Prop Culture), en la que el coleccionista Dan Lanigan recorre la historia de algunas de las películas más importantes y revolucionarias de Disney (Mary Poppins, Tron, ¿Quién engañó a Roger Rabbit?…) a través de sus objetos (atrezo, prendas de vestuario, decorados), rescatados del pasado. El tercer episodio se centra en Pesadilla antes de Navidad y en él nos encontramos a las mentes creativas detrás del film (spoiler: menos Tim Burton), entre ellos el director, Henry Selick, la productora Kathleen Gavin, y el compositor, Danny Elfman.

El capítulo nos sumerge en un viaje al pasado para descubrirnos las maravillas de esta película explorando viejos artefactos, dioramas y maquetas procedentes del rodaje, así como la conexión que todavía sienten sus creadores con ella. El tono es decididamente emotivo y nostálgico, y formando parte de Disney+, la docuserie no está precisamente interesada en tirar piedras sobre su propio tejado sacando a relucir asuntos escabrosos. El capítulo es uno de los mejores de la serie, sí, pero no está completo, ya que nos pinta un retrato casi ideal de la larga y ardua producción de Pesadilla antes de Navidad. Y lo cierto es que la realidad fue otra muy distinta.

Imagen de Cultura Disney (cortesía de Disney+)
Imagen de Cultura Disney (cortesía de Disney+)

Para saber más sobre la película sin el velo receloso y sobreprotector de Disney hay que saltar a Netflix, donde no hay filtro. Allí nos encontramos con otra docuserie nostálgica para cinéfilos, The Holiday Movies That Made Us, spin-off navideño de The Movies That Made Us estrenado recientemente en la plataforma, que examina la historia de clásicos de culto en tono cómico y a menudo con mucha mala leche. La serie consta de tan solo dos episodios, uno dedicado a Elf y el que nos interesa a nosotros, centrado en Pesadilla antes de Navidad.

El capítulo se remonta al principio de la historia en los 80, cuando Tim Burton empezó a trabajar en el programa de jóvenes animadores de Disney, participando en Tod y Toby, una de las películas de su Era Oscura. Pronto, el estudio se dio cuenta de que el estilo tan peculiar y subversivo de Burton no encajaba con la imagen optimista y dulce del estudio, así que duró más bien poco en el puesto (dos años para ser exactos). Sin embargo, durante su tiempo en la compañía del ratón tuvo la oportunidad de desarrollar sus propias ideas y dirigir un par de cortometrajes (Vincent, Frankenweenie), en los que ya desde el comienzo exhibía sus inconfundibles señas de identidad.

En su temporada en Disney, Burton también empezó a desarrollar (junto al escultor Rick Heinrichs) el germen de lo que más adelante sería Pesadilla antes de Navidad, un proyecto que tuvo que abandonar al dejar la compañía para pronto triunfar como director con Bitelchus, Eduardo Manostijeras y sobre todo Batman. Aunque Burton ya no estaba en la plantilla de Disney, los derechos de Pesadilla pertenecían al estudio porque había sido desarrollada bajo su techo. Durante años, Disney no supo qué hacer con ella, pero con Burton convertido en un cineasta estrella a finales de los 80, por fin le vieron salida comercial. Claro que la agenda del realizador estaba tan apretada que tuvieron que confiarla a otro director outsider con el que había hecho buenas migas en Disney: Henry Selick, a quien el propio Burton pidió que lo sustituyera.

LOS VERDADEROS HÉROES DE LA PELÍCULA

El documental de Netflix es básicamente un homenaje a Selick, una reivindicación de su labor en la película, sin el cual no habría salido adelante, y de todas las personas que trabajaron día y noche en una carrera contrarreloj para cumplir las fechas establecidas. A todos menos a Burton, a quien no se niega su papel, pero que queda en el capítulo como una auténtica diva. En las palabras de muchos de los entrevistados en el documental se puede notar en mayor o menor medida cierto rencor hacia el director de Ed Wood, así como la intención de darle a Selick el crédito que siempre ha merecido.

Pero volvamos a la historia. Después del éxito de Batman, Burton seguía empeñado en hacer Pesadilla antes de Navidad, por eso pidió a Disney que le vendiera los derechos de su propia idea y sus diseños. En su lugar, lo que hizo el estudio fue pedirle que volviera para dirigirla para ellos. Arrepentida de dejarlo marchar unos años atrás, Disney quiso subirse a la ola de su éxito y le dio la oportunidad de hacer realidad su proyecto de pasión. Como condición, Burton exigió total control creativo sobre la película, a lo que Disney accedió. Y esto sería el principio de los problemas.

Justo cuando Burton aceptó volver a Disney, Warner Bros. le pidió dirigir la secuela de Batman, ofreciéndole también control absoluto sobre ella y un presupuesto desorbitado. Con dos de los más grandes estudios de Hollywood dándole libertad para hacer lo que quisiera, Burton tuvo que tomar una decisión. Y su elección fue el Hombre Murciélago. Por su parte, Pesadilla antes de Navidad seguiría adelante como habían establecido, solo que con Selick al mando, Danny Elfman a cargo de las canciones y Burton como productor, supervisando el proyecto para asegurarse de que su visión original se mantenía.

Lo que Disney no nos cuenta es que ni ellos sabían realmente la película que tenían entre manos, como tampoco que el equipo a su cargo tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Burton tenía una visión muy concreta del mundo de Jack Skellington, pero no había guion, no había plan, solo una idea, un presupuesto de 18 millones de dólares y una serie de plazos que nadie estaba preparado para cumplir. Hacer un largometraje en stop-motion conlleva un proceso muy largo, complejo y laborioso, y nadie se hizo cargo de lo difícil y costoso que iba a ser terminarla hasta que estaba bien avanzada. Pero Burton se desentendió de todos estos asuntos. Su principal objetivo como director fue asegurarse de que las personas en las que había delegado hicieran las cosas a su manera y su creación perviviese tal y como había nacido en su mente.

Pero claro, para Burton era muy fácil dar órdenes en la distancia mientras dirigía Batman vuelve, cuando eran ellos los que se enfrentaban de verdad a todos los contratiempos que el destino les echaba encima. Según el documental, las personas que salvaron Pesadilla antes de Navidad fueron Selick, Elfman, la guionista Caroline Thompson (que había trabajado con Burton en Eduardo Manostijeras) y la productora Kathleen Gavin.

Thompson concretamente es una de las que menos se muerde la lengua en el documental. La escritora (expareja de Elfman) cuenta con bastante resquemor que durante el rodaje de Eduardo Manostijeras, Burton no se comunicaba con sus actores y Johnny Depp y Alan Arkin tuvieron que pedirle a ella notas sobre sus personajes, porque simplemente no los entendían. Burton montó en cólera y Thomson y él se distanciaron. Por eso Burton no contó inicialmente con ella para Pesadilla antes de Navidad, contratando en su lugar a Michael McDowell (Bitelchus), lo que enfureció a la guionista.

Cuando McDowell (fallecido en 1999) resultó ser un fiasco y se gastó todo su salario en cocaína -según cuenta el docu de Netflix- y digamos que Burton volvió con el rabo entre las piernas, pidió a Thompson que se ocupara del guion. Mientras, Danny Elfman estaría trabajando en las canciones, que proporcionarían la estructura principal del libreto. Thompson asumió la difícil tarea de conectar las canciones y darle a la historia una forma coherente, efectuando retoques decisivos a los personajes, principalmente a Sally, originalmente concebida por Burton como una sensual femme fatale. Esto la llevó a chocar con Selick, ya que no quería que él tuviera mano en absoluto en el guion a pesar de su insistencia en que el proceso de animación era clave para escribir y modificar la historia. En resumen, fue una auténtica guerra de egos en todos los frentes.

ENGAÑANDO AL RATÓN

Cuando la producción arrancó por fin, se decidió empezar el rodaje con la escena de What’s This?, el inolvidable número musical que tiene lugar en el pueblo de Santa Claus en el Polo Norte. La idea era presentar a Disney la escena más colorida y luminosa del film para tranquilizarlos y que pensasen que estaban haciendo una película (más o menos) Disney. Por supuesto, si les hubieran enseñado un niño cadáver con los ojos cosidos, cabezas cortadas y otras tétricas creaciones, Disney se habría asustado y podría haber cancelado el proyecto. El equipo necesitaba tiempo para desarrollar la visión de Burton y esta engañifa se lo daría.

Pero, ¿qué hacía Burton mientras tanto? Sería injusto despojarle de su mérito en la película. Como ya he dicho, la visión, la historia y los personajes son suyos. Aunque el director estaba centrado en Batman vuelve, trabajó estrechamente con Elfman en las canciones y visitó el set de rodaje siempre que pudo. Claro que no siempre esas visitas fueron bienvenidas. Y es que, digamos que Burton no fue precisamente agradable con su equipo.

El director de arte Deane Taylor se reunió con Burton para mostrarle sus bocetos para Halloween Town y según él, empezó a lanzar los dibujos al aire disgustado por lo que estaba viendo. Burton quería que el pueblo de Jack Skellington fuera más oscuro y el arte conceptual de Taylor no había sido de su agrado al incorporar más color del que tenía en mente. Para empeorar las cosas, Burton mandó a su viejo amigo Rick Heinrichs para convertirse en sus “ojos y oídos” en el rodaje y asegurarse de que su visión más oscura prevalecía ante los intentos de hacer la película más luminosa y colorista. Es decir, para vigilarlos e informar al director de cualquier irregularidad que pudiera ver. Esto creó tensiones en el set, especialmente entre Heinrichs y Selick.

Por otro lado, el documental reconoce el papel clave de Kathleen Gavin en la película. La productora fue enviada por Disney para revisar la producción a pesar de no saber absolutamente nada sobre el stop-motion, y esta se encontró con una papeleta importante: hacer la película el plazo previsto de dos años con 18 millones de dólares iba a ser una tarea imposible. El guion no estaba acabado y no se habían calculado bien los verdaderos costes del proyecto. Básicamente, nadie sabía lo que estaba haciendo y Burton estaba ocupado en otras cosas. Gavin volvió a Disney para tenderles una trampa. La productora les proyectó una versión inacabada de la película y les dijo que si querían verla hecha realidad, necesitaba 24 millones. Sorprendentemente, a Disney le gustó tanto lo que vio, que aceptó ampliar el presupuesto por miedo a que los cortes perjudicaran el resultado final. Gavin se salió así con la suya y la película pudo terminarse como se había previsto.

Eso sí, no sin antes enfrentarse a otro contratiempo. El final de Pesadilla antes de Navidad creó más de un quebradero de cabeza y desató el lado más intransigente de Burton. Selick tuvo la idea de desvelar al final que el malvado Oogie Boogie era en realidad el Dr. Finklenstein disfrazado. Burton era el único con el poder de aceptar o desechar una idea, y esta en concreto le enfureció enormemente. Burton visitó el rodaje en su recta final, apareciendo con un séquito de ejecutivos y ayudantes que lo seguían a cada paso que daba, apodados jocosamente por el equipo como “Los Burtonettes”. Gavin describe con sarcasmo la llegada de Burton como si fuera la visita de un miembro de la realeza.

Selick rememora en el documental lo mucho que Burton odió su nueva idea para el final. Tanto que, arrebatado por la ira, le dio una patada a la pared e hizo un agujero delante de todos. Burton no habría podido contener la rabia al ver que estaban intentando cambiar su idea original y tuvo una reacción tan violenta que acabó con sus Doc Martens atravesando la pared ante la mirada atónita y aterrorizada de los miembros del equipo. Cuando Selick le preguntó si se había hecho daño, Burton le dijo que no, porque los zapatos tenían puntas de acero.

En el documental, Kathleen Gavin se reserva su opinión sobre el incidente con una sonrisa que lo dice todo, pero otros trabajadores de la película no tienen problemas en hablar del revuelo que causó el exabrupto violento del director. Al día siguiente, alguien había escrito “Tim hizo un agujero aquí” en la pared, y poco después enmarcaron ese trozo de pared como si fuera el autógrafo de una celebridad (lo que en cierto modo era Burton para muchos de ellos). Para terminar, Selick reconoce que esa fue una de las “interacciones más pintorescas” entre él y su famoso productor, dejando entrever que no fue la única vez que Burton desató su lado más oscuro.

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA

Una vez terminada la película, Disney organizó un pase de prueba con público infantil y los niños la odiaron con todas sus fuerzas. Según Danny Elfman, el pase fue un absoluto desastre. Es entonces cuando el estudio confirmó sus sospechas de que Pesadilla antes de Navidad no era lo que ellos conocían como una película Disney. Por eso optaron por estrenarla no bajo el sello Walt Disney, sino en su filial Touchstone Pictures, orientada a un público más adulto, añadiendo además el nombre de Tim Burton al título para atraer a sus fans. Esto, por supuesto, llevó a que todo el mundo se llevase la idea equivocada de que Burton había dirigido la película. Algo que aun sigue pasando.

Ante esta imposición de Disney, Selick confiesa en el documental sentirse “menospreciado”, mientras que el equipo que trabajó con él en la película cree que nunca se llevó el reconocimiento que merecía.

Personalmente, yo siempre seré esa persona que corregirá a cualquiera que atribuya erróneamente la dirección del film a Burton, pero lo cierto es que el daño está hecho y Selick siempre estará condenado a la sombra de Burton en lo que se refiere a Pesadilla antes de Navidad. “¿Es su visión? Por supuesto. Pero Henry es quien la sacó adelante”, sentencia firmemente Gavin en el documental. Es decir, está claro que sin Burton no habría película, pero sin Selick y todo el equipo que trabajó en ella mientras Burton dirigía Batman vuelve, tampoco.

Finalmente, Pesadilla antes de Navidad se estrenó en octubre de 1993. La película obtuvo críticas mixtas y fue recibida con confusión. No era para menos, la propuesta era de lo más insólito y no estaba muy claro a quién iba dirigida. Aunque recaudó cincuenta millones de dólares, se quedó muy por debajo de la taquilla a la que acostumbraba Disney por aquel entonces y acabó desapareciendo de la cartelera sin dejar mucha huella. Claro que el resto de la historia es de sobra conocido por todos. En los siguientes años, Pesadilla antes de Navidad fue redescubierta en vídeo doméstico y revalorizada por el público, que la convirtió en una película de culto. Y no solo eso, sino que de repente pasó a ser una propiedad rentable de Disney gracias a la proliferación de merchandising y el éxito de todo lo asociado a ella.

Como me ocurrió a mí con ella cuando era pequeño, el público necesitó algo de tiempo para abrazar por completo la película, algo hasta entonces nunca visto que pilló desprevenido al mundo entero, una obra de arte inicialmente incomprendida que con los años ha ingresado en el panteón de los clásicos de culto más queridos y forma parte orgullosamente del hall de la fama de Disney… aunque no se atrevan a contarnos la intensa historia que se esconde detrás de ella. Una que quizá no deja a Burton en el mejor lugar como persona, pero que paradójicamente a la vez nos recuerda que, sin su terquedad y autoridad, esta maravillosamente extraña película no sería lo que es.

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