Llevas cocinando mal el ajo toda la vida

España huele a ajo, decía el gran Julio Iglesias. Y lo decía como un cumplido hacia la gastronomía nacional y su amor por este condimento. Años después fue Victoria Beckham la que dijo, durante sus años en Madrid, que el ajo estaba presente en todas partes en la ciudad y que no era algo que le pareciera demasiado bien… Sí, el ajo tiene esa capacidad para polarizar: o lo amas o lo odias. Pero, ojo porque también hay que tener en cuenta que no siempre cocinamos el ajo de forma correcta. Aquí van algunos consejos.

Quitar la parte central del ajo evita que repita.

Utiliza siempre ajos nuevos. Si queremos evitar que el ajo nos repita hay que tratar de comprar siempre ajos nuevos y de calidad. Si vemos que están secos, tienen el germen demasiado pronunciado –sobresaliendo incluso- o tienen un olor amargo debemos desecharlos.

Quítales la parte central. El germen, la sección que está en el centro del ajo es la que hace que nos repita y que resulte indigesto. Para que esto no ocurra, basta con abrir el ajo y retirar esta parte.  

No lo cortes con cuchillo, utiliza un minirallador. Emplear un cuchillo para cortar el ajo hace más difícil que se genere la alicina, que tiene propiedades antibacterianas, antifúngicas y antivirales, además de un gran potencial aromático. Si en lugar de cortarlo, lo rallamos, estaremos sacando lo mejor del producto.

Hay un truco para quitarte el olor a ajo de las manos.

No lo añadas al principio en los sofritos. A la hora de hacer un sofrito no falta quien añade el ajo en primera lugar junto a la cebolla. Sí, es posible que la cebolla se poche y se vuelva más agradable, pero el caso del ajo es muy diferente. Al poco tiempo de estar al fuego se va a ir oscureciendo de modo que lo único que tendremos al final es un sabor ligeramente quemado que va a resultar desagradable. Si lo ponemos al final, estaremos aprovechando todo su aroma igualmente.

Si ves que se te quema, añade un poco de líquido. En ese momento en el que comienza a dorarse, basta con añadir un poco de agua o de caldo para rebajar la temperatura de la sartén y cortar la raíz el proceso de chamuscado del ajo.

No cortes el ajo con cuchillo.

Líbrate de su persistente aroma. No es precisamente el ajo un ingrediente que deje un olor muy agradable tras su uso. Es frecuente que su peculiar olor, un poco azufrado, se adueñe del ambiente… y también de nuestras manos. La solución no es lavárnoslas con jabón y abundante agua, sino frotarlas contra una superficie de acero inoxidable. Debemos hacerlo mientras dejamos que el agua corriente caiga sobre ellas y, por increíble que parezca, el olor desaparecerá. ¿Por qué sucede esto? Porque las moléculas con sulfuro del ajo se transfieren a las superficies de acero inoxidable. Magia física.