Linda Darnell, la estrella infravalorada por Hollywood tuvo un marido que intentó venderla a su amante

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Existen pocos artículos dedicados a su vida pero Linda Darnell fue una de las estrellas de Hollywood de los años 40s que lo tenía todo para triunfar. Belleza natural, talento y la capacidad de captar la atención del lente de la cámara con una mirada. Sin embargo, la buena fortuna no estuvo de su parte. Linda nunca logró ser vista por su talento al no encajar con la imagen de la estrella ideal de Hollywood. Llegó muy joven a la industria del cine, donde encontró el camino para huir de una familia problemática encontrando refugio en relaciones tóxicas y apresuradas. Un ejecutivo de Hollywood obsesionado con ella le puso la zancadilla en más de una ocasión; su marido intentó venderla a Howard Hughes y otro la dejó en bancarrota.

Poco se ha hablado de ella en la historia del cine. Pero vamos a remediarlo ahora mismo.

(20th Century Fox - Creative Commons - Dominio Público)
(20th Century Fox - Creative Commons - Dominio Público)

Linda nació en Dallas (Texas) como Monetta Eloyse Darnell en 1923. A los 11 años ya trabajaba profesionalmente como modelo; y a los 13 aparecía en obras teatrales, siendo el sustento principal de su familia. Su madre, que siempre había anhelado ser actriz, decidió que Linda cumpliría su sueño a pesar de que tenía otros tres hijos. Su primera visita a Hollywood fue en 1937 cuando un cazatalentos visitaba su ciudad y la convocó a realizar pruebas de cámara para 20th Century Fox. Pero el mandamás del estudio, Darryl F. Zanuck, la envió de regreso a casa diciéndole que trabajara más en su talento y probara de nuevo años más tarde.

Linda volvió con el corazón roto aunque no tardaría mucho en conseguir su sueño. Cuando tenía 15 años apareció en un programa radial de futuros talentos y enseguida recibió un contrato con RKO Pictures para poco después fichar por la todopoderosa (en aquella época) 20th Century Fox. Su primera película, Hotel for women (1939), logró que los críticos se rindieran a sus pies calificándola como la nueva estrella de Hollywood, alabando su capacidad de desplegar un encanto juvenil que hacía brillar su personalidad (Variety). El futuro era suyo y la vida le sonreía, a pesar de arrastrar con su familia formada por dos padres que discutían todo el tiempo y una madre controladora y posesiva.

De la noche a la mañana se había convertido en estrella de cine y el director del estudio le daba papeles como protagonista junto a su ídolo, Tyrone Power (uno de los muchos actores que dio vida al Zorro). La química entre los dos funcionaba tan bien que convertían en oro todas las películas que hacían juntos. Tanto que Zanuck añadió 18 escenas románticas en una de ellas (El hombre de la frontera). Entre 1939 y 1940, Linda había estrenado seis largometrajes, pero la magia no duraría por mucho tiempo. La imagen de niña buena y amable, que llegó a definirla como la Cenicienta de Hollywood, había cansado y el estudio no lograba encontrar nuevos papeles que encajaran con ella. Linda quería hacer proyectos diferentes, un deseo que se antojaba muy arriesgado para el estudio, y cada papel que era un tanto diferente terminaba siempre yendo a otra actriz. Linda llegó a pasar varios meses sin trabajo hasta que tuvo que dar un paso atrás y aceptar un papel secundario en un musical, Rise and Shine (1941).

Pero en un Hollywood todavía machista y en donde los hombres manejaban cada rincón de la industria, no es de extrañar que su carrera se viera afectada precisamente por rechazar a uno de ellos. Darryl F. Zanuck, uno los hombres más poderosos de la era, intentó varias veces conquistarla pero al rechazarlo, Linda comenzó a ver cómo los papeles se le escapaban de las manos. Resulta curioso que al mismo tiempo que ella lo rechazaba, comenzara a recibir papeles que detestaba, de mujeres simplonas, sin profundidad alguna y como secundarias constantes. El ejecutivo llegó incluso a reemplazarla con otra actriz en el musical Viudas del jazz (1942) cuando ya había rodado 12 días. Y mientras tanto su vida personal comenzaba a desmoronarse. Sus padres, que nunca se habían llevado bien, tuvieron otra de sus intensas peleas y Linda decidió llevarse a su hermana pequeña y jamás regresar. Y a pesar de que su madre la acompañaba siempre en cada rodaje -y era detestada en los pasillos de Hollywood por su temperamento y actitud mandona- se puso en su contra, criticando a su propia hija delante de la prensa bañando con mala publicidad su carrera. Poco después Linda huía a Las Vegas para contraer matrimonio con su amigo de entonces, el cinematógrafo Peverell Marley, 24 años mayor. Por entonces, ella tenía 19.

Linda pasó toda su vida buscando la estabilidad que no tuvo en su infancia y Peverell fue el primer refugio de los muchos que buscó en su corta vida. El estudio enfureció al conocer la noticia, mostrándose en contra de la unión al igual que su familia, ya que no podían publicitar un romance de ensueño con un hombre que, además de no ser muy agraciado, podía ser su padre. Tras la boda, Zanuck suspendió a Linda durante seis semanas que ella dedicó para ofrecerse voluntaria entreteniendo a las tropas antes de su marcha a la Segunda Guerra Mundial o trabajando para la Cruz Roja.

Peverell y Linda estuvieron casados hasta 1951, sin embargo, no fueron los años más felices para ella. Mientras su carrera seguía viviendo altibajos constantes y era encasillada como una de las chicas pin-up de Hollywood, de belleza asombrosa pero poca profundidad por culpa de los papeles que le daban, comenzó a caer en el alcohol a los 21 años. La culpa fue precisamente de ese marido que debía protegerla, que la convirtió en su compañero de tragos nocturnos. A consecuencia de esto, Linda desarrolló una adicción que arrastraría el resto de su vida.

En 1946 protagonizó Ambiciosa, la cinta más costosa de Fox hasta entonces que llegó a compararse como la nueva Lo que el viento se llevó. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, sometiéndose a una dieta que la hizo desfallecer dos veces en el rodaje, la cinta no fue el éxito esperado y el encasillamiento continuó. Pero ese mismo año se enamoró. Y nada menos que del magnate Howard Hughes. Y lo que comenzó como un affaire pronto se transformó en el sueño que podía salvarla de su amarga vida.

Estuvieron juntos aproximadamente un año, y después de que Hughes sobreviviera el fatal accidente aéreo que casi se cobra su vida, ella anunció públicamente que dejaba a su marido. Estaba convencida que era su oportunidad de vivir su historia de amor y mientras el conquistador de Hollywood se recuperaba en casa de Cary Grant, ella se plantó allí con su marido. Sí, su marido. Marley se presentó allí para ofrecerle un acuerdo a Hughes: se divorciaría de ella para que pudieran casarse y ser felices si le pagaba $20.000 al año hasta el final de sus días. Evidentemente, la negociación no tuvo sus frutos y Darnell se marchó con el corazón roto. Sin embargo, poco después volvía con su marido y adoptaban una niña ya que Linda sufría de un problema de salud que no le permitía tener hijos.

Aun así, a Linda le faltaba amor en su vida y ese mismo año, apenas pocas semanas después de la adopción, comenzó su segunda relación extramarital. Fue con el director Joseph L. Mankiewicz, a quien ella definió como “el gran amor de su vida”. Linda hizo caso omiso de todos los consejos que le dieron, no queriendo escuchar los rumores que señalaban al director como uno de los hombres más mujeriegos de la industria del cine. Había tenido muchos romances y jamás había dejado a su esposa. Aun así, convencida que su amor era real, Linda pidió el divorcio de nuevo a su marido -quien le sugirió que no lo hiciera por si perdían al bebé al estar separados- para luego conocer que Mankiewicz no iba a dejar a su esposa por ella. El director nunca reconoció públicamente el romance pero siguieron viéndose durante seis años. Linda estaba convencida que él sacaba lo mejor de ella delante de la cámara, como fue en una de sus mejores películas, Carta a tres esposas (1949). Llegó a desarrollar una obsesión tan pasional por él que sufría cuando no estaba a su lado, teniendo pensamientos suicidas cuando él se marchó a rodar lejos de ella.

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Linda poses sultrily for SUMMER STORM (‘44), similar to that of Jane Russell’s iconic and transformative Hurrell shoot for THE OUTLAW in 1943. These pictures were game-changing for Linda’s largely-accepted image, one that was innocent, pure, and “wishy-washy” as one reporter called it. She spent her formative years in Hollywood molding this facade by playing ingenues and faithful wives. After her suspension from Fox in 1943 following her elopement to Peverell Marley, Linda was determined to come back and branch out in filmmaking. Although she was subjugated to minor roles and pictures upon her immediate return, she was presented the part of Olga in SUMMER STORM, based on Anton Chekhov’s novel THE SHOOTING PARTY. These cheesecake photos above were taken for publicity and soon were seen in the press including the May 1944 edition of Yank magazine, a weekly military publication in print during WWII, making Linda one of the many pin-ups US soldiers, sailors, and marines ogled in their quarters (the first photo in this set was the one that was printed). Of this experience, Linda stated: “I never did cheesecake. I like it. For five years I’ve played a sweet little girl. I didn’t want to be a little cheesecake dame. Now I’ve grown up.” I usually see these images associated with Linda, so I felt that posting some background on how they were seen back 76 years ago may shed some light on how groundbreaking they really were. - © lindadarnells

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Linda logró divorciarse de Marley pero perdió casi todo su dinero en el acuerdo ya que su marido le propuso que no diría nada públicamente de su infidelidad con Joseph L. Mankiewicz si le pagaba $125.000. Y ella aceptó. Nunca más volvería a tener solvencia económica, dando este paso justo cuando el sistema de los estudios (o el star-system) estaba en transición. Al final de 1953, Fox había cancelado los contratos antiguos y ella se quedaba sin un ingreso estable. Al principio le pareció una buena decisión porque le daría libertad, pero pronto se dio cuenta que la falta de ingresos continuos y la seguridad del estudio haría mella en ella. “Supón que has estado ganando de $4.000 a $5.000 a la semana durante años. De repente, te despiden y nadie te contrata con ninguna cifra ni remotamente cercana a tu salario anterior” dijo en una entrevista.

Pensé que en poco tiempo recibiría ofertas de otros estudios, pero no muchas llegaron. Lo único que sabía hacer es ser estrella de cine. Nadie espera durar para siempre en este negocio. Sabes que tarde o temprano el estudio te dejará ir. ¿Pero quién quiere estar retirado a los 29?”

Tenía 30 años, sufría de alcoholismo, tenía el corazón roto y la industria del cine seguía dándole la espalda. A esa edad había perdido el deseo de seguir intentándolo. Y así volvió a buscar refugio en otro hombre. Esta vez con el heredero de una empresa cervecera llamado Philip Liebmann con quien acordaron tener un matrimonio de conveniencia dado que ella no se sentía atraída físicamente por él. Pero con el tiempo comenzó a pagar el precio del acuerdo, detestándolo y criticándolo por comprarle regalos y malcriarla. Liebmann intentó salvar el matrimonio adoptando a una niña, pero al no haber amor, la separación fue inminente y él se quedó con el bebé. Darnell volvió a casarse en 1957 con un piloto llamado Merle Roy Robertson, pero poco después comenzó a beber de nuevo, cayendo en una depresión que la fue consumiendo. Permitió que su marido manejara su carrera y en busca de hacer algo de dinero decidió hacer una obra de teatro. Al ser la protagonista, la presión llevó a empeorar su adicción, comenzando el día con Bloody Marys, pasando luego a vodka, y antes y después de la obra, whisky. Su hija dijo que en aquella temporada la amenazó con un cuchillo en dos ocasiones y en otra tuvieron que retenerla para que no saltara de la ventana del hotel. La obra fue cancelada.

Para colmo de males, descubrió que su marido le era infiel al encontrar el pago de unas flores a otra mujer en su propia cuenta y, para empeorar la situación aún más, la mujer estaba embarazada. Se divorció de nuevo pero ya estaba en bancarrota. Tuvo otro intento de suicidio, esta vez con píldoras, y luego tuvo que vender su casa en Bel Air, mudándose a un departamento con su hija aceptando cualquier trabajo que conseguía en teatro.

Es cierto que durante todos esos años, Linda no dejó de aparecer en la cartelera con algún éxito esporádico y muchos papeles secundarios, pero los altibajos fueron constantes a lo largo de toda su carrera. Llegó a tener papeles dignos de nominación de Óscar, pero jamás lo consiguió. Quería papeles arriesgados pero muy pocos apostaron por darle proyectos diferentes. Primero fue encasillada como la niña buena, y luego, al ver que un papel de mujer desesperada capaz de jugar con 3 hombres en uno de sus mejores trabajos, Extraña confesión (1944), funcionó, se encasilló en la imagen de mujer peligrosa. Pero pocas veces pudo lucir su talento como merecía.

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Tomorrow (March 3rd) marks the 63rd anniversary of Linda Darnell (1923-1965) marrying her third and final husband, airline pilot Merle Roy “Robby” Robinson (1917-1965). Although this union would ultimately end in divorce, the early days of their marriage were joyous ones. Linda’s daughter, Lola (1948- ), remembered Robby fondly even decades later, recalling how he included her on their dates, how the time she spent with Robby and her mother made them feel like a “real family”, and saying that Robby was simply “a real nice guy”. Linda seemed wildly happy, also. Just over 2 weeks after their marriage she wrote a letter to her dear friend, artist Stanley Woodward (1890-1970), divulging details of their wedding: “We were married March third, Sunday, at the St. Francis Chapel (also called the Birdmen’s Chapel) at the old Spanish Mission Inn at Riverside, California.....a charming and beautiful, simple ceremony....I’ll send you some snaps when they get all printed, etc. We are very happy, and I think I’m a very lucky gal.” (swipe to see a couple current photos of the chapel) The letter, which I am fortunate enough to have in my possession, goes on to tell about their honeymoon travels and plans for the future. It breaks my heart knowing the proverbial “rest of the story”...that most of their plans would not come to fruition, that they would ultimately divorce, and that less than a decade after marrying both Linda and Robby would meet untimely deaths (he suffered a fatal heart attack just months after Linda’s death from injuries sustained in a house fire), but today I am thinking of Linda, Robby, and also of Lola...and of the excitement and anticipation they all must have felt 63 years ago on the eve of that beautiful wedding. Even if it was just a moment in time, the bliss of that day can’t be erased 🙏🏼💖. #lindadarnell #monettamonday #robbyrobertson #merleroyrobertson #march3rd #1957 #vintagewedding #oldhollywoodwedding #beautifulbride #oldhollywood #classichollywood #vintagehollywood #theydontmakeemlikethatanymore

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Pero el 10 de abril de 1965, a los 41 años, murió tras quedarse atrapada en un incendio. Linda estaba quedándose en la casa de una amiga y la hija de esta en Chicago -iban a ayudarle con su declaración de impuestos- justo cuando acababa de saber que había tres contratos interesados en ella. Esa noche vio que daban en televisión una de sus primeras películas, Star Dust (1940), y le dijo a sus anfitrionas si querían quedarse a verla con ella. La vieron y se fueron a la cama para despertarse en la madrugada en pleno incendio. Una de las mujeres saltó por la ventana rompiéndose algunos huesos y la otra salió por el techo. Pero en lugar de seguirlas, Linda fue a la planta baja atravesando el infierno de llamas. Según sus amigas, Linda tenía miedo a las alturas y es probable que hubiera intentado salir por la puerta principal. Linda fue trasladada al hospital con quemaduras en el 90% de su cuerpo, y murió dos días después.

Al revisitar algunas de sus películas ahora, como Ambiciosa (1947), Infielmente tuyo (1948) o Carta a tres esposas (1949), podemos encontrar a una mujer que hipnotizaba con cada uno de sus personajes. Tenía un talento natural para aferrarse a cada papel de forma única, transformándose con una naturalidad pasmosa. Algo que solo el talento nato otorga. Sin embargo, en los años 40s y 50s la industria no lo vio. Nunca la consideraron buena actriz (hay críticas de la época que así lo apuntan), y aunque es cierto que muchas de sus películas la rodeaban de clichés, cuando Linda tenía una buena historia y un director de su parte, era admirable. Al final, ni su vida personal ni la profesional le dieron un respiro, y ella pasó su corta vida buscando refugio después de todo.

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Fuentes: Hollywood Beauty: Linda Darnell and the American Dream; You must remember this; Wikipedia

Imagen: 20th Century Fox - Creative Commons - Dominio Público

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