Lillian Fishman explora los límites del deseo sexual en "Los favores”

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Madrid, 21 sep (EFE).- La escritora estadounidense Lillian Fishman debuta en la novela con su obra "Los favores", una ficción en la que explora los límites del deseo sexual y la pasión y cómo esto se concilia con las creencias socialmente adquiridas a lo largo de los años.

Una historia en la que la protagonista, una veinteañera llamada Eve, navega por constantes contradicciones influenciadas por la moral. Contradicciones que la autora (Nueva York, 1994) "ya había experimentado durante años" y que solo ha conseguido explorar "desde una perspectiva queer".

"Yo necesitaba salir de la estructura asumida de la sexualidad para explorarla", asegura Fishman desde Estados Unidos en una rueda de prensa virtual.

En la novela que publica en España Reservoir Books, Eve desafía sus creencias cuando decide involucrarse en un trío con Nathan y Olivia pese a tener una relación estable con una mujer a la que admira. Y "forcejea con lo consciente y lo inconsciente" cuando se enfrenta a situaciones que la interpelan y que no sabía que era capaz de desear.

"Yo creo que la experiencia que ella tiene con Nathan pretende subrayar hasta qué punto influye la educación. Es un sistema de creencias sumamente profundo que no es fácil de desaprender e incluso podría decir que es imposible desaprenderlo", explica.

"Lo que ella está buscando en su relación con Nathan debería ser fácil de descartar en su marco político, pero llega mucho más hondo de lo que mucha gente está dispuesta a aceptar porque estamos hablando de una satisfacción que no es superficial, sino tremendamente profunda", agrega.

Dividida en dos grandes partes, tituladas atención e interrogación, la novela tensa y mantiene en alerta a quien la lea e invita a replantearse cuestionamientos sobre la libertad, los límites del deseo y hasta dónde las personas son capaces de llegar para alcanzar placeres extremos que son imposibles de imaginar hasta que no se viven.

Además, cuestiones como el consentimiento y la manipulación en las relaciones sexuales que, afirma la autora, la literatura "está explorando". "Hay literatura impresionante respecto a los matices del consentimiento dentro de la erótica y la intimidad en situaciones que vienen marcadas o gobernadas por un poder que está desequilibrado".

Fishman cree que "muy a menudo la erótica necesariamente tiene que ser transgresiva de un modo u otro": "Es decir, acaba siendo algo que nos perturba o que nos hace estar inseguros".

"Y cuando nos adentramos en esa sensación es muy difícil determinar o incluso saber por nosotras mismas en qué momento eso se convierte en un sentimiento que realmente no quieres, no deseas, que es demasiado fuerte", dice. Por eso cree que es un tema que "se ha debatido tanto en los últimos años".

"Evidentemente siempre hay una categoría en la que las líneas están muy claras dentro de una relación sexual erótica. Pero lo que está en juego en el libro y lo que me parece interesante explorar ahora mismo es que es imposible definir o identificar una línea entre manipulación y consentimiento", asegura.

La escritora dice que su libro, que ha tenido una gran aceptación de los lectores, "no es un manifiesto" sobre la libertad sexual, sino una obra que relata "un tipo de experiencia real. Y cómo esa experiencia a veces no encaja o no concuerda con la sociedad".

"Para mí, el libro habla de la posibilidad de libertad y descubrimiento, incluso en la cultura en la que vivimos. Yo creo que eso es posible y está en el centro del libro. Pero no considero que debe haber una revolución para encontrar esto en la vida personal de cada cual", destaca.

"Creo en un futuro en el que el impacto de la socialización heterosexual sea menos extrema. Creo que es posible que para muchos y muchas jóvenes esto ya sea así, pero al mismo tiempo es difícil imaginarlo porque creo que el paisaje intelectual está influenciado por lo que te han enseñado. Yo no veo cómo puedo concebir una sexualidad que no tuviera el impacto de la socialización", concluye.

Cristina Bazán

(c) Agencia EFE