Este es el libro que debes leer si crees que controlas tu vida

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Photo credit: Guillermo Jimenez HEARST
Photo credit: Guillermo Jimenez HEARST

“Yo publiqué dos libros de maternidad sin ser madre. Soñaba con ser escritora, tener una casa en la playa, un perro y vivir de mi éxito. En lugar de eso, me gasté la mayor parte de mis ahorros en tratamientos de fertilidad. Y así es como la vida me dijo: ‘Nena, deja de creer que tienes el control’”, cuenta la periodista y escritora Amaya Ascunce en su última obra, ‘La idea de ti’ (ed. Bruguera), que acaba de sacar a la venta. “Este no es un libro de maternidad, ni de infertilidad, este es un libro sobre todo lo que creemos o esperamos de nosotros y de nuestra vida y de cómo revienta por los aires. Este es un libro sobre todas las veces que tuve que cambiar de opinión –prosigue–. Si todo va bien, y yo soy una persona que aprende, dentro de unos años habré cambiado de opinión sobre la mitad de las cosas que cuento aquí”. A lo largo de sus páginas, Ascunce relata (con una mezcla de emotividad y humor) su lucha por ser madre.

“El libro ha sido una especie de terapia, aunque muchas de las partes estaban escritas antes de que me llamasen de la editorial, como todo el diario del embarazo y el proceso previo. Yo utilizo la escritura para entenderme y ahora estoy respirando profundamente y diciendo: ‘¿Pero por qué le estoy contando a todo el mundo mi vida y algunos de mis peores momentos?’, cuenta la autora mientras charlamos sobre su lanzamiento.

¿Qué es más difícil, escribir sobre una misma o hacer ficción?

Para mí, la ficción. Si no son cosas de verdad me cuesta muchísimo, aunque tengo una novela sobre el fin del mundo que, curiosamente, escribí antes de la pandemia.

Aparte, hablar sobre ti mismo es como una liberación más que realmente un proceso de escritura y en cambio la ficción te obliga a un proceso de escritura.

Dices que el camino hacia la maternidad te ha hecho ser consciente de que, en realidad, no controlamos nuestra vida. ¿Se vive más feliz en la ignorancia?

Se vive más feliz aceptando que no se tiene. Yo me di cuenta cuando falleció mi padre porque no podía hacer nada por su enfermedad; y con los tratamientos de reproducción asistida, porque pierdes el control sobre un montón de áreas diferentes: no sólo es que no te puedes quedar embarazada y no puedes producir más óvulos, sino que tampoco puedes planificar tu trabajo ni tus vacaciones.

Cuentas que guardas unos 'kits' de supervivencia bajo la cama. ¿Esto obedece también a esa necesidad de control?

Bueno, no creo que eso sea de controladora, es más bien un juego infantil. De pequeña me gustaba crear a los muñecos un refugio para que se salvasen del fin del mundo (se ríe).

Otro tema recurrente en tu libro es el miedo (a quedarte embarazada cuando eres joven, luego a no quedarte después…). ¿Cómo se aprende a tolerarlo?

Tirando para adelante. Tú piensas que la solución al miedo es no tener miedo y en realidad es pensar: “Vale, ¿estoy teniendo miedo o teniendo ansiedad? Sé que ninguna de las dos cosas me va a matar. No me van a paralizar y tengo que seguir para delante. Cuando asumes algunos de esos sentimientos y emociones, puedes avanzar y eso es la superación.

Photo credit: Leticia Díaz de la Morena
Photo credit: Leticia Díaz de la Morena

Hablas también del poco conocimiento que tenemos de nuestro propio cuerpo. ¿La educación sexual sigue siendo una asignatura pendiente en pleno siglo XXI?

Sí. Inés Hernand, por ejemplo, contaba en una entrevista que le habían dicho que era una buscona por haber hecho una felación a un compañero. Me cuesta muchísimo entender cómo esto sigue pasando. Me imagino que es una mezcla de que estamos educados en el tabú y de que las relaciones sexuales siempre tienen unas connotaciones que no están naturalizadas. Y se utiliza el miedo a quedarte embarazada como una herramienta de amenaza para controlar que las mujeres jóvenes no tengan relaciones sexuales. No se da información, entonces tú creces pensando que te puedes quedar embarazada de cualquier manera, y yo conozco muchísimas mujeres que no tienen ni idea de que, a partir de los 35 años, el índice de fertilidad cae. O chavalas de 25 años que tienen muy claro que quieren ser madres y no saben que se pueden hacer un análisis para saber qué reserva ovárica tienen, y si les merece la pena, por ejemplo, congelar sus óvulos, aunque eso tampoco les garantiza un embarazo pero sí tienen más oportunidades.

¿La infertilidad sigue siendo tabú?

Un poco sí. En el caso de los hombres, parece que tienes menos poderío sexual si eres infértil, y en el de las mujeres, que estás incompleta. Pero esto no sólo pasa con la infertilidad, sino también con las mujeres que no tienen hijos porque no quieren, es como que les falta algo. Ahora, lo que me parece más tabú es que no hablemos de la reserva ovárica o que la gente no sepa su nivel de antimulleriana (hormona con la que se valora la reserva ovárica y fertilidad).

También lo es el tema de la salud mental. Tú misma mencionas que cuando hiciste terapia no comentaste nada prácticamente a nadie.

Yo creo que ha habido un cambio muy grande en estos años. Ahora se habla con mucha más naturalidad, y luego también depende de cómo seas. Yo si estoy sufriendo no soy capaz de decirlo en el momento, lo digo después. Es un tipo de personalidad jodida porque no sirve para nada y lo que necesitas es que te ayuden cuando estás mal.

Comentas también cómo la presión social te hizo perder las vacaciones por reincorporarte al trabajo antes tras dar a luz, porque no querías que pensasen que eras una vaga. ¿Por qué seguimos todavía martirizándonos con estas ideas?

Estoy obsesionada últimamente con un libro que se titula ‘No puedo más. Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada’, que habla exactamente de eso, de que en realidad lo que pasa es que se nos ha enseñado que a través del trabajo tenemos que mantener nuestra posición como clase media, lo que nos convierte en los peores vigilantes de nosotros mismos.

Por supuesto, también quedan empresas, jefes y estructuras que siguen creyendo en el presencialismo y no creen en el teletrabajo. Y también hay gente que es adicta al trabajo y esta adicción no se ve como como un problema, que lo es, pero parece que es positiva por esa especie de cultura del trabajo en la que vivimos. Esto produce unos ambientes laborales terribles que yo espero que los 'millennials' poco a poco vayan cambiando.

La pandemia también ha ayudado mucho en este sentido, ¿no?

Sí, nos ha hecho ser conscientes de que vivir no puede ser trabajar de lunes a viernes e ir a hacer la compra el sábado por la mañana. La vida, en realidad, es la vida personal.

También cuentas que eso de que la maternidad realiza es un cuento. Muchos dirían que es paradójico que una persona que ha luchado tanto por ser madre comente esto…

No, se trata simplemente de una experiencia vital de amor muy intenso, si tú quieres a tu hijo, porque también hay madres que no quieren a sus hijos (que te realice o no, depende de cómo la vivas). Yo, contra todo pronóstico, estoy muy contenta de haber sido madre. O sea, digo muy contenta porque en realidad nunca en mi vida pensé en serlo. Ni siquiera había cogido un bebé hasta cuatro meses antes de nacer mi hija ni tengo un instinto maternal. Contra todo pronóstico, luché durante seis años por ser madre y, contra todo pronóstico, me gusta, me lo estoy pasando bien.

¿El libro pretende servir de guía a otras mujeres que estén pasando por una experiencia similar a la que tú has vivido?

Decir ‘guía’ sería muy pretencioso porque, además, cada caso es distinto y cuando estás viviendo eso, no te consuela que haya más gente en la misma situación porque tu dolor es igual de intenso. Pero a mí sí me hubiera ayudado saber que había otras personas sintiendo lo mismo que yo (la envidia al ver otras embarazadas, la ansiedad…) para cerciorarme de que no estaba loca. Así que si mi historia le sirve a alguien, genial.

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