Letesenbet Gidey baña de oro el cronómetro en los 10.000m

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Photo credit: Andy Lyons - Getty Images
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Primero fueron los récords, ahora llega la gloria. Letesenbet Gidey, esa niña etíope hija de unos agricultores de Endameskel, en la últimamente conflictiva región de Tigray, a la que no le gustaba correr y llegó a ser expulsada del colegio por ello, también demostró que es capaz de ganar una gran competición y no solo correr rápido tras las liebres en las pruebas de fondo. A sus 24 años, va camino de construir una carrera legendaria. Posee, a la vez, los récords mundiales de 5.000, 10.000 y media maratón, pero hasta hoy no había subido a lo más alto del podio.

Cansada de perder, Gidey aprendió a ganar, aunque a punto estuvo de llevarse un susto en la final de los 10.000 metros del Mundial de atletismo de Eugene, una sucesión anodina de vueltas a la espera de que las favoritas se midieran la velocidad final en la última vuelta. La japonesa Ririka Hironaka marcó los cinco primeros kilómetros (15:19) a ritmo de 3:04 minutos el kilómetro, la líder mundial del año, la británica Eilish McColgan tiró los dos siguientes, pero las dos se deshicieron cuando las africanas empezaron a acelerar y no consiguieron terminar entre las ocho primeras.

Tras siete kilómetros, etíopes y kenianas se movieron adelante, aunque sin ningún ataque serio que intentara revolucionar el guion. La neerlandesa Sifan Hassan, la triple medallista de Tokio, la campeona mundial y olímpica, una incógnita porque apenas ha competido desde septiembre, avanzaba detrás, dejando espacio, encerrada, sin inmutarse hasta que se acercó la última vuelta, en la que sucumbió. En el octavo kilómetro se bajó por primera vez de los tres minutos (2:57), en el penúltimo se mantuvo el ritmo (2:54) y en el último se voló en 2:45.

Photo credit: Andy Lyons - Getty Images
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Cuando sonó la campana, Gidey mantenía la cabeza pero no se había deshecho de nadie. Su compatriota Ejgayehu Taye se colocó en paralelo en la contrarrecta, cuando Hassan empezó a maniobrar con un ataque largo que nunca le sobrepasó, la keniana Hellen Obiri se intentó abrir hueco entre las dos a la entrada de la última recta, pero Gidey apretó los dientes, y aunque no dejó de mirar a su derecha, llena de miedo a ser adelantada, aguantó hasta completar una última vuelta en un minuto y la mejor marca mundial del año (30:09.95). Hellen Obiri mejoró su marca (30:10.02), como la keniana Margaret Chelimo Kipkemboi (30:10.07), que dejó sin medalla a Sifan Hassan (30:10.56).

Tras la plata de Doha y el bronce de Tokio, Gidey alcanza al fin la gloria mundial, aguantando el sprint ante las vigentes campeonas mundiales de 1.500 y 5.000m, demostrándose una atleta todoterreno que en diciembre debutará el maratón en Valencia. Antes, el próximo sábado, tiene la oportunidad de hacer de la victoria una costumbre en los 5.000m.

Quinto título mundial para Pawek Fajdek

La costumbre la tiene bien adoptada Pawel Fajdek, maldito en los Juegos Olímpicos pero bendecido en los Mundiales en lanzamiento de martillo, en los que ya suma cinco títulos. Al polaco se lo pusieron más difícil que nunca, con cinco hombres por encima de los 80 metros. En el tercer intento lanzó 81,98m para ganar a su compatriota Wojciech Nowicki, el campeón olímpico, y sus 81,03m, mientras noruego Eivind Henriksen consolidó su competitividad de Tokio con un bronce con 80.87m en el segundo intento.

Photo credit: Ezra Shaw - Getty Images
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Cuatro atletas españoles que lo hacen bien

La segunda matinal de Eugene fue más que notable para la delegación española: Irene Sánchez-Escribano y Carolina Robles mejoraron sus marcas personales, aunque estuvieron muy lejos de la clasificación para los 3.000 metros obstáculos, mientras Asier Martínez y Enrique Llopis avanzaron a las semifinales de los 110 metros vallas.

La primera ronda de los obstáculos resultó impresionante por la gran subida del nivel general del nivel mundial, pese a la ausencia final de la plusmarquista mundial Beatrice Chepkoech por lesión. Se necesitó correr en 9:21 minutos pelados para estar entre las 15 finalistas, por los 9:30 de hace tres años en Doha y los 9:26 de Tokio. Y en ese escenario, las dos españolas lo tenían francamente difícil, porque no habían progresado en su rendimiento este año. En Eugene no les quedó otro remedio que dar un paso adelante, pero fue insuficiente.

La kazaja Norah Jeruto abrió las hostilidades en la primera serie, una cabalgada en solitario en 9:01.54, diez segundos sobre las demás. En la segunda, Sánchez-Escribano intentó engancharse hasta el final al pelotón de las diez primeras, avanzó por la calle dos, pero a falta de una vuelta ya no pudo seguir el ritmo de las cinco mejores, y los últimos metros resultaron un calvario en el que fue adelantada para llegar 9ª con 9:23.94, que no solo es su mejor registro de siempre sino que seria el récord de España si consideramos que el oficial es de Marta Domínguez (9:09.39), sancionada después de aquella marca por dopaje.

Photo credit: BEN STANSALL - Getty Images
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Y si la toledana se situó como segunda española de la historia, la sevillana Robles se metió quinta, rompiendo por fin la deseada barrera de los 9:30 con 9:28.24, aprovechando una última serie que la keniana Celliphine Chespol ganó en 9:16 y en la que, como Irene, trató de aguantar todo lo que pudo pero fue adelantada al final hasta llegar 9ª de unas series en las que se batieron los récords nacionales de Francia (9:14.34) y Gran Bretaña (9:18.91).

En una situación contraria, los vallistas no necesitaron sacar su mejor versión para avanzar a semifinales. Asier Martínez remontó como acostumbra y aprovechó el tropezó de uno de los favoritos, el estadounidense Daniel Roberts a falta de dos vallas para ganar su serie con 13,37s, mientras Enrique Llopis salió lento, tocó la primera y la sexta valla y aún así llegó 5º con 13,58s y entrar, con el último tiempo de repesca y favorecido por las milésimas frente al chino Wenjun Xie, a las semifinales del domingo, un rato antes de la final.

Photo credit: Hannah Peters - Getty Images
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