"El leopardo de las nieves", un tratado de amor loco por la naturaleza

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Madrid, 21 jun (EFE).- Vincent Munier, uno de los fotógrafos de la naturaleza más reconocidos del mundo, estrena este viernes en España su primer documental, "El leopardo de las nieves", que -como sus obras anteriores- es un tratado de amor loco por la naturaleza donde sólo se pide al espectador que "aprenda a mirar y se maraville con las cosas".

La película comienza en el corazón de las tierras altas del Tíbet, donde Munier está mostrando al escritor Sylvain Tesson cómo se hace para encontrar al huidizo leopardo de las nieves, un animal de pelaje blanco y manchas pardas que puede vivir a 6.000 metros de altitud, lo que le hace extremadamente complejo de avistar.

Ambos se preparan para un frío extremo y se aprestan a observar, a interpretar las huellas, a olisquear el aire como hacen las mismas bestias.

Porque, para Munier, es imprescindible integrarse por completo en la naturaleza y experimentar lo mismo que está experimentando el animal si quieres mostrar la imagen que desvele su esencia.

Y mientras esperan, rodeados de presencias invisibles -ojos que saben que les están mirando-, los hombres buscan su lugar entre los seres vivos y disfrutan de una belleza que salta las lágrimas.

El francés (Epinal, 1976), que estuvo en Madrid la semana pasada para promocionar su película, comenta con Efe que a la naturaleza se puede llegar en cualquier momento; él mismo conoce "gente atrapada en la espiral económica, del tiempo, de correr, que de pronto es capaz de salir, de escapar".

Hay un click, afirma, algo que "puede ser una frase que hayas oído, una película, un hecho a tu alrededor, y de pronto te das cuenta de que hay otro camino".

Hace solo unos días, cuenta el realizador a Efe, tuvo un encuentro con 800 niños para hablar de naturaleza y vio "en sus ojos cómo se despertaba algo en ellos, sólo con hablar. Pero si les das unos binoculares, mirarán pájaros", apunta.

"Yo intento hacerlo con mi hijo, dejar que se maraville con las cosas, enseñarle cómo mirar, porque la sociedad muy pronto nos modela y si no tienes estos valores inculcados desde pequeño, muy pronto te influencia y te puede confundir", por eso, asevera, "la orientación que recibes desde tu más tierna infancia es primordial a la hora de escoger tu camino".

"Me parece indispensable esa transmisión para tener respeto por la sencillez y por lo vivo, cosas que en muchos casos les está faltando a los niños. Pero se puede aprender, absolutamente. Cuánto más fácil sería este mensaje si estuviéramos un poco más rodeados de verdura, de cosas verdes, no solo árboles", sonríe.

Paciencia, observación y la completa seguridad de que el hombre "no está arriba del todo" en la escala evolutiva han movido a este aventurero a forjar un nuevo modo de captar la vida salvaje de los animales por los lugares más inhóspitos del planeta, ayudado de un material técnico que, con los años, "ha mejorado muchísimo".

"Pero también hay que tener cuidado de no caer en la trampa técnica porque a veces te hace olvidar la magia de lo que estás viendo", afirma.

La cámara, dice, "sólo eso, una herramienta, yo me considero artesano".

"Y cuando yo quiero enseñar un animal, compartir la emoción que siento, no quiero que lo haga el aparato, quiero hacerlo yo, quiero que sea mi mirada, mis sensaciones, la luz. A veces es solo cuestión de suerte".

Munier se queda sin palabras cuando trata de explicar cómo es "el momento" en el que la paciencia da sus frutos.

"A menudo la emoción es tan fuerte que cuesta filmar o hacer fotos, a veces no puedes sobrellevar esa barrera. Por ejemplo, estuve bastante tiempo queriendo ver lobos blancos en Finlandia, estuve al acecho seis días en una cabaña y cuando apareció el primer lobo, no pude filmar. Fueron dos minutos, pero estaba tan embargado por la emoción que no pude hacer fotos en ese momento. Era como un momento sagrado, reconozco que no fue muy profesional por mi parte, pero es que me pudo", confiesa.

De hecho, añade, "en la película hay momentos como ese, indescriptibles. Eso es lo que me mueve, lo que me empuja, es como una droga".

Aunque su lista es enorme, Munier confiesa que su "grial" se llama tigre siberiano, el mismo animal que describe Vladimir Arseniev en su libro "Dersu Urzala" (del que Akira Kurosawa hizo una inolvidable película), "un animal muy bello, salvaje, que habita la taiga".

"No sé si quiero verle o me limitaré a mirar sus huellas, pero iré al río Amour, donde viven los nómadas, en la taiga pura. Ese es mi sueño. Aunque a veces dejo que los sueños no sean factibles, porque también está muy bien seguir soñando".

(c) Agencia EFE

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