Messi tiene razón, el Barça no es un candidato real a la Champions

Leo Messi intenta superar a dos rivales del Nápoles en el encuentro disputado en San Paolo. (Foto Salvatore Laporta/KONTROLAB/LightRocket via Getty Images)

Suena a herejía que el club cuya plantilla acoge al mejor jugador del mundo y probablemente de la historia, Leo Messi, no sea un candidato real a alzar la Copa de Europa. Sí, sí. Como lo escuchan. En un deporte donde la competitividad del colectivo marca la diferencia, tener al mejor no asegura la plata. Sorpresón. Precisamente, se debe partir del análisis grupal al individual para entender una reflexión en forma de confesión en Sport de la pared maestra que aguanta la debilitada estructura del Barça.

De tal modo, la singularidad que ha caracterizado al club azulgrana durante todos y cada uno de sus triunfos en la Copa de Europa es que ha necesitado rozar un gran nivel de juego para proclamarse vencedor. Un hecho que viaja en la dirección contraria de su vaso comunicante, el Real Madrid, y que queda muy lejos en la actualidad. En este sentido, el Barça de Quique Setién se encuentra en proceso de reconstrucción y como tal hay que valorarlo, si bien es cierto que hasta el momento ha demostrado ser anodino y redundante.

Sin profundidad, desborde y mecanismos colectivos lo suficientemente bien engrasados para someter y controlar a sus rivales, los cimientos del nuevo Barça aún están colocándose. Falto de velocidad en la circulación del balón para encontrar las rendijas ante bloques compactos (Napoli, Real Sociedad o Getafe) y de efectividad a la hora de presionar al rival, el conjunto actual no acongoja, sino que invita a plantarle cara de diversas maneras. Y colapsa ante las pocas soluciones.

Así, el conjunto azulgrana se topa en medio de una pretemporada en el momento justo donde no hay margen de maniobra para fallar en la Champions. De hecho, puede que, como afirmaba el propio Messi, este parón les haya venido bien para saber qué demanda cada uno del otro y familiarizarse con los planes de Setién. Como gran asunto pendiente, queda la incertidumbre de un centro del campo que no acaba de encontrar la fórmula táctica adecuada para dar cobijo a Sergio Busquets, Frenkie de Jong y Arthur Melo.

Por otra parte, la excesiva dependencia del astro argentino en el frente ofensivo merma las posibilidades competitivas del Barça. El escepticismo es evidente pero no falsamente infundado. Con el paso de los enfrentamientos, Leo Messi ha venido incrementando su número de funciones (regate, creatividad y último pase) desde posiciones naturales para un interior. Una decisión que le ha restado impacto en la frontal del área y que en Champions se paga más caro que en cualquier otro contexto.

Por último hay que remarcar el papel de sus figuras ofensivas. Mientras Griezmann suma pero no abraza el rol ni la jerarquía que se espera de una estrella de su tamaño, Luis Suárez no representa una garantía goleadora en el torneo del K.O. Así lo acredita su última diana lejos del Camp Nou en Europa: el 16 de septiembre de 2015 en el Olímpico de Roma.

Como ven, muchas son las dudas y pocas las certezas en un equipo con un portentoso margen de mejora que entronca con su realidad actual. Por ello, es sencillo recurrir a la figura de Leo Messi para justificar al Barça como un insigne aspirante al trono de Rey de Europa, pero la realidad es que no se corresponde a su nivel actual. Ni es justo con el argentino. Él es quien más seguro está de ello. Tan solo la rápida evolución del juego como grupo, desde lo colectivo a lo individual, marcará si Setién será capaz de reconducir una temporada inusual.

Más historias que te pueden interesar: