Por qué leer novelas policíacas es bueno para el cerebro

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Photo credit: BBC
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En los últimos años, el género de la novela policial ha experimentado un crecimiento espectacular en el número de fans y lectores. El auge del true crime, los documentales, podcasts o libros que hablan sobre crímenes reales, también ha ayudado mucho a que este interés se desarrolle.

Pero es que además las novelas policiacas, a diferencia de otros tipos de literatura, nos atrapan, y consiguen que incluso cuando no tenemos el libro entre las manos, sus tramas sigan resonando en nuestra cabeza, como si nosotros mismos fuéramos el detective que investiga en sus páginas.

El éxito de este tipo de novelas no es ni mucho menos nuevo. Algunos de los escritores más recordados del siglo XX escribían este tipo de novelas. Cómo olvidar a Agatha Christie, la reina del suspense, Raymond Chandler, Dashiell Hammett o Patricia Highsmith, o incluso más antiguos, como Edgar Allan Poe.

En nuestro país también hemos tenido y tenemos grandes ejemplos de este tipo de literatura de la mano de autores como Manuel Vázquez Montalbán, Dolores Redondo o Juan Gómez-Jurado.

Los beneficios de leer novelas policiacas o de misterio

Según cuenta en su libro ‘Sapiens’ el autor israelí Yuval Noah Harari, las historias: inventarlas, contarlas y escucharlas, han tenido un papel muy importante en el desarrollo de nuestras capacidades cognitivas y en el de la humanidad como sociedad. Nuestro cerebro siente una debilidad natural porque le cuenten historias, aprendemos mejor las cosas si, en lugar de recibirlas a través de una fría explicación, nos las enseñan como parte de un cuento.

Esta es una de las razones por las que la novela negra nos atrapa, nos sumerge en universos en ocasiones muy ajenos a nosotros, pero en los que nos podemos identificar, siendo además historias ricas en conocimiento humano y social. Veamos algunas de estas características más en detalle.

Las novelas negras nos hacen sentir

A través de la lectura de uno de estos libros, el lector puede meterse en la piel de un asesino e, incluso, llegar a comprender por qué mata. Puede convertirse en su hijo en el momento terrible en el que descubre los horribles hechos que ha cometido su padre. Puede sentir la emoción del investigador que finalmente le encuentra un sentido a toda una serie de pistas que hasta hace un minuto parecían no tenerlo. Nos hace vivir, en definitiva, otras vidas que nunca viviremos.

Estas experiencias hacen que nuestro cerebro disfrute sin nada de riesgo, lo que provoca que nuestro niveles de dopamina, serotonina y endorfinas, se disparen y nos hagan sentir muy bien.

Nos introducen en los sentimientos más profundos de otras personas

Alguien que mira un crimen desde fuera puede suponer que el asesino es simplemente un salvaje, un desecho de la sociedad, un inadaptado que se venga de los demás mediante los crímenes más horribles.

La novela negra, sin embargo, nos enseña que en ocasiones, un asesino cruel no es tan diferente de nosotros y que ha seguido un camino con unas ciertas circunstancias o motivaciones que le han llevado a cometer las acciones más viles. Eso es una gran enseñanza para cualquiera y cambia de manera determinante nuestra perspectiva sobre la vida.

Nos enseña sobre el funcionamiento de la sociedad

A un nivel más pedagógico, leer novelas negras nos muestra cómo funcionan en la realidad los entresijos de la sociedad, la corrupción, el tráfico de favores, la mafia…

Y según un estudio de la Universidad de Washington, este tipo de novela puede potenciar nuestra empatía y reforzar nuestro sentido de la justicia.

A pesar de que en algunos de estos libros se advierta de que todo parecido con la realidad es pura coincidencia, lo cierto es que en muchas ocasiones, las tramas están directamente inspiradas en tramas reales que no podrían salir a la luz de otra manera.

Nos hacen más críticos y reflexivos

Leer cómo los personajes de una novela de misterio deducen y dan con explicaciones que hasta entonces parecían imposibles, nos inspira y nos enseña para hacerlo después en nuestra vida personal.

¿A quién no le ha pasado sentirse un poco detective después de leer una de las trepidantes e inteligentísimas novelas de Sherlock Holmes o del investigador privado Hércules Poirot?

De hecho, no es raro que entre los profesionales que integran las filas de la policía o de cualquier otra rama de la justicia, muchos reconozcan que entre la inspiraciones para arrancar su carrera hubo una historia de detectives o de crímenes que leyeron en su juventud.

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