Leche de vaca o bebidas vegetales: qué es mejor tomar

La cada vez más popular tendencia de tomar leches de origen vegetal no siempre resulta tan saludable

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no siempre es saludable Las bebidas vegetales no contienen los mismos nutrientes que la leche de vaca. (Foto: Getty Images)

El ´boom´ de las bebidas vegetales para sustituir la leche de vaca ha generado cambios en los hábitos de alimentación de mayores y pequeños, y esto (dicen los expertos) no siempre es bueno ya que se dan por buenas medias verdades o hipótesis sin rigor que pueden crear confusión y perjudicar nuestra salud.

En este sentido, los pediatras señalan la importancia de mantener un consumo adecuado de leche y productos lácteos durante los primeros años de vida, ya que este alimento supone un aporte fundamental de nutrientes imprescindibles para el buen desarrollo de los niños.

Que los padres se preocupen cada vez por la alimentación de sus hijos esta bien, pero no se deben tomar decisiones de acuerdo a fuentes de información que no se basan en el conocimiento científico ya que los más pequeños necesitan otro tipo de nutrientes distintos al de los adultos.

“Cuando se hacen dietas restrictivas sin justificación, excluyendo alimentos importantes durante la infancia se pone a los niños en riesgo, al tiempo que se le priva de disfrutar de los aspectos gastronómicos de la dieta, que la hacen apetecible y, al mismo tiempo, saludable”, añade el experto.

En este sentido, los expertos en pediatría y nutrición recomiendan tomar entre 2 y 3 raciones diarias de leche y lácteos, como yogur o queso, a partir de los 12 meses de edad.

Y es que según nos cuentan los expertos, la leche constituye un alimento básico desde un punto de vida nutricional, que aporta proteínas de alto valor biológico y facilita alcanzar las ingestas de ciertas vitaminas (A y B, y si está enriquecida, D) y minerales, además de ser la principal fuente dietética de calcio.

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Las leches vegetales son otra opción para la preparación de batidos, cremas y otras recetas pero no sustitutivos de por vida. (Foto: Getty Images)

De hecho, numerosos estudios demuestran que el consumo de leche y lácteos está relacionado con el desarrollo óseo durante la etapa infantil.

Por el contrario, las bebidas de origen vegetal como la soja, el arroz o las almendras “no pueden compararse con la leche de vaca ni en su contenido proteico ni en el de minerales y vitaminas, por lo que no deben sustituir a las bebidas lácteas como principal fuente de calcio y fósforo entre otros nutrientes”, explica José Manuel Moreno de la Asociación Española de Pediatría.

Como pauta general, salvo indicaciones específicas del pediatra, para el consumo en la infancia se recomienda la leche entera. Así lo apunta Antonio Jurado, presidente de la AEP, quien recuerda que no se consideran productos lácteos a “aquellas bebidas de origen vegetal como la soja, el arroz o las almendras”.

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Además, la leche es una de las principales fuentes de vitamina D, un nutriente también fundamental en la etapa infantil.

La dieta también cumple un papel fundamental en la ingesta de vitamina D, siendo el pescado (junto con la leche) las principales fuentes de obtención de este nutriente.

Un estudio publicado en Anales de Pediatría, con una muestra de más de 1.000 niños de varias ciudades españolas pone de manifiesto que alrededor del 70 por ciento esta consumiendo menos de la mitad de vitamina D de la necesaria.

Por ello, además de insistir en la importancia de una dieta equilibrada y la práctica de ejercicio físico para evitar la obesidad y el sobrepeso, que afecta al 40 por ciento de los niños españoles, los pediatras quieren implicar a los niños en su propia alimentación enseñándoles de dónde vienen los alimentos, explicándoles cómo hacer una compra saludable o haciéndoles partícipes en la elaboración de la comida.

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Para eso han elaborado el decálogo “Importancia de la leche en la etapa infantil”, junto con la FEN y FINUT. Léelo con atención (aunque no tengas hijos), la mayoría de las pautas también valen para los adultos.

  1. Una alimentación completa y equilibrada mantiene la salud y previene enfermedades. Se consigue con una dieta variada que incluya todos los grupos de alimentos. Si los niños empiezan desde el principio a comer de todo, se acostumbran para siempre.

  2. La dieta mediterránea es muy sana. Consiste en comer muchos vegetales (frutas, verduras, hortalizas, legumbres), cereales (pan, pasta, arroz) y más aves y pescado que carne roja. Cocinar con aceite de oliva y poca sal, mejor yodada.

  3. Es bueno repartir lo que se come en 5 comidas. Desayuno, comida y una cena ligera. Además, a media mañana y merienda, es mejor una fruta fresca o un bocadillo que un zumo envasado o bollería industrial. No hace falta “picar” nada más.

  4. Los niños aprenden a comer imitando a los mayores. Mejor comer despacio, masticando bien, sentados en la mesa, disfrutando en familia. Sin tele, porque el niño mal comedor se distrae y no come; y el que come mucho, lo hace sin darse cuenta de la cantidad que toma.

  5. Siempre un buen desayuno antes de ir a clase: lácteo, cereales (pan) y fruta (una pieza entera o zumo natural o ¡tomate!). Mejora el rendimiento físico e intelectual y evita la obesidad.

  6. Todos los días frutas, verduras y hortalizas. Se recomiendan 5 raciones al día. Dos o tres deben ser frutas enteras y a mordiscos. Es mejor postre que un lácteo. No más de un vaso de zumo natural, recién hecho, al día.

  7. El agua es la única bebida necesaria y más sana que cualquier refresco, zumo o batido.

  8. Evita la comida precocinada (con más grasas y sal) y los alimentos con grasas saturadas, trans o hidrogenadas y aceites de coco y palma (lee las etiquetas). Dulces y aperitivos salados con moderación. Cocina más veces a la plancha, en el horno, por cocción o al vapor y menos fritos, empanados y rebozados.

  9. Deja que tu hijo decida cuánto quiere comer. Dale confianza: mejor ofrecer, no obligar. Los niños comen la cantidad que necesita su cuerpo, no la que nosotros queremos. La comida no es un castigo; ni tampoco debería ser un premio.

  10. Consigue que hagan una hora de ejercicio todos los días: correr en el patio, pasear, subir las escaleras, sacar al perro o ir andando o en bici al colegio. Además, intenta que hagan un poco más de deporte; recuerda que siempre es más divertido en compañía.

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